Regala fútbol y certezas la Scaloneta. De ahora en más, si alguien quiere entender cómo debe debutar un campeón del mundo, puede analizar al detalle la victoria 3-0 de Argentina ante Argelia en el inicio de la Copa del Mundo. Con una idea que no envejece, con muchísima autoridad, con mediocampistas que vuelan y con un Lionel Andrés Messi descomunal, los comandados por Lionel Scaloni arrancaron con el pie derecho el sueño del bicampeonato. La idea de la Scaloneta la resumió con claridad y simpleza el entrenador semanas atrás ante una pregunta de Clarín. "Nosotros intentamos juntar pases para ir avanzando todos juntos". Y eso fue lo que demostró Argentina en el complejo debut ante Argelia. Por momentos fue un festival de toques y el equipo se plantó para decirle al mundo: acá está el campeón. No fue brillante el juego de Argentina porque aún tiene cosas por mejorar. Pero la ilusión empieza a ganar sustento al observar que la base sigue inalterable, lo mismo que los conceptos.Palabras más, palabras menos, lo que explicó Scaloni es que la Scaloneta es un equipo de mediocampistas. A los cuatro que puso en cancha (Rodrigo De Paul, Alexis Mac Allister, Enzo Fernández y Thiago Almada) se acoplaron Lionel Messi y los dos zagueros, Cristian Romero y Lisandro Martínez. La Selección, tras algunos minutos de dudas, se apropió de la pelota y jugó con soltura. Incluso, en un par de pasajes, se pasó de suelta porque pudo haber acelerado un poco más.Todos tocan y todos se mueven en Argentina. Es agradable a la vista observar cada uno de los movimientos y la calidad de los pases. El mejor de la etapa inicial fue Enzo, pero el que cambió el rumbo del duelo fue De Paul, con un pase que será recordado por mucho tiempo. La asistencia del volante de Inter Miami atravesó con fuerza a cuatro argelinos para que Messi recibiera con la cancha de frente. Hablar de las genialidades de Leo ya no tiene demasiado sentido: aceleró y la colgó del ángulo para sacarse la mufa del gol que le habían anulado minutos antes por un off-side milimétrico.La Scaloneta no pudo redondear un primer tiempo perfecto porque le faltó generar más situaciones de peligro. La tenencia no se tradujo en oportunidades y esa es una falencia. Apenas inquietó con un disparo lejano de Almada que se fue muy alto. También existió un cabezazo débil de Martínez antes del grito del rosarino.Toca hablar de lo defensivo. Lo complicaron a Argentina, es verdad. Le costó recuperar el balón en algunos pasajes del primer tiempo, también. Pero el equipo está confeccionado para tener la pelota y no para robarla. La Scaloneta quita por presión tras pérdida (los famosos cinco segundos) o por la lectura inteligente que hacen los jugadores. Ni Alexis, ni Enzo, ni De Paul ni Almada son mediocampistas de músculo, de esos que se imponen con el cuerpo o la fuerza. Para eso se necesitan otros jugadores. Y si Scaloni se inclinara por futbolistas de corte, perdería capacidad de posesión. Al cabo, es la elección del entrenador nacido en Pujato. Algo así como al que le gusta el durazno, que se aguante la pelusa.Aunque, por supuesto, hay aspectos por mejorar. Lo fundamental es la presión tras pérdida o el achicamiento de las líneas. Por momentos quedó largo el equipo y Argelia aprovechó la espalda de Mac Allister. Fueron buenas las coberturas de Licha Martínez, que le ganó la pulseada a Nicolás Otamendi.Argentina retrasó apenas unos metros su punto de inicio en el complemento. Ingresó Nahuel Molina por Montiel y rápidamente Nicolás González por Almada y Julián Alvarez por Lautaro. La Selección tuvo espacio para correr. Y para hacer brillar a Leo, que se despachó con otros dos goles para completar un triplete. La Pulga, después del tercero, le pidió el cambio a Scaloni para descansar un poco y para darle algo de respiro a los argelinos, que pasaron de la esperanza al abatimiento.Otra buena noticia para la Selección fue el alto nivel de De Paul, que llegaba con algunas dudas por su presente en Inter Miami. Al Motorcito no se le notó la falta de competitividad que suele atribuirse a la MLS y tuvo un enorme rendimiento, impulsado por el pase entre líneas que abrió el duelo.Con un Messi celestial, con volantes que ya no van en Ferrari sino en avión y con una idea que sale de memoria, la Scaloneta arrancó el sueño del bicampeonato con una victoria de peso para gritarle al mundo: acá está el campeón.