Las básculas de cocina inteligentes prometen convertir cualquier receta en un ejercicio de precisión nutricional. Calorías, proteínas, grasas, hidratos de carbono... todo queda registrado en una aplicación. Pero más allá de la exactitud de sus cifras, lo que realmente despertó mi interés fue cómo sería utilizarlas en el día a día. Por eso, y con la firme intención de comprobar cómo funciona esta tecnología en una situación real, decidí ponerla a prueba en mi propio entorno de trabajo: la redacción de EL PAÍS Escaparate.Como aquí no disponemos precisamente de una cocina equipada con horno y robot de repostería, opté por un reto mucho más modesto: preparar un bizcocho fit de arándanos en el microondas utilizando este modelo de Smartia. La idea era sencilla: seguir una receta rápida, añadir los ingredientes uno a uno y observar hasta qué punto cambia la experiencia cuando cada gramo queda registrado en tiempo real.*Actualmente, la báscula inteligente de Smartia no está disponible en Amazon. Aunque es la ganadora de nuestra comparativa, le sigue muy de cerca este otro modelo de Ultrean que también te recomendamos si te convencen sus usos.Mis primeros pasos con la báscula de cocina inteligente de Smartia Antes de empezar con la receta, tocaba configurar la báscula, pero que no cunda el pánico porque el proceso es bastante intuitivo. El primer paso fue descargar su aplicación, Ailink, y vincularla al móvil mediante Bluetooth. Tras crear una cuenta -sí, es necesario registrarse- y completar algunos datos básicos como la edad, la altura, el peso o el nivel de actividad física, la app genera una especie de perfil calórico similar al de plataformas como MyFitnessPal. La diferencia es que aquí el control de los alimentos y el pesaje se realizan desde el mismo ecosistema.La conexión con la báscula fue rápida y, en cuestión de segundos, ambos dispositivos estaban sincronizados. De esta manera, cada ingrediente añadido podía introducirse en la aplicación -ya sea de forma manual o mediante su lector de códigos de barras- y así consultar los famosos macros, esa especie de radiografía nutricional que te dice de qué está hecha realmente una comida.Con todo preparado, era hora de comprobar si el uso diario era tan fluido como prometía sobre el papel. Y, para ello, solo necesitaba una taza, unos cuantos ingredientes y una báscula empeñada en contabilizar hasta el último gramo.Así es cocinar con una báscula inteligente: calorías y macros en tiempo real Empecé colocando la taza sobre la báscula y pulsando la función de tara. A partir de ahí, comenzó el desfile de ingredientes: primero, la avena; después, la leche y el huevo; y, por último, los arándanos. El proceso era sencillo: buscaba el alimento en la aplicación, lo seleccionaba y lo añadía a la receta. En ese momento, el peso se actualizaba automáticamente y, con él, todos los valores nutricionales. En cuestión de segundos podía saber cuántas proteínas, hidratos y grasas acumulaba mi futura merienda, una información que probablemente nunca había necesitado para hacer un bizcocho, pero que resultaba sorprendentemente entretenida de consultar.*Actualmente, la báscula inteligente de Smartia no está disponible en Amazon. Aunque es la ganadora de nuestra comparativa, le sigue muy de cerca este otro modelo de Ultrean que también te recomendamos si te convencen sus usos.Eso sí, la báscula no es adivina (para mi decepción) y, aunque dispone de una amplia base de datos de alimentos y permite escanear códigos de barras, sigue siendo necesario indicarle qué ingrediente estás utilizando. O sea, los arándanos no van a aparecer por arte de magia en la aplicación al colocarlos sobre su superficie. Jaque mate, inteligencia artificial. Lo que más (y menos) me gustó de cocinar con una báscula inteligente Lo que más me convenció de este tipo de dispositivo es que elimina buena parte del trabajo: una vez introducido cada ingrediente, toda la información nutricional aparece automáticamente en pantalla, lo que hizo muy fácil seguir la evolución de la receta. Sin embargo, también descubrí que la experiencia depende mucho del tipo de alimento. La leche y la avena se registraron sin demasiados problemas gracias a sus códigos de barras, pero con ingredientes frescos (como el huevo o los arándanos) tuve que recurrir a la búsqueda manual. No es algo especialmente molesto, aunque sí me recordó que la parte inteligente de la báscula sigue necesitando cierta colaboración por parte del usuario.