KANSAS CITY (enviado especial).- El día después no fue uno más para Leo Messi en la soleada y ventosa mañana en Kansas City. La delegación salió del estadio cerca de la medianoche rumbo al hotel céntrico de esta ciudad del medio oeste norteamericano, tras el inolvidable debut mundialista ante Argelia. El capitán argentino se llevó todos los elogios de un mundo rendido a sus pies: récord de mundiales jugados, máximo goleador en la copa del mundo, 200 presencias con la selección argentina... Todo, a una semana de cumplir 39 años, festejo que lo encontrará por quinta vez en su carrera en la intimidad de una concentración mundialista.A flor de piel, el capitán argentino exteriorizó un sentimiento que se tenía guardado. Se emocionó hasta las lágrimas tras el festejo de su primer gol en el Arrowhead Stadium. “Fue una cuestión ajena a lo deportivo. Pasé unos días difíciles y complicados”, se sinceró después del partido, algo poco habitual en él. La selección argentina se entrena en The Compass Minerals National Performance Center, en Kansas City. Messi conversa con De Paul

Aníbal Greco - La NaciónFuera de la intimidad familiar y de la concentración, pocos conocían esos “días difíciles” que el capitán decidió mencionar. Desde el último amistoso disputado en Alabama contra Islandia hasta anoche mostró que estaba entero para enfrentar su última copa del mundo. Con la brillante actuación ante Argelia ratificó que está en plena vigencia para ser la manija, una vez más, de la selección argentina. Que es lo mismo que decir los campeones del mundo.“Agradecido a la delegación y a todos mis compañeros. Siempre estuvieron a mi lado y me dieron fuerza para que esté bien”, agregó ante los periodistas en la zona mixta, mientras el mundo hablaba de esos récords que el capitán se esmera en minimizar.Antonela Roccuzzo celebró en el estadio el hat-trick del captán junto a los tres hijos Messi, Thiago, Mateo y CiroEn los entrenamientos que el plantel realiza desde principios de junio en el complejo deportivo del Sporting Kansas City, siempre se lo vio enfocado. Rodeado de Rodrigo de Paul, Leandro Paredes, Giovani Lo Celso y Nicolás Otamendi, sus compañeros inseparables de tantas batallas. En la previa del encuentro contra Argelia, Messi saltó a la cancha relajado. Sonrío, saludó y abrazó a los chicos que lo esperaban con una emoción incontrolable en el túnel para salir a jugar. Se saludó con varios argelinos. Cada ovación que recibió en el calentamiento o ante cada tiro de esquina la retribuyó con un guiño. Incluso se acercó a darle un beso a su amigo y excompañero de selección, Sergio “Kun” Agüero, que estaba transmitiendo para una cadena deportiva al borde del césped mientras el equipo realizaba la entrada en calor. En el zurdazo que marcó el primero de sus tres tantos en la inolvidable noche de Kansas City sirvió de desahogo. En el segundo tiempo siguió alimentando su apetito de gloria. Anotó otros dos goles para alcanzar a Miroslav Klose como el máximo anotador en la historia de los Mundiales.En el estadio Arrowhead de Kansas City