La cuota de mercado de la aerolínea se desplomó del 25% al 6% en tres meses y mantiene solo dos aviones operativos

El 26 de enero de 2018, un grupo de tripulantes de cabina vestidos con pantalones cargo y zapatillas recibió a los primeros 189 pasajeros que abordaron al por entonces único Boeing 737-800 de la aerolínea Flybondi, pionera del segmento low cost en Argentina. La propuesta era clara desde el nombre elegido, que alude al modo en que los argentinos llaman informalmente al ómnibus (“bondi”). Con sus tarifas bajas y su estética descontracturada, la empresa prometía hacer viajar a aquellas personas que nunca antes se habían subido a un avión, algo que se hacía explícito con la pregunta previa a cada despegue: “¿Alguien viaja por primera vez? Levante la mano”.

Ocho años después, la firma tiene operativos solo dos aviones de los trece que integran su flota y ha dejado un tendal de pasajeros perjudicados tras varios meses con récord de cancelaciones. Ha recortado su plantilla y se ha quedado sin conducción: su última CEO, Paz Lovisolo, renunció a principios de junio luego de menos de cuatro meses al frente de la empresa. En el sector aseguran que la aerolínea atraviesa una coyuntura crítica que solo es posible revertir con una gran inyección de capital.