José Luis Rodríguez Zapatero es desde ayer el primer expresidente del gobierno español que declara ante un juez de la Audiencia Nacional como investigado por cuatro presuntos delitos: tráfico de influencias, blanqueo de capitales, contrabando y delito fiscal. El magistrado José Luis Calama lo sitúa al frente de una trama a través de la cual, entre otras presuntas ilegalidades, el exlíder del PSOE habría recibido una comisión ilegal de 530.000 euros como pago por su presunta influencia en el rescate público, por parte del Gobierno de Pedro Sánchez, de la aerolínea Plus Ultra. Zapatero negó todas las imputaciones, pero no acabó de convencer al magistrado, quien, sin embargo, y en contra del parecer de la Fiscalía Anticorrupción y de las acusaciones, dirigidas por el PP, rechazó retirarle el pasaporte y hacerle comparecer en el juzgado cada 15 días. Tampoco aceptó decretar el ingreso provisional en prisión.Además de lo inédito de la comparecencia, el hecho es de enorme magnitud por la proximidad del acusado al presidente Pedro Sánchez, atado a su vez al timón en medio de la tormenta que se cierne sobre una legislatura ya enormemente lastrada por los escándalos que afectan a su entorno más directo actual o reciente, familiar y político. Pero, por si todo lo anterior no fuera poco, la gravedad de las acusaciones contra Zapatero han puesto en la picota el crédito moral que ha acumulado hasta hoy ante su partido y el conjunto de una sociedad que aún se frota los ojos ante lo que está viendo.El expresidente niega todas las imputaciones, pero en su declaración no convence al juezPara mucha gente, Zapatero, el referente, es hoy un ídolo caído. Ello explica que, a la salida del tribunal y mediante un comunicado público, volviera a defender su inocencia, como hizo ante el juez, y pidiera “confianza”: “Siempre me conduje con decencia y con honradez, y ahora tengo por delante la tarea de demostrarlo. Lo haré con absoluta transparencia y con plena confianza”, garantizó. Pero lo cierto es que, de momento, solo parece haber conseguido salvar su honorabilidad ante Sánchez y el PSOE. Los socialistas le reiteraron su apoyo incluso con un punto de euforia, por contraste con el malestar y la preocupación que viven de puertas adentro, y que les llevó a considerar “prueba superada” una comparecencia judicial que deja más sombras y dudas que luces y certezas.Zapatero aseguró en su declaración que no conoció al presidente de Plus Ultra, Julio Martínez Sola, hasta el 2024, tres años después del rescate, y que nunca tuvo contacto alguno con Rodolfo Reyes, antiguo accionista principal de la aerolínea. Y solo admitió haber cobrado por trabajos realizados para su amigo Julio Martínez Martínez a través de la empresa Análisis Relevante, firma que los investigadores sospechan que fue utilizada como pantalla para vehicular las comisiones ilegales por la operación. Pero, a criterio del juez Calama, el expresidente, que también negó haber tenido nunca ninguna empresa en España o el exterior, no consiguió desactivar en el interrogatorio la carga probatoria de las conversaciones contenidas en dispositivos intervenidos en diferentes registros, o el facilitado por la inteligencia de EE.UU. a la Guardia Civil que le relaciona con la trama; la trazabilidad de las transferencias entre los fondos públicos con que se sufragó el rescate de Plus Ultra y sus cuentas o el uso de sociedades mercantiles instrumentales.El político socialista se somete al juicio de la ciudadanía, más allá de la justicia y de su partidoAñádase a ello la falta de explicaciones sobre las joyas valoradas en 1,3 millones de euros y halladas en un despacho del expresidente, de origen desconocido y nulo rastro fiscal o aduanero, y se concluirá que Zapatero habrá de aportar mucha luz para restaurar su credibilidad política y moral, manifiestamente deteriorada.“Les pido confianza. No les decepcionaré. Nos costará más o menos tiempo demostrarlo, pero la verdad se abrirá paso y devolveré la confianza a quien ahora duda. Ya lo verán”, pidió Zapatero, no obstante, a la ciudadanía. El expresidente se somete así a una especie de tribunal público más allá de la justicia y de su partido. Pero ¿cuánto crédito le queda? ¿Será capaz de recuperar el prestigio personal y político hoy en entredicho y revertir la sospecha sobre sus actividades fuera de la política pero, al parecer, a la sombra de ella? He ahí la cuestión fundamental. Y será la actuación del propio exmandatario socialista, que ha prometido aclarar todos los extremos en los próximos días, y, por descontado, los siguientes pasos que dé el juez, lo que permitirá responder a tal interrogante y despejar las muchas dudas existentes en el sentido que corresponda.