Jonathan Andic (45 años) cruzó el umbral de acceso a los juzgados de Martorell el 19 de mayo cabizbajo, esposado y escoltado por cinco policías. En el patio interior de los bloques de pisos que cobijan la sede del tribunal, las lamas de plástico de las ventanas y la persiana metálica de los bajos blindaban la escena frente al enjambre de periodistas que intentaban captar lo que ocurría dentro. Andic salió libre pero con una fianza de un millón de euros para evitar la cárcel, como sospechoso del homicidio de su padre: el fundador de Mango, Isak Andic. Ahora comienza el turno de la defensa, decidida a desmontar una investigación construida por indicios, contradicciones y periciales técnicas, sin una prueba directa de lo que ocurrió. Arranca así el segundo round del caso Andic, que se libra tanto en los juzgados como fuera de ellos. El último episodio de la batalla por el relato alrededor de la muerte de Isak Andic se vivió el lunes, cuando se hicieron públicos los audios de las llamadas del hijo del empresario al 112. Pedía ayuda, desesperado: “Mi padre se ha caído por un barranco”. El contenido de las conversaciones consta en la causa, y no cambia el devenir de la investigación. Pero sí apuntala una de las dos tesis en la contienda: Jonathan Andic es un hijo que ha visto morir a su padre, y que está siendo revictimizado, acusado de homicidio o, alternativamente, como dice la juez Raquel Nieto en uno de sus autos, de asesinato. “Sería un gran actor”, repitió el detective Paco Marco, convertido en la voz pública de la defensa, sobre la compatibilidad entre la angustia con la que solicita auxilio y el supuesto de que acabase de matar a su padre. Las llamadas se difundieron a través de los medios de comunicación tres días después de que se publicase el contenido de algunos mensajes entre padre e hijo que la fiscal Teresa Yoldi alega para desmontar que entre ambos existía buena sintonía. El móvil del crimen, para los investigadores, es una mala relación paterno-filial, debido a disputas económicas. “No me extraña que pensaras que era capaz de matarte”, escribió Jonathan Andic a su padre. La defensa salió al paso con un comunicado, en el que atribuía ese tipo de mensajes a un contexto más amplio de una “terapia psicoanalítica fuertemente directiva” que mantenía la familia con la psicoterapeuta Julia L., y que buscaba la “confrontación de acción y reacción para encontrar el crecimiento”.El papel de la mujer, junto a una segunda psicóloga, es otro de los últimos giros del proceso, que dura ya año y medio. La jueza, en uno de sus autos, abrió la puerta a estudiar su “posible influencia” en la muerte de Isak Andic. Según los escritos judiciales, la “obsesión por el dinero” de Jonathan Andic perjudicaba la relación con su padre. En ese contexto, la terapeuta intercedió para que el progenitor cediese una “herencia en vida” a su hijo, y así atajar las disputas. Fuentes del caso subrayan el carácter poco convencional de la terapia dirigida por J. L. y las dudas que despertó entre los investigadores el alcance de su intervención en los asuntos familiares y patrimoniales de los Andic, y de otras familias. Hasta el momento, la mujer ha declarado como testigo ante los Mossos. La defensa también ha remarcado en sus escritos que Jonathan Andic “renunció” a esa herencia en vida. Mientras se celebra el debate público sobre la inocencia o culpabilidad de Jonathan Andic, los mossos siguen trabajando. La fiscal Teresa Yoldi ha solicitado a la juez que un pequeño grupo experto en investigaciones complejas —la Unidad Central de Personas Desaparecidas— se incorpore también al equipo instructor. Entre sus méritos cuentan condenas contra sospechosos en causas sin prueba directa e incluso sin cadáver. La defensa, sin embargo, interpreta la petición como una respuesta a sus críticas a uno de los mossos responsable del caso, a quien han acusado de inventarse pruebas y llevar a cabo una “caza al hombre”. A su juicio, el requerimiento de la fiscal busca “evaluar” la investigación realizada hasta ahora por los Mossos, según sostuvo el detective Marco en una