La dogmática del dato y el eclipse de la interpretación | Artículo de Mario Luis Fuentes

En el análisis e interpretación de la cuestión social los datos son indispensables, pero nunca suficientes. La realidad social no se deja capturar completamente por una tabla estadística. Entre la cifra y el mundo existe siempre un espacio tanto de insuficiencia de evidencia e interrelación de fenómenos y procesos, como de interpretación.

Por Mario Luis Fuentes

En México, como en buena parte del mundo, las cifras se han convertido en un recurso privilegiado para legitimar posiciones ideológicas, justificar políticas públicas y clausurar debates que deberían permanecer abiertos. Sin embargo, enfrentamos una situación paradójica. Nunca habíamos dispuesto de tantos datos y, sin embargo, nunca había resultado tan difícil discutir razonadamente sobre ella. El dato ha adquirido una condición casi sagrada: aparece investido de una autoridad que parece eximirlo de toda interpretación. Se le presenta como evidencia definitiva, cuando en realidad constituye apenas un punto de partida para la reflexión.

Esta situación resulta particularmente visible en el debate público mexicano. Frente a casi cualquier problema social -la pobreza, el empleo, la inseguridad, el crecimiento económico o la desigualdad- la discusión suele reducirse a una confrontación de cifras. Quien posee el dato parece poseer también la verdad. Sin embargo, esta confianza desmedida descansa sobre una premisa profundamente problemática: la idea de que los datos hablan por sí mismos.