Carlo Ginzburg (Gentileza UBA / Danilo de Marco)A los 87 años, murió el historiador italiano Carlo Ginzburg, un intelectual esencial de estos tiempos que supo llevar lo académico al interés popular, con una acercamiento humano de los hechos, con una mirada donde su propia historia familiar funcionaba como motor.“Hay una relación entre mi manera de pensar la Historia y la persecución que sufrí como un niño judío”, dijo a Infobae en una entrevista con Andrea Bonzo en 2023, cuando visitó Argentina para recibir el doctorado Honoris Causa de la UBA.PUBLICIDADCarlo Ginzburg (Turín, 1939) construyó su trayectoria como historiador a partir de una pregunta sobre lo que los documentos callan: “Las fuentes no nos dicen nada sobre esos albañiles anónimos: pero la pregunta conserva todo su peso”.Ginzburg sostuvo que la historiografía dejó de concentrarse solo en “las hazañas de los reyes” y empezó a buscar “lo que sus predecesores habían callado, descartado o simplemente ignorado”. Para explicarlo, citó la interpelación de Bertolt Brecht: “‘¿Quién construyó Tebas a partir de las siete puertas?’, se preguntaba ya el ‘obrero-lector’ de Brecht”.PUBLICIDADHijo del intelectual Leone Ginzburg, ligado al antifascismo y a la cultura italiana de entreguerras, y de la escritora Natalia Ginzburg, Carlo parecía destinado a las letras, pero eligió la historiografía y, según el texto, lo hizo de manera “inesperada e improvisa”.Leone y Natalia GinzburgSus padres eran judíos y de izquierda, y su padre murió en la cárcel tras ser torturado por los nazis. El historiador contó en distintas oportunidades que se “convirtió” en judío a los cinco años, en el verano de 1944, cuando por el riesgo de ser capturado por los alemanes tuvo que usar un nombre falso no judío.PUBLICIDAD50 años después de la publicación de El queso y los gusanos, el libro sobre la vida de un molinero del siglo XVI, Ginzburg era el historiador italiano más relevante y el más conocido fuera de su país. La obra, traducida a decenas de idiomas, quedó asociada al desarrollo de la “microhistoria”, un método interdisciplinario que parte del análisis en profundidad de una persona, un hecho o un lugar para reconstruir una época, su sociedad y su cultura.“Tenía veinte años, estudiaba en la Scuola Normale de Pisa”, dijo en aquel encuentro. “De repente (estaba en la biblioteca) tomé una triple decisión: intentar aprender el oficio de historiador; intentar estudiar los juicios por brujería; intentar recuperar las actitudes, las creencias de quienes fueron juzgados. En esta triple decisión se entretejieron lecturas (Cuadernos de la cárcel, de Antonio Gramsci; Cristo se detuvo en Éboli, de Carlo Levi; El mundo mágico, de Ernesto de Martino); una película (Dies irae, de Carl Dreyer) y muchas cosas más, que entonces yo desconocía”.PUBLICIDAD"El queso y los gusanos. El cosmos según un molinero del siglo XVI" (Ariel), de Carlo Ginzburg—Uno de sus primeros libros tras tomar la decisión de convertirse en historiador fue Los Benandanti, donde revisa la brujería y los cultos agrarios entre los siglos XVI y XVII en el noreste de Italia. El disparador de esa obra fue el hallazgo azaroso en el Archivo de Estado de Venecia del interrogatorio de Menichino, un ganadero de Latisana, que había sido denunciado por ser un benandante (en italiano “los buenos caminantes”) ¿Recuerda cómo fue ese momento?—Yo había empezado a estudiar los juicios por brujería partiendo de la hipótesis de que la brujería había sido una forma elemental de lucha de clases. Una hipótesis ingenua, aunque comprensible en un joven izquierdista de finales de los años 50, que se inspiraba en los cuadernos de Gramsci (y en la Bruja de Jules Michelet, como símbolo de revuelta). Ahora, entre los documentos de la Inquisición conservados en el Archivo Estatal de Módena (adonde había acudido por consejo de mi mentor, Delio Cantimori) encontré un proceso, celebrado en 1519, contra una campesina, Chiara Signorini, acusada de haber hechizado al ama que la había echado de la finca donde trabajaba con su marido. Recuerdo que ante este caso, que parecía confirmar la hipótesis de la que había partido, sentí una sensación de decepción: una confirmación tan rápida sugería que la hipótesis de la que había partido era demasiado simple. (De hecho, el ensayo que dediqué al proceso contra Chiara Signorini -el primero que publiqué, Stregoneria e pietà popolare (Brujería y piedad popular)- insistía en un tema diferente). Decidí emprender un viaje por los archivos italianos en busca de documentos de la Inquisición, sin tener una hipótesis precisa. La primera parada era inevitable: los Archivos Estatales de Venecia. Allí, vagando al azar por los procesos, di con el interrogatorio de Menichino. A la pregunta del inquisidor de si era benandante, Menichino respondió, tras algunas vacilaciones, sobre las batallas de los benandanti contra las brujas para obtener cosechas fértiles. Su respuesta, totalmente inesperada (evidentemente también lo había sido para el inquisidor) me conmovió tanto que tuve que abandonar el archivo. Sólo muchos años después, en Tokio, con motivo de la traducción al japonés de mi libro Historia Nocturna, intenté explicar por qué tuve entonces la sensación de haber hecho un gran descubrimiento. Todo esto lo conté en el ensayo Brujas y chamanes incluido en el libro El hilo y las huellas. Lo verdadero, lo falso, lo ficticio, Buenos Aires 2010).PUBLICIDAD—En un artículo de hace algún tiempo titulado “Por qué la red nunca podrá sustituir a las bibliotecas”, escribió sobre la diferencia entre el papel de las bibliotecas e Internet. Si hubiera tenido a su disposición únicamente la red, ¿habría podido encontrar a Menichino?