Hubo un tiempo en el que Belinda Washington (Altrincham, Inglaterra, 62 años) aparecía prácticamente todos los días en televisión. En la España de los noventa, su rostro formaba parte del paisaje cotidiano entre galas, anuncios y programas del corazón con audiencias hoy inimaginables. Pero, lejos de quedarse atrapada en aquella nostalgia televisiva, Washington se empeñó en seguir vigente en la memoria colectiva desde un lugar más sereno. Hoy continúa encadenando proyectos, mirando con distancia una industria obsesionada con producir constantemente: “Parece que solo valemos si rendimos y yo creo que hay una vida posible desde el otro lado”. Pregunta. En los noventa aparecía en televisión hasta seis días a la semana. ¿Llegó a quemarse?Respuesta. En algún momento sí, era mucha exposición. Hacía el ¡Qué me dices!, cinco horas de directo los domingos, entrevistas, anuncios… Yo decía en broma: “Solo falta mi cara en los rollos de papel higiénico”. Pero fue un tiempo maravilloso. Y algo quedó de eso, porque sigo trabajando y la gente me sigue queriendo.P. A Belén Rueda le dijeron que no tenía “suficientes tetas” para triunfar en televisión. ¿Recuerda algún comentario similar?R. Yo empecé como presentadora, aunque quería ser actriz, y eso te encasillaba. No me tomaban en serio. Y sí, he escuchado comentarios en castings: “Eres vieja”, “tienes mucho pecho” o “das más rellena en pantalla...”. También había sospechas constantes. En mi primera serie algunos daban por hecho que había conseguido el papel por ser la pareja de alguien.P. ¿Cómo era salir a la calle siendo un rostro tan reconocible?R. Siempre que alguien me pedía un autógrafo, yo le pedía otro a él. Decía: “Somos iguales”. A veces era agobiante, no podías caminar tranquila, había paparazzi. Pero siempre he apreciado el cariño de la gente. Incluso cuando alguien te mira intentando reconocerte pienso: “Qué regalo”.P. En una industria tan edadista como la del entretenimiento, ¿cómo se reinventa una actriz?R. El secreto no está en esperar una llamada, sino en seguir buscándote y creando. No puedes quedarte mirando el móvil a ver si llega un casting. Escríbete una obra, haz un corto, inventa cosas. Aunque acaben en el cubo de la basura, muévete. Esa energía creativa es muy potente. Luego hay suerte, oportunidades, gente que cree en ti… Pero quedarse quieta esperando no es el camino.P. El teatro parece haberse convertido en un refugio para muchas actrices a medida que cumplen años. ¿Percibe un cambio en la industria?R. Vivimos en un mundo cada vez más ‘acidohialuronizado’. Está bien que existan mujeres diferentes y contar sus historias. Si no, seguiremos alimentando una idea de perfección inalcanzable. Ninguna crema nos va a llevar a ese imposible. Hay que aceptar la edad porque lo que no cante tu cara lo van a cantar tus manos o tu cuello. Si no, acabas siendo una caricatura.P. Entrevistó a Madonna en 1998. ¿Qué recuerda de aquel encuentro y del vestido que la propia cantante alabó en directo?R. Era un Versace precioso y supongo que lo elegí por intuición o por mi estado de ánimo. Hubo mucha conexión con Madonna. Estuve en su roulotte antes de la entrevista y fue encantadora. Su staff lo analizaba todo: mi vestido, mi altura… Y no me dejaron llevar tacones porque ella no es muy alta. Yo encantada de sufrir menos con mis sandalias.P. También fue una de las primeras en recibir en un plató español a las Spice Girls…R. Sí. Yo estaba embarazada de ocho meses y parecía un obús. Recuerdo que tenía hambre todo el rato y vomitaba todos los días, pero seguía trabajando. Las Spice Girls empezaban a hacerse famosas aquí con el Wannabe y como no