Fotografía de archivo. Un integrante del Ejército participa en las labores de patrullaje en el barrio Siloé, en Cali (Colombia).Foto: EFE - ERNESTO GUZMAN JRResume e infórmame rápidoEscucha este artículoAudio generado con IA de Google0:00/0:00Un revelador y crudo reportaje publicado por el prestigioso diario estadounidense The Wall Street Journal (WSJ) puso a Cali en el centro de la atención internacional al describirla como el “embudo urbano” de la nueva guerra de la coca en Colombia.El informe detalla cómo el histórico auge en la producción de hoja de coca en el norte del Cauca ha desatado una sobreoferta que inundó los barrios populares de la ciudad con cocaína barata, fortaleciendo las economías criminales y encendiendo una sangrienta disputa territorial entre pandillas juveniles. Ante esta radiografía, el alcalde de Cali, Alejandro Eder, respondió que el origen de la violencia que golpea a los caleños no está dentro de la ciudad, sino en los cultivos ilícitos que asedian los límites de la capital del Valle del Cauca.“Llevo dos años y medio diciendo lo mismo y lo voy a seguir repitiendo: no es aceptable que las siembras de coca lleguen hasta las faldas de Cali. Están en la parte alta de Jamundí, en Timba, en Buenos Aires, en Suárez, en todo el norte del Cauca. Ahí es donde está el origen. Mientras haya coca y producción de cocaína, va a haber violencia en Cali. Así de sencillo”, sentenció Eder, según recogió La FM.Eder también señaló al Gobierno Nacional como responsable al no atender la crisis enviando tropas a Jamundí o el Cauca.“Desafortunadamente, el gobierno actual no se ha movido con la contundencia que se necesita… El lunes ya tendremos un nuevo presidente. Esperamos que este nuevo gobierno sí le ponga el pecho a la seguridad y entienda que, si no se apaga el incendio en las montañas, Cali seguirá quemándose”, añadió con la mirada puesta en las elecciones del domingo.Le puede interesar: La muerte de Niño Guerrero expone la relación de poder entre EE. UU. y Venezuela¿Qué dijo el Wall Street Journal de Cali?El análisis de The Wall Street Journal advierte que no hay forma de escapar de la compleja ubicación geográfica de la ciudad. Al tener al sur el departamento del Cauca, territorio de altísima productividad con cultivos de coca de alta concentración psicoactiva, y al oeste los corredores fluviales y marítimos del Pacífico hacia EE. UU. y Europa, Cali funciona como un canalizador natural del dinero sucio, el contrabando y la violencia de las mafias.“No hay otra ciudad en Colombia que tenga a sus pies un enclave de coca de esta magnitud”, aseguró al diario estadounidense Juan Camilo Cock, director ejecutivo de la Fundación Alvaralice.Al problema geográfico se suman las dinámicas de los grupos criminales. De acuerdo con el comandante de la Policía de Cali, el general Herbert Benavidez, las disidencias armadas y agrupaciones narcoterroristas que dominan las zonas rurales del Cauca no operan de forma visible en las calles de la ciudad, sino que aplican una estrategia de “outsourcing” o subcontratación criminal con las pandillas locales para delegar el microtráfico, el cobro de extorsiones y los homicidios por encargo. Wilson Muñoz, activista comunitario de un sector vulnerable, relató al diario estadounidense cómo las guerras por las esquinas dejan escenas de extrema violencia, incluyendo el hallazgo de restos humanos desmembrados en los canales de drenaje locales. “Las drogas están detrás de todo aquí”, afirmó Muñoz. Por su parte, Yasmin Sánchez, dueña de una tienda de barrio, describió al WSJ el miedo constante de la comunidad: “Cuando empiezan, hay que cerrarlo todo. Comienzan a disparar y no les importa quién caiga”. Vea también: ¿Por qué la República Checa juega como “Chequia” en el Mundial 2026?La riqueza derivada del auge de la cocaína también ha permitido a las mafias rurales modernizar sus arsenales a niveles alarmantes, según el reportaje. Las autoridades han tenido que interceptar ataques con drones sofisticados cargados de explosivos dentro de los límites de la ciudad. Estos ataques buscan distraer el esfuerzo del Ejército para facilitar el paso de los cargamentos de droga a través de las montañas hacia el océano Pacífico. A pesar de que Cali sigue registrando una de las tasas de homicidios más altas de la región, cerrando el año pasado con 1.107 casos según Medicina Legal, las cifras representan una reducción frente a la década de 1990, cuando el cartel de Cali dominaba el negocio mundial y las muertes superaban las 2.000 anuales. En esa época, el entonces alcalde Rodrigo Guerrero comenzó a tratar la violencia como una epidemia de salud pública, implementando mapas de datos criminales que sentaron las bases de las estrategias actuales que, de nuevo, no dan abasto.👀🌎📄 ¿Ya se enteró de las últimas noticias en el mundo? 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