Durante décadas, las dos casas payesas de s'Espalmador han permanecido prácticamente congeladas en el tiempo, rodeadas por aguas turquesas, dunas vírgenes y algunas de las praderas de posidonia mejor conservadas del Mediterráneo. A apenas unos metros de las concurridas playas de ses Illetes (Formentera), pero separada de ellas por un paso de navegación conocido como Es Pas de s'Espalmador, continúa siendo un territorio no al alcance de cualquiera. Ocho años después de que una familia belga -a través de una sociedad luxemburguesa- comprara el enclave por 18 millones de euros, sus propietarios se preparan para acometer una compleja rehabilitación de las edificaciones históricas en uno de los espacios naturales más protegidos de Balears.

Formentera lidera, junto a Eivissa y Marbella, las playas españolas más caras para veranear, según un informe realizado a partir de una muestra de viajeros españoles y un análisis comparativo de los costes turísticos. Antes de la operación millonaria mediante la cual s’Espalmador cambió de manos -al principio el islote se puso a la venta por 22 millones de euros-, este trozo de paraíso pertenecía a la familia Cinnamond, que en 1932 había pagado 42.000 pesetas (unos 250 euros) a Carlos Tur Roig. Una cifra extremadamente alejada del valor que alcanzaría décadas después. Los Cinnamond consideraban una buena opción que el islote pasara a ser de titularidad pública, algo que, en su momento, también se planteó el Consell de Formentera.