Seredu, una empresa familiar del sudeste bonaerense decidió expandir su negocio e incursionar en el sector agropecuario con un proyecto desafiante: durante más de dos décadas un modelo productivo basado en la integración agrícola-ganadera, con la particularidad de producir novillos pesados para exportación.Con establecimientos ubicados en los partidos de Balcarce, Mar Chiquita y Ayacucho, la firma administra unas 2.050 hectáreas bajo un esquema mixto que combina agricultura con ganadería (cría, recría y terminación de bovinos). El planteo se apoya en una rotación de diez años entre cultivos agrícolas y pasturas de alta producción, permitiendo sostener la fertilidad de los suelos y generar la base forrajera necesaria para un rodeo de 1.200 vientres.El resultado es una producción anual de 1.200 novillos destinados a la Cuota Hilton con más de 500 kilos, destinados a los mercados de exportación más exigentes, como es el de la Unión Europea. Detrás está Agustín Galleano, ingeniero agrónomo, egresado de la Facultad de Ciencias Agrarias de Balcarce, quien desde hace ocho años lidera la gestión agropecuaria de la empresa familiar.“La empresa tiene dos unidades de negocios. Por un lado, la agropecuaria y, por otro, el negocio original de la familia, que es la comercialización de metales. Somos distribuidores oficiales de Aluar desde hace casi 50 años y hace aproximadamente 25 años comenzamos a invertir en tierras”, explicó.Según explicó, la llegada al negocio agropecuario fue por varios factores. En primer lugar, existía una motivación económica vinculada a la diversificación de inversiones, pero también una fuerte conexión emocional con la actividad rural. “Mi familia viene de inmigrantes italianos que arrancaron desde abajo y construyeron todo a base de trabajo. Siempre hubo una vinculación cultural y emocional con el campo. Cuando apareció la oportunidad de invertir en tierras se combinaron las dos cosas: una decisión estratégica y un sentimiento familiar”, recordó.Hoy los propietarios continúan siendo Sergio (papá de Agustín) y su tío Eduardo, dos hermanos que mantienen su actividad principal en el negocio metalúrgico. Agustín actualmente es quien lleva adelante la gestión diaria del negocio agropecuario luego de hacer su propia experiencia en otras empresas, marcando el ingreso de la nueva generación. Para esto, la participación en CREA Mar Chiquita tuvo un papel determinante ya que los ayudó a profesionalizar los procesos.Según explicó, el intercambio con otros empresarios agropecuarios, el acceso a información comparativa y el análisis permanente de indicadores permitieron dar un salto en materia de gestión. “Siempre pensamos en diversificar, agregar valor y seguir creciendo. La idea es producir más, pero hacerlo de una manera que pueda sostenerse en el tiempo”, resumió Galleano.Novillos para la Cuota Hilton: el circuitoLa ganadería es el principal motor económico de la empresa. Sobre una base de 1.200 vientres y un sistema de ciclo completo, la firma produce anualmente entre 1.000 y 1.200 novillos destinados a exportación.El rodeo está conformado en un 90% por genética Aberdeen Angus, mientras que el resto corresponde a distintos cruzas, los denominados "caretas". A lo largo de los años la selección genética fue consolidando una hacienda adaptada al sistema productivo y orientada a los requerimientos de los mercados internacionales. “Hace más de veinte años que trabajamos con inseminación artificial. El primer y segundo servicio son inseminados y el tercero es a servicio natural”, detalló Galleano.La empresa recría la totalidad de los terneros producidos y también incorpora animales comprados a terceros para aumentar la escala de producción. “Entre el 60 y 70% de nuestra facturación proviene del novillo Hilton, según año y precios. Son animales de entre 520 y 530 kilos que comercializamos directamente con frigoríficos exportadores”, señaló.La apuesta por la Cuota Hilton cobra especial relevancia por el peso que tiene este negocio. Para el ciclo 2025/26, Argentina logró ingresos por más de US$ 410 millones impulsados por la fuerte recuperación de los valores internacionales de los cortes de alta calidad, superando los US$ 14.000 la tonelada.La apuesta por los animales pesados no fue casual. La familia decidió hace años orientarse hacia un segmento de mayor valor agregado. “Elegimos este nicho porque creemos que permite descomoditizar la producción. Mientras el promedio nacional sigue siendo un animal mucho más liviano, nosotros estamos agregando entre 100 y 150 kilos más por cabeza”, explicó.La producción de esos novillos exige una visión diferente a la de otros sistemas ganaderos. “Desde que nace un ternero hasta que llega a los 520 kilos pasan aproximadamente 18 meses. Pero si consideramos la gestación de la madre, estamos hablando de un ciclo de más de tres años. La ganadería obliga a pensar siempre en el mediano y largo plazo”, afirmó.La