"Cuando subas al escenario todos te tienen que querer follar". Esta frase, según ha relatado Lydia Rodríguez, se la dijo una persona del equipo de representación de Presuntos Implicados un día antes de actuar. La cantante la ha recordado esta semana, cuando ha anunciado su salida de la banda tras 17 años como vocalista. Rodríguez se ha marchado no sin antes dar explicaciones sobre los motivos que la habrían llevado a tomar tal decisión. La artista ha denunciado en sus redes sociales el "control extremo" que asegura haber sufrido sobre su físico y su trabajo: "Me hicieron sentir mal de forma sistemática con mi peso, mi ropa, mi maquillaje y mi pelo". También ha hablado de la constante sensación de exclusión: "En el grupo no tenía voz ni voto".PublicidadLas reacciones no tardaron en llegar. Entre ellas, una especialmente significativa: la de Sole Giménez, fundadora y voz histórica de Presuntos Implicados hasta 2006, quien expresó que las palabras de Rodríguez despertaban en ella "recuerdos traumáticos". Giménez no quiso profundizar más y en realidad tampoco hizo falta. Bastó esa breve referencia para que la conversación dejara de girar en torno a las especulaciones sobre las rupturas de ambas cantantes con el grupo y comenzaran a pensarse qué circunstancias habrían ocurrido para que dos mujeres distintas, separadas por dos etapas muy diferentes de la banda, terminan describiendo experiencias que parecían apuntar en una dirección tan parecida. La cuestión es que los relatos de Rodríguez y Giménez no surgen en el vacío. Son muchas las artistas que han hablado públicamente de situaciones que, sin ser idénticas, comparten elementos que les resultan dañinos, como la falta de reconocimiento profesional o la hipersexualización. De sobra conocidos son los comentarios sobre su físico que han tenido que soportar algunas cantantes como Amaia Montero, los cuestionamientos constantes que han recibido otras como Britney Spears o la pérdida de control sobre sus propios proyectos que han sufrido artistas como Taylor Swift. La industria musical está llena juguetes rotos o, más bien, de cadáveres de muñecas a las que han terminado por quebrar. Los testimonios de otras compañerasLydia Rodríguez, por tanto, no está sola. El pasado marzo, durante el encuentro Breaking the Noise, organizado con motivo del Día Internacional de las Mujeres, Leire Martínez lamentaba la "sensación de quedarte fuera si no enseñas una teta". "Pues yo tengo unas tetas estupendas pero me apetece enseñarlas solo si quiero y soy consciente de que tampoco tengo ya 27 años y mi cuerpo ha cambiado, lo que la gente ve de mí ha cambiado y en ciertos aspectos te ves fuera de ciertos circuitos", planteaba. "Nosotras tenemos que saber muchísimo y demostrar que tenemos un criterio, una carrera y una experiencia", afirmaba también entonces la cantante Ainhoa Buitrago. Alice Wonder admitía que se había llegado a sentir "culpable" por defender sus gustos o decisiones que han sido tachados de "raros". "Tiene que ver con ser mujer. A otro ni le toserían; yo tengo que repetirlo diez veces", lamentaba, al tiempo que reconocía que "la relación tóxica" que no ha tenido en sus romances la ha tenido en el trabajo. PublicidadZahara recordaba en ese mismo encuentro que todos sus referentes eran masculinos porque le parecían más valiosos: "Imaginaos el machismo que me atravesaba, quieres jugar en el patio grande, no en la esquina, me daba rabia que me encasillaran en las chicas indie". Y así, recuperando experiencias de este tipo, podría haber estado horas y horas.Las mujeres llenan estadios, encabezan festivales y acumulan algunos de los proyectos artísticos más relevantes del panorama internacional. Véanse las rosalías, las shakiras o las sabrinas de turno. La presencia femenina es mucho más visible que hace 30 o 40 años, y, sin embargo, eso no se traduce automáticamente en poder ni mucho menos en la eliminación de los malos, vejatorios, sexistas y