tenían camerino para ellas las metieron en un baño del recinto en el que celebrábamos los premios. Eran muy majas, muy frescas, muy jóvenes.P. Sus hijas están dando sus primeros pasos en la industria. ¿Le preocupa que las consideren nepo babies?R. Todos los padres queremos ayudar a nuestros hijos, pero no les he regalado nada. Puedo orientarles con un casting o un curso, pero jamás he llamado a nadie para que fiche a mi hija. Y siempre les he insistido en que son iguales que los demás, lo importante son los valores.P. ¿Es cierto que tuvo una cuna en Telecinco para su hija recién nacida?R. Es verdad. Telecinco fue muy generosa y me permitió tener allí a mi hija Andrea. Mi madre la cuidaba y venía conmigo al camerino. Cada tres horas me avisaban los cámaras: “Belinda, corre al camerino, que toca darle el pecho”. No había móviles, no llevaba reloj… Fue una ayuda enorme y la aproveché muchísimo.P. En 1997 dijo en El País: “No quiero estancarme ni acomodarme pensando que ya soy alguien”. R. Sigo sin ser nadie. Soy una aprendiz de todo, una curranta. Cuando uno se cree grande, pierde su toma de tierra. Y yo tengo la suerte de trabajar en algo que me apasiona. Soy una privilegiada, una bendecida. Pero no eres nadie en el sentido absoluto: te mueres y el mundo sigue. A veces perdemos la dimensión real de las cosas.P. ¿Quién sería para usted el equivalente actual a Jesús Hermida?P. Es difícil. No creo que haya uno como él. Me gusta mucho Aimar Bretos, tiene una ternura periodística muy especial. Pero Hermida era otra energía. Para mí fue un regalo trabajar con él. Empecé poniendo agua a los invitados, muerta de miedo, y fui creciendo poco a poco. Solo puedo darle las gracias a él y a su mujer, Begoña.P. Los Javis han debutado, y triunfado, este año en Cannes. ¿Se imaginaba que tendrían esa proyección internacional cuando la ficharon para Paquita Salas?R. Es la punta del iceberg de su talento. Son muy inteligentes, muy cultivados, están siempre aprendiendo. Cuando yo estaba rodando una serie, Javier Ambrossi, que entonces trabajaba como camarero, se me acercó y me dijo que quería trabajar conmigo. Yo pensé: “Qué fan más intenso y gracioso”, pero confié. Los primeros capítulos no los cobré, y encantada, porque me encontré con gente maravillosa. Hay que apostar por la gente joven cuando intuyes que hay algo especial.P. Dani y Andrea, sus hijas, también trabajan en el mundo creativo como influencers. ¿Cómo vive ese fenómeno?R. Es una palabra fea porque parece que significa vivir del cuento, y no es así. Las veo levantarse a las cinco o seis de la mañana porque tienen campañas, entregas, clientes… No paran. Y además no es lo único que hacen. Andrea está estudiando psicología, su segunda carrera, y Dani ya trabaja como actriz. El corto que he escrito y que voy a dirigir lo haré con ella.P. ¿Le preocupa la hiperexposición en redes sociales, especialmente teniendo hijas jóvenes?R. No cuelgo nada personal que pueda arrepentirme después. Y no tolero los insultos. Cuando alguien me escribe “¡Qué vieja estás!”, pienso: “Si te parece con 62 años no voy a estar como una niña de 20”. A esas personas les digo: “Ojalá la energía que das se te multiplique”, y las bloqueo. Hay que protegerse. No tengo muchos haters, pero los pocos que tengo desaparecen de un plumazo.
Belinda Washington: “Telecinco me puso una cuna en el camerino y me avisaban para que pudiera darle el pecho a mi hija”
Belinda Washington fue uno de los rostros más reconocibles de la televisión de los noventa. Hoy, lejos de vivir de aquella nostalgia, sigue buscando proyectos mientras reflexiona sobre la edad, la exposición y el éxito












