La morosidad en el sistema financiero volvió a encender señales de alerta entre bancos, analistas y autoridades económicas. El aumento de los créditos impagos, especialmente en préstamos personales y financiamiento con tarjetas de crédito, refleja las dificultades que enfrentan numerosos hogares para cumplir con sus compromisos financieros en un contexto de ingresos que todavía muestran dificultades para acompañar el ritmo de los gastos. De acuerdo con especialistas del sector, el fenómeno comenzó a evidenciarse con mayor intensidad en los últimos meses, cuando muchas familias recurrieron al crédito para sostener el consumo cotidiano. Sin embargo, el encarecimiento del financiamiento y las restricciones presupuestarias derivaron en un incremento de los atrasos en los pagos. Los bancos siguen de cerca la evolución de este indicador porque la mora constituye una de las principales variables para medir la salud del sistema financiero. Cuando aumenta la cantidad de clientes que no pueden afrontar sus obligaciones, las entidades deben realizar mayores previsiones para cubrir eventuales pérdidas, lo que impacta en su rentabilidad y puede afectar la disponibilidad de nuevos préstamos.

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