alimentación es uno de los pilares del esquema productivo. El 85% de los kilos producidos se generan a pasto. Lo que crían se desarrolla principalmente sobre pasturas naturales o permanentes. Después hacen la recría sobre pasturas de alta producción, principalmente alfalfa, complementadas con silajes y granos. Y la etapa final se realiza una terminación de los últimos kilos con una dieta más energética que representa el último 15% de los kilos. “Los terneros se destetan con unos 200 kilos, ingresan al corral cerca de los 400 kilos y salen con más de 500.”, sintetizó.El productor sumó que en los últimos tres años la empresa también fortaleció su integración con la industria frigorífica comenzando a trabajar de manera directa con frigoríficos exportadores, buscando desarrollar relaciones comerciales de largo plazo. "Hoy nuestros compradores conocen el campo, han visitado los establecimientos y confían en nosotros como proveedores”, comentó.La experiencia dentro de CREA Mar Chiquita también impulsó nuevas iniciativas vinculadas a la calidad de carne. Actualmente la empresa participa de un ensayo junto al INTA, frigoríficos exportadores y productores del grupo CREA para evaluar estrategias que permitan incrementar el marmoreado de la carne.“Estamos desarrollando un trabajo con creep feeding en terneros al pie de la madre. Lo que buscamos es generar una mejor calidad de carne, con más marmoreado y mejores características para los mercados de exportación”, explicó.La iniciativa también apunta a capturar bonificaciones por calidad que algunos frigoríficos ya comenzaron a implementar. “El objetivo es sistematizar una metodología productiva que nos permita producir una carne mejor valorada por el consumidor y mejor remunerada por la industria”, agregó.El contexto actual del negocio acompaña ese proceso. “Venimos de un año y medio con precios históricamente buenos en dólares y con relaciones insumo-producto muy favorables. Después de muchos años complicados para la ganadería, es un escenario muy positivo”, señaló.Tecnología para potenciar el sistema agrícolaLa agricultura ocupa unas 500 hectáreas dentro del esquema productivo y cumple una función central en la sustentabilidad del modelo de Seredu. Desarrolla una rotación de 10 años donde los lotes alternan entre agricultura y pasturas. Durante cuatro o cinco años se realizan cultivos agrícolas y luego esos mismos ambientes permanecen entre 5 y 6 años bajo pasturas de alta producción destinadas a la ganadería.“Creemos que este sistema es sustentable desde lo ambiental, lo económico y lo patrimonial. Pensamos mucho en sostener los recursos y en conservar el valor de la empresa para las próximas generaciones”, explicó.Dentro de los cultivos de invierno predomina la cebada, utilizada tanto para cosecha como para producción de forraje. En verano la rotación incluye girasol, maíz y sorgo. Parte de esa producción se comercializa y otra parte se destina a la alimentación animal, generando una fuerte integración entre agricultura y ganadería.Uno de los cultivos estratégicos es el girasol ya que les funciona para diversificar ingresos. “Muchas veces lo comercializamos en momentos donde no tenemos ventas de hacienda y eso ayuda a equilibrar el flujo financiero”, explicó.La empresa produce tanto girasol convencional como materiales alto oleico.“El alto oleico tiene un plus de valor. Hay años donde la diferencia económica es mayor y otros donde es menor, pero sigue siendo una alternativa interesante”, señaló.Además del aspecto comercial, Galleano destacó la importancia agronómica del cultivo. “Es un excelente antecesor para futuras pasturas y también para los cultivos de fina. En el sudeste bonaerense se adapta muy bien y suele ofrecer rendimientos competitivos”, afirmó.La incorporación tecnológica es otro de los ejes de trabajo. En los últimos años la empresa comenzó a utilizar drones para distintas tareas productivas, principalmente para sembrar cultivos de servicio, realizar resiembras de pasturas, aplicaciones fitosanitarias y monitoreo de hacienda. También complementan la información satelital y los trabajos de ambientación.“La disponibilidad de servicios con drones creció muchísimo en los últimos años y hoy es una herramienta accesible que permite tomar mejores decisiones”, sostuvo.
Negocio premium: los secretos de una empresa familiar que produce más de 1.000 novillos pesados por año para exportar carne a la Unión Europea
Con 2.050 hectáreas entre Balcarce, Mar Chiquita y Ayacucho, Seredu incursionó en el negocio agropecuario hace 25 años.Desarrolló un sistema que integra la agricultura y la ganadería.
Seredu produce 1.200 novillos (520-530 kg) para Hilton mediante integración agrícola en 2.050 hectáreas, orientado a exportación UE. La holding (distribuidor Aluar 50 años) diversifica hacia premium commodities, ejemplificando agregación de valor donde descomoditización es clave.














