Corría el minuto 30 del partido cuando Franck Kessié ponía el balón dentro de la portería de Manuel Neuer para adelantar a la selección de Costa de Marfil ante Alemania en la segunda jornada del Grupo E dentro de la Copa del Mundo 2026, en donde se le veía al mediocampista realizar un festejo peculiar frente a la grada del Estadio Toronto en Canadá.Kessié se llevó la mano a la frente y realizó un saludo militar hacia el público, lo que hizo que muchos recordaran ese particular festejo que el marfileño realizaba cuando jugaba para el AC Milan o el Barcelona, pero, ¿qué significa esta celebración?TE PUEDE INTERESAR: Julián Quiñones anotó el primer gol del Mundial 2026De acuerdo con el propio jugador, esta seña militar es en honor a su padre, el cual formaba parte del ejército de Costa de Marfil, y que participó en la Primera Guerra Civil de su país. A los 11 años, Franck perdió a esa figura paterna a causa de una enfermedad, por lo que ha decidido honrarlo de esa manera cada que anota un gol.“Lo veía en casa y cuando llegaba alguien de más edad que él, les hacía este saludo como señal de respeto a la otra persona y por eso se me quedó esta imagen en la cabeza", señaló el propio jugador a través de una entrevista realizada para el medio Mundo Deportivo.Los altos cargos siempre han estado ligados a Kessié, pues además de contar con un padre militar, sus compañeros le dieron el apodo de “El Presidente” en forma de broma por ser considerado el jefe del vestuario, y así lo refleja también en el campo, saltando al verde con el gafete de capitán para comandar a su selección en la justa mundialista.INICIOS COMPLICADOS EN LA CARRERA DE KESSIÉEl padre del marfileño siempre ha estado presente en su recuerdo, pues también era futbolista profesional, aunque nunca llegó a los niveles de Franck, quien inició su carrera en el pequeño pueblo de Ouragahio, de donde han nacido otras figuras importantes de su selección como Wilfried Singo o Serge Aurier.Antes de llegar a Europa, Kessié formaba parte del equipo juvenil del Stella Club d'Adjamé, por lo que tenía que viajar tres horas en autobús para poder llegar al lugar de entrenamiento en la capital Abiyán. Ahí, el mediocampista desplegaba su futbol en un campo lleno de tierra y hierbas, pero que al final lo llevaría a formar parte de clubes importantes en Europa y a representar a su nación en un torneo mundialista.Ahora, formando parte del combinado marfileño que se presenta en la Copa del Mundo 2026 con amplias posibilidades de avanzar por primera vez de fase de grupos, espera continuar haciendo que su padre se sienta orgulloso aunque ya no esté con él. “Lo perdí muy pronto, cuando era un niño y sé que cuando lo hago, él se siente orgulloso y me mira desde alguna parte”, comentó en otra entrevista con el diario Sport.