*Actualmente, la báscula inteligente de Smartia no está disponible en Amazon. Aunque es la ganadora de nuestra comparativa, le sigue muy de cerca este otro modelo de Ultrean que también te recomendamos si te convencen sus usos.Aun así, una vez superado ese pequeño trámite, el proceso resulta bastante natural y registrar una receta completa resulta mucho menos tedioso que introducir todos los datos manualmente. De hecho, confieso que presté más atención a los macros que al propio bizcocho. Quizá por eso el resultado no fue el mejor…La cata en la redacción: de los macros a las mofas Con todos los ingredientes pesados al milímetro y los nutrientes perfectamente calculados, llegó el momento de cocinar el bizcocho. Así que me fui paseando con mi taza de El País en una especie de ejercicio corporativo de búsqueda del microondas perdido. Y, una vez localizado, apareció la primera sorpresa. Durante los minutos que pasó dando vueltas en su interior, la mezcla empezó a subir con tanto entusiasmo que por un instante pensé que aquello estaba a punto de convertirse en un suflé. Sin embargo, la alegría -y el miedo a que explotara- duró poco. En cuanto terminó la cocción, el bizcocho se vino abajo. Y yo, con él.Los arándanos tampoco ayudaron demasiado a la estética final. Algunos explotaron durante este experimento culinario y dejaron escapar un líquido rojizo que terminó resbalando por los bordes de la taza. Viéndolo en perspectiva, quizá unas pepitas de chocolate hubieran sido una elección más agradecida. A pesar de todo, decidí que tenía que compartir mi creación con el resto de la redacción. O, al menos, intentarlo.El aspecto no jugaba precisamente a mi favor. El olor, tampoco. Antes incluso de que nadie lo probara, una compañera lo describió como una “esponja con moho”, una comparación poco favorecedora que, para ser sinceros, tampoco estaba tan lejos de la realidad… Así que convencer a alguien para que le diera una oportunidad requirió bastante más esfuerzo del esperado.Al fin conseguí reunir a unos cuantos valientes. No tengo del todo claro si fue por curiosidad gastronómica o porque, después de varios intentos, resultaba más fácil probar el dichoso bizcocho que seguir escuchándome hablar de él. Lo que vino después fue bastante cachondeo y muy pocos elogios culinarios y si hubo consenso en algo fue en que probablemente no estábamos ante el próximo fenómeno de la repostería fitness. El segundo punto de acuerdo llegó casi de inmediato: después de este bizcocho y de mi ya célebre experiencia preparando té matcha, quizá debía dejar de insistir con los experimentos gastronómicos (jamás).Llegados a ese punto, el destino del bizcocho estaba más que decidido. Sin embargo, el experimento no había sido un fracaso. Al menos no en lo importante. La prueba consistía en comprobar cómo encaja una báscula de cocina inteligente en una situación real y, en ese sentido, la de Smartia salió bastante mejor parada que mi receta. Por suerte. [Recuerda que si eres usuario de Amazon Prime, todas las compras tienen gastos de envío gratuitos. Amazon ofrece un período de prueba gratuito y sin compromiso durante 30 días.]*Todos los precios de compra incluidos en este artículo están actualizados a 17 de junio de 2026.Puedes seguir a EL PAÍS ESCAPARATE en Instagram, o suscribirte aquí a nuestra Newsletter.
Una báscula de cocina inteligente, un bizcocho fit y una redacción poco convencida
Entre ingredientes pesados al milímetro, arándanos rebeldes y una cata poco entusiasta, descubrí qué (y qué no) aporta este tipo de dispositivo