discriminatorios tratos.Aitana hablaba recientemente, durante la Semana de la Música Latina de Billboard, sobre las asimetrías que observa en su día a día. La cantante lamentaba que las mujeres sigan enfrentándose a una fiscalización y escrutinio mucho más elevados que sus compañeros hombres: "Cuando voy a ver a un hombre actuar, no se le exige tanto como a una mujer encima del escenario", afirmaba. Mientras que la argentina Yami Safdie hacía hincapié en la presión permanente que sienten las mujeres músicas por mantenerse "perfectas todo el tiempo": "Joven por siempre, flaca". PublicidadEn ese mismo espacio, la colombiana Ela Taubert denunciaba la tendencia a presentar a las artistas como rivales unas de otras. Alimentando el mantra de la imposible amistad femenina, la inalcanzable relación sana entre mujeres. Una falsa rivalidad, quizá, "hecha para hacerlas débiles", como criticaba Silvana Estrada, que también reprochaba la "falta de visibilidad" y el expolio del talento de las mujeres: "Hay como una preconcepción de que todo el mundo asume que todas estas cosas (la producción, ejecución y composición) las hizo un hombre. Es como: Bueno, ¿realmente quién produjo el disco? ¡Yo! ¡Te estoy diciendo, cabrón!", expresaba. Tres de cada cinco mujeres de la industria musical han sufrido acoso sexualLos estudios llevan tiempo reflejando esa realidad. El informe Be The Change: Gender Equity in Music, publicado en 2024 y basado en una encuesta global, detectó una notable diferencia entre la percepción que tienen hombres y mujeres sobre la existencia de discriminación en el sector. Mientras el 49% de las mujeres considera que la industria musical es generalmente discriminatoria en términos de género, solo un 16% de los hombres comparte esa opinión. La misma investigación recogía que tres de cada cinco mujeres que trabajan en la industria musical afirmaban haber sufrido acoso sexual y una de cada cinco agresiones sexuales. Más del 70% nunca había llegado a denunciar, mayoritariamente por el miedo a las represalias y la sensación de que hacerlo no serviría para nada. En Reino Unido, el Comité de Mujeres e Igualdad del Parlamento volvió a alertar el año pasado de la existencia de una auténtica "cultura de misoginia" dentro de la industria musical. El informe Misogyny in Music: On Repeat advertía de que las situaciones de acoso, discriminación y abuso seguían siendo frecuentes y reclamaba medidas más contundentes para proteger a las trabajadoras del sector. Entre ellas, la prohibición de los acuerdos de confidencialidad utilizados de facto en muchas situaciones para silenciar posibles denuncias, según recogió The Guardian. El comité recordaba que ya en 2024 había alertado de que la industria musical era un entorno atravesado por una misoginia "endémica" y por dinámicas propias de un auténtico "club de hombres", donde el acoso sexual y los abusos continuaban siendo habituales y donde la infradenuncia seguía siendo la norma. En concreto, "los datos del Sindicato de Músicos mostraron que, a pesar de que el 51% de las mujeres del sector sufrían discriminación de género y el 47% de las mujeres racializadas sufrían racismo, solo el 11% y el 8%, respectivamente, denunciaron sus casos". Lo que ocurriera exactamente dentro de Presuntos Implicados probablemente solo lo sepan quienes estuvieron allí. Pero si algo permite observar el testimonio de Lydia Rodríguez, leído junto a las experiencias que otras artistas han compartido públicamente, es que la conversación sobre las condiciones de las mujeres en la música lleva abierta mucho tiempo. Bastante más, de hecho, del que una parte de la industria parece dispuesta a admitir.
Sole no estaba sola: el caso de Presuntos Implicados retrata el machismo enquistado en la industria musical
Después de 17 años como vocalista del grupo Presuntos Implicados, tras la salida de Sole Giménez, Lydia Rodríguez ha anunciado en sus redes sociales que abandona la banda....
