—Si la colección de procesos inquisitoriales conservada en el Archivo de Estado de Venecia (150 grandes cajas) hubiera estado accesible en Internet, tal vez habría dado con el interrogatorio de Menichino, siempre y cuando confiara en el azar. Tengo la impresión de que pocos estudiosos de la historia lo hacen.PUBLICIDAD—Ha hablado de la casualidad como elemento en la base de su investigación. ¿Cómo influye el azar en la selección de sus temas?—”El libro que necesitas puede encontrarse junto al libro que buscas”, decía Aby Warburg. Haciéndome eco de esta famosa frase, suelo decir que no basta con encontrar lo que se busca: también hay que dejarse sorprender por lo que no se espera. Por eso me parece importante el elemento aleatorio (incluso el producido deliberadamente). Pero la elección de los temas no es fruto del azar: ahí entra en juego la formación (y los prejuicios) del investigador. Y sólo la filología puede corregir nuestros prejuicios.PUBLICIDADOLYMPUS DIGITAL CAMERA—Una de las características novedosas de “El queso y los gusanos” fue el uso de un enfoque detectivesco para estudiar la vida del molinero Menocchio. ¿Cómo se le ocurrió esta idea y cómo influyó en su abordaje de la historia?—Hice hincapié en este elemento detectivesco en un ensayo que publiqué unos años más tarde: Spie: radici un paradigma indiziario (Espías: raíces de un paradigma de evidencias), posteriormente incluido en la colección Miti emblemi spie (Mitos Emblemas Espías, 1986). En la reedición ampliada de este libro, publicada hace unas semanas por (la editorial italiana) Adelphi, agregué un epílogo en el que subrayaba el vínculo entre aquel ensayo y El queso y los gusanos. “Espías” comienza con tres figuras: Giovanni Morelli (el conocedor italiano que firmaba como Ivan Lermoieff), Sigmund Freud y Sherlock Holmes. Detrás de esta tríada está el caso, como género literario, que yo había empezado a frecuentar leyendo los casos clínicos de Freud y los casos detectivescos de Sherlock Holmes traducidos. Mi trayectoria hacia la microhistoria pasa por el estudio de los casos.PUBLICIDAD—Usted es conocido por ser un historiador con un estilo de escritura muy reconocible y que en sus obras utiliza las herramientas de la literatura. ¿Qué autores y estudiosos le han influido, tanto en términos de estructuras narrativas como de construcción de frases, y qué papel desempeñó su madre Natalia?—Aquí el discurso sería largo. Intentaré responder diciendo que de mi madre aprendí muchas cosas, entre ellas el ritmo de la narración. Como decía el arquitecto Mies van der Rohe, less is more (menos es más). El descubrimiento del potencial narrativo de la historiografía pasa por aquí.—En su obra hay una dialéctica continua entre dar voz a las víctimas, por un lado, y, por otro, la conciencia extrema de la “distancia”, de la necesidad de la filología. Del problema de la dicotomía entre el actor y el observador. ¿Cómo es posible conciliar esto en contextos universitarios y de investigación en los que dominan las políticas identitarias?—En efecto, no se concilia en absoluto. Empecé mi investigación hace mucho tiempo, cuando las políticas de identidad aún no existían. En 2010 escribí un ensayo (El vínculo de la vergüenza) que terminaba criticando la versión actual de la noción de identidad. Sin embargo, no veo contradicción entre dar voz a las víctimas y la necesidad de distanciamiento. Escribí otro ensayo sobre este tema, Nuestras palabras y las suyas.Cuatro libros del historiador italiano Carlo Ginzburg (Imagen Ilustrativa Infobae)—Usted se identificó inicialmente con víctimas como Menichino. ¿Existe alguna relación entre esto y su identidad de judío surgida de la persecución?—La relación estaba ahí, aunque no me di cuenta hasta pasados muchos años. Una remoción increíble, ya que tenía recuerdos vívidos de la persecución que me había convertido en un niño judío. Pero tal vez la eliminación de una conexión tan obvia fue dictada por una estrategia inconsciente, lo que la hizo aún más eficaz.—¿Cree que hay alguna forma de adaptar la microescala -que ha sido una parte fundamental de su trabajo- a la escala global?—En un ensayo publicado hace años en inglés, y ahora en versión italiana (Microstoria e storia del mondo, incluido en el volumen La lettera uccide (Adelphi 2021) argumenté, proponiendo un ejemplo concreto, que una forma de conectar ambas perspectivas puede ofrecerse mediante estudios de casos.—¿Cómo juzga la situación política italiana y europea actual?—Es una situación muy mala: y me temo que lo peor está aún por llegar. Y, por desgracia, la expansión de los partidos de extrema derecha no sólo afecta a Italia, ni sólo a Europa.
Carlo Ginzburg con Infobae: “Hay una relación entre mi manera de pensar la Historia y la persecución que sufrí como un niño judío”
En 2023, el historiador italiano, que falleció hoy, visitó Argentina para recibir el doctorado Honoris Causa de la UBA. Aquí, un repaso por su legado y la entrevista completa











