Resume e infórmame rápidoEscucha este artículoAudio generado con IA de Google0:00/0:00El modelo electoral que hemos construido no nos está funcionando. O sí, para crear divisiones y una polaridad que no teníamos. Tal vez sea un efecto del pensamiento moderno, en el que tratamos de aclarar tanto la identidad de las cosas, de los movimientos, de los candidatos, que propiciamos la muerte de la diversidad, el combate entre dos, la reducción al absurdo, cuando tod@s deberíamos ganar. Los antiguos opuestos se imponen. O tal vez, nos los imponen, desde la temprana escuela. Dios o el Diablo. O unas coaliciones basadas en negociación de puestos y contratos, no de responsabilidades. Sean buenos o malos los candidatos de hoy, he decidido no tomar partido. Llevo varias columnas tratando de plantear el significado del centro, que no es centro sino descentramiento, que no es tibieza sino capacidad de movimiento, de acción basada en la complejidad, porque el sistema que experimentamos es malsano y me niego a ser cómplice de esa perversidad en la que hemos caído, donde cada cuatro años escogemos un adalid de algo, como si no fuese en la pluralidad donde radica la esperanza, como si no supiésemos que el péndulo es letal. Prefiero los antiguos reinados de belleza, a pesar de su sexismo, donde entre cinco se escogían reina, virreina y tres princesas. Y había trabajo para todas y más: la más elegante, la más simpática. La mejor operada… Lamento defraudar a quienes, de buena fe y con cariño, me invitan a depositar mi voto por uno u otro candidato, conociéndome, sabiendo cuáles son mis inclinaciones y preferencias. Pero no hay futuro en la dicotomía. No promuevo la abstención o el voto en blanco, porque no quiero promover nada, más allá de la reflexión sobre las reglas de convivencia que, es evidente, están fracasando, y no por falta de sindéresis de los movimientos: quienes proponen un modelo basado en el uso de la autoridad apelan a delegar en cierta lógica espartana el control social jerárquico y disciplinado, o quienes proponen que esa autoridad no se delegue, en un idealismo anarquista que no puedo dejar de admirar por su afecto a la responsabilidad que debiese venir adosada con la libertad, tod@s hacen lo que su ética les indica, incluso obviando que el sistema está lleno de parásitos que corroen cualquier trayectoria; un movimiento fatal. Si las democracias del mundo han de sobrevivir, no es con estas segundas vueltas. Los atractores fatales que aprendieron a alimentarse de bodegas informáticas y a operar mediante los señuelos del mercadeo político deben ser inhabilitados y la única forma es abandonar el sistema de elección binaria que hemos adoptado y sus premisas de oponer un posible gobierno “pragmático” versus uno “idealista”. El multiverso que aparece por todas partes rechaza esa clasificación, un gobierno no se define a penaltis. Adenda. Felicidades a los padres que han ido aprendiendo que celebrar la masculinidad tóxica es inaceptable. Conoce más
Tiempo de ruptura
“Sean buenos o malos los candidatos de hoy, he decidido no tomar partido”: Brigitte LG Baptiste










