La industria metalúrgica argentina atraviesa un período de marcada retracción. Según relevamientos sectoriales, la actividad acumuló una caída cercana al 6% en lo que va del año, mientras que la utilización de la capacidad instalada continúa en niveles preocupantes: seis de cada diez máquinas permanecen sin operar, reflejando la debilidad de la demanda y las dificultades que enfrenta uno de los sectores clave de la economía nacional. El panorama genera inquietud entre empresarios y trabajadores, ya que la metalurgia es una actividad estrechamente vinculada con la evolución de la industria manufacturera, la construcción, la energía y el sector automotor. Cuando estos rubros desaceleran su ritmo de producción o inversión, el impacto suele trasladarse rápidamente a las empresas metalúrgicas. De acuerdo con referentes del sector, la principal causa de la caída es la menor demanda de bienes industriales. Muchas compañías postergaron proyectos de inversión o redujeron sus niveles de producción ante la incertidumbre económica, afectando los pedidos de maquinaria, piezas, herramientas y componentes metálicos.
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