entrevista en Catalunya Ràdio. Paralelamente, siguen pendientes la declaración de testigos, que deben ser citados en sede judicial. Entre ellos, dos excursionistas que auxiliaron a Jonathan Andic media hora después de la caída de su padre. La policía los buscó pero no logró encontrarlos. Otro elemento de reproche para la defensa, que dio con ellos antes que los Mossos y les acusó de no buscarlos con suficiente ahínco porque ofrecían un relato exculpatorio del hijo. Asimismo, queda pendiente el resultado de algunas peticiones judiciales, como el del tráfico de llamadas del teléfono de Jonathan Andic durante su viaje relámpago a Quito (Ecuador), donde asegura que le robaron el terminal que llevaba el día de la caída de su padre, el 14 de diciembre de 2024. Los Mossos detectaron un comportamiento inusual del móvil del Jonathan Andic: la aplicación Health de su Iphone se apagó la noche antes de viajar a Ecuador, algo que nunca antes había ocurrido. Mientras los policías pedían ese tráfico de llamadas, la defensa ya exhibía en la radio un listado telefónico del móvil del hijo del fundador de Mango desde el país andino. Desde la muerte de Isak Andic, Jonathan vive protegido por su círculo más íntimo. Ha sido padre, y tiene el apoyo de los suyos, que han cerrado filas y han declarado a su favor, negando cualquier disputa de gravedad con su padre. Así lo han mantenido sus hermanas (Sarah y Judith), su tío (Nehman), o Toni Ruiz, el consejero delegado de Mango. Algo que la defensa ha remarcado en diversas ocasiones. La única persona de ese entorno que refirió desavenencias entre ambos fue la pareja de Isak Andic en el momento de su muerte, Estefanía Knuth, que mencionó el episodio de 2015, cuando el padre intentó dejar Mango en manos del hijo, pero no funcionó y se vio obligado a regresar a puerto. El equipo que forman la juez, la fiscal y un grupo de mossos sostiene que existen indicios suficientes de un posible homicidio. Se basa en las contradicciones de Jonathan Andic sobre el momento de la caída (¿vio o no vio precipitarse a su padre?); en las tres visitas previas a la ruta siete días antes del 14 de diciembre de 2024, que leen como una posible planificación del crimen; su lenta reacción (tarda cuatro minutos y medio en realizar la primera llamada a Estefanía Knuth y luego al 112), en que no telefonease al móvil de su padre; en una autopsia carente de heridas en las palmas de las manos de Isak Andic; y en la pérdida “en extrañas circunstancias” del teléfono en Quito. Unos indicios reforzados con un móvil económico, de un padre que planeaba crear una fundación social, y un abundante rastro digital que sustenta la supuesta mala relación entre ambos. Para la defensa, se trata de un “sesgo de confirmación”, donde todas las pruebas se dirigen a demostrar que Jonathan Andic es culpable, y que busca una “condena social como pena anticipada”, con una detención “de todo punto innecesaria”. Alegan que si Jonathan Andic no vio a su padre caer es porque caminaba por delante, dándole la espalda. Admiten que hubo dos visitas previas —no tres— al camino que lleva a Montserrat que el primogénito ya contó en sede policial, aunque las ubicó antes en el tiempo. Y que el teléfono se lo robaron, y que solo entonces se lo cambió pese a tener un nuevo dispositivo disponible desde antes (lo cambia bianualmente). Sobre el móvil económico, insisten en que los hijos “comparten y apoyan” la decisión de su padre de crear una fundación. Y de la calidad de la relación de padre e hijo, en el momento de la caída, insisten en que “era mejor que nunca”.
El segundo ‘round’ del ‘caso Andic’
Un año y medio después, el fallecimiento del fundador de Mango sigue bajo investigación, con la defensa de su hijo Jonathan peleando por el relato y una posible implicación de terceras personas
Jonathan Andic (imputado muerte padre Isak Andic, fundador Mango) con fianza 1M€; defensa impugna investigación sin prueba directa. Expone fragilidades governance familiar en empresas controladas personalmente; conflicto sucesorio crítico para CTOs y líderes en M&A familiares.







