Para Donald Trump, uno de los grandes logros del memorándum suscrito con Irán es la reapertura de Ormuz. “El estrecho se va a abrir. Ya está parcialmente abierto”, dijo el miércoles. “Se abrirá por completo en los próximos uno o dos días”, agregó.

Nada más lejos de la realidad.

La reapertura total de Ormuz está lejos de producirse. Si bien se ha registrado un repunte del tráfico marítimo desde que se anunció el acuerdo, los buques siguen pasando con cuentagotas y ciñéndose a la ruta controlada por las autoridades iraníes, que ayer recordaron que todos los barcos están obligados a tramitar una solicitud de tránsito.

Nada ha cambiado por ahora porque, pese a los pronósticos optimistas de Trump, la vía por la que antes de la guerra transitaba el 20% del petróleo mundial todavía es un lugar peligroso. Así lo creen algunas de las principales compañías navieras, como la danesa Maersk, que el jueves comunicó que de momento no reanudará el tránsito por el estrecho.

Las aguas del carril central de Ormuz, por donde solían circular la mayoría de embarcaciones, están plagadas de minas. Las colocó Irán después de que estallara el conflicto, para impedir la libre navegación. ¿Cuántas hay? No está claro, aunque la asociación de armadores Intertanko calcula que unas 80. “Es una cantidad enorme, eliminarlas llevará algún tiempo”, decía esta semana el director de la entidad, Philip Belcher, en un seminario web organizado por la revista Lloyd’s Llist.