Escribo estas palabras en el preciso momento en que se conoce la noticia de que Martha Peralta, senadora del Pacto Histórico, es capturada por la Sala de Instrucción de la Corte Suprema de Justicia por su presunta participación en el desfalco de los recursos de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) destinados a La Guajira. Aunque Olmedo López, exdirector de la UNGRD, ha sostenido que la senadora Peralta tenía interés directo en la entrega de contratos de la UNGRD en La Guajira, Sneyder Pinilla, su corrupto socio en este desfalco, ha mantenido hasta hoy a la congresista lejos del escándalo y ha sostenido que solo mantuvieron una relación distante y propia de su investidura de senadora.Pero el pasado domingo, el medio santandereano Metropolitano Noticias, en asocio con el proyecto digital que hoy dirijo, llamado En La Diana, publicaron las pruebas hasta hoy inéditas en las que se confirmaría que Sneyder Pinilla y Martha Peralta trabajaron de forma coordinada para mover dineros de la UNGRD a fin de financiar campañas políticas, organizar manifestaciones en favor del Gobierno de Gustavo Petro y, por supuesto, enriquecerse. A través de distintos chats, documentos y audios, que, por alguna razón inexplicable, dormían en los archivos de la Fiscalía, se evidencia que Martha Peralta habría coordinado con Sneyder Pinilla el direccionamiento de contratos de maquinaria amarilla y ollas comunitarias, para que terminaran en manos de los elegidos por la “honorable” senadora. Además, que con estos dineros se habrían financiado campañas a las elecciones regionales de 2023.La senadora Peralta insiste en que todo es un “montaje en su contra” de sus enemigos políticos y alega que todo es para interferir las elecciones del próximo domingo, pues esta senadora ha sido ficha clave de la campaña de Iván Cepeda en La Guajira. A su vez, los seguidores del Gobierno Petro, que antes se escandalizaban con la corrupción, insisten en la inocencia de Peralta, sin siquiera conocer las pruebas en su contra.La captura de Martha Peralta encarna perfectamente lo que ha sido el “Gobierno del cambio”. El presidente Gustavo Petro y su bancada del Pacto Histórico se hicieron elegir bajo la promesa de que este sería un Gobierno distinto. Prometían ser un Gobierno que dejaría atrás las prácticas corruptas de sus antecesores, que premiaría la meritocracia y que en su conformación no habría lugar para personajes cuestionados. ¡Qué equivocados estaban todos! La presidencia de Gustavo Petro terminó siendo un catálogo de escándalos de corrupción, donde terminaron robándose los recursos de las personas más vulnerables del país. Lo que hicieron con La Guajira es la radiografía de cómo el discurso del “cambio” no fue más que la excusa para robarse los dineros públicos. Bajo la premisa de que llevarían agua y alimentos a la población wayú, construyeron un entramado de contrataciones corruptas y falsas emergencias para destinar los dineros públicos a campañas políticas, financiar manifestaciones a favor del Gobierno Petro y, por supuesto, enriquecerse. Mientras Peralta brindaba con champaña frente a la torre Eiffel, las comunidades guajiras se quedaron esperando el agua de los carrotanques, los jagüeyes que nunca se construyeron, las inversiones en infraestructura educativa y las vías que nunca existieron. Este Gobierno se eligió engañando a los más pobres.Y, aun así, los guajiros reeligieron a Peralta como su senadora. Pero no solo esto. A pesar de que este Gobierno aseguró que los altos cargos estaban destinados para los más formados, entregó el liderazgo a personajes corruptos como Juliana Guerrero, o cuestionados como Wilmer Mejía (el director de Inteligencia que distintos chats vinculan con alias Calarcá), o a expertos politiqueros como Armando Benedetti. Los cargos públicos se llenaron de personas sin calidades para ocuparlos, las embajadas se convirtieron en pagos de apoyos de campaña y el Estado se convirtió en el mayor empleador de influencers y personas sin formación, cuyo único mérito era aplaudir al presidente Petro. La presidencia de Gustavo Petro no solo no fue nada de lo que prometió, sino que agudizó aún más los grandes males de este país: la corrupción, la politiquería, el pago de favores a los congresistas con cargos en el Gobierno, el gasto público desbordado para pagar burocracia y la apropiación de los recursos de los más pobres para enriquecerse.Y ni hablar de otra de sus grandes promesas: la salud. Después de que este Gobierno prometió corregir los errores del sistema de salud, este afronta hoy la peor de las crisis. Las tutelas pasaron de 156.413 en 2022 a 312.500 en 2025. El Gobierno intervino 11 EPS, pero, lejos de mejorar la prestación de los servicios médicos, las quejas contra las EPS se incrementaron en un 35 por ciento y cada día se cierran más servicios en hospitales y clínicas. Y no hay medicamentos. En materia de seguridad, la ilusión de la llamada “paz total”, que buscaba que se adelantaran diálogos de paz con distintos grupos armados de forma simultánea, terminó siendo un vehículo para que se suspendieran las órdenes de captura de los peores criminales y pudieran seguir delinquiendo, ahora a sus anchas. Prueba de ello es el incremento en estos cuatro años de los grupos armados ilegales en todo el país. Según la Defensoría del Pueblo, desde 2022, el Clan del Golfo creció su presencia en el territorio nacional en un 55 por ciento, las disidencias de las Farc en un 30 por ciento y el ELN en un 23 por ciento. Y, aun así, con este fracaso de Gobierno, este domingo muchos quieren reelegirlo, especialmente los más jóvenes. No se han dado cuenta de que insistir en esto es llevar al país a un hueco del que difícilmente saldremos.
El cambio que no fue
Sea cual sea el resultado electoral, el llamado es al respeto y la protección de las instituciones. Y el primer llamado a hacerlo es al presidente Petro.







