En la Ciudad de México mundialista hay otro equipo que parece local. Desde hace días, las camisetas de la selección Colombia se han vuelto parte del paisaje cotidiano en el corazón de la capital mexicana. Y en la víspera del estreno de los colombianos en el Estadio Azteca contra Uzbekistán, el amarillo ha inundado las calles chilangas. Después de la decepción de no clasificar para Qatar, la ilusión y la alegría del momento son imposibles de disimular para las caras que sonríen, a la vez absorbiendo y marcando el aire del Mundial. Los miles de colombianos, tanto visitantes como residentes en México, que se espera que llenen el Azteca, en la tarde previa al partido se han organizado para hacerse sentir aún más con concentraciones multitudinarias en apoyo al equipo en el Ángel de la Independencia y también en el hotel donde se está hospedando la selección. Además, un poco más tarde, un concierto en el Estadio GNP también ha convocado a la comunidad colombiana con un cartel que junta a Carlos Vives, Silvestre Dangond y ChocQuibTown. Por un instante, Ciudad de México es Colombia. Santiago Quiñones, a sus 22 años, está viviendo un sueño que hasta hace poco pensaba inalcanzable. “Vi un reel de mi jefe que decía: ‘Me voy el próximo año’. Entonces pensé, si él puede, yo también. Me inscribí al sorteo de la FIFA, me gané las boletas, las pagué y ahí fue la locura. Ni mi mamá, ni mi papá, ni mi novia, nadie quiso venir. Me vine solo a vivir el sueño”, cuenta el pereirano bajo los cielos nublados de la ciudad en el Paseo de la Reforma mientras busca con quién intercambiar la entrada que le sobra para el partido contra Uzbekistán por una para el segundo partido de Colombia, contra Congo en Guadalajara, a donde ya tiene planeado viajar. No le preocupa en lo más mínimo haber llegado solo. “Somos de diferentes lugares, no nos conocemos, pero con la unión de los colombianos somos uno. Estamos aquí en el Ángel que representa mucho para los mexicanos y para los latinoamericanos también. Estar en México es estar en casa. Y vamos a ganar la copa así, unidos”, vaticina con confianza Quiñones. Para Andrés Gualteros, de Bogotá, el Mundial se presentó como una oportunidad de juntar sus dos pasiones, el fútbol y el ciclismo, y llegar a alentar a la selección en bicicleta. “Viajé Bogotá - Santa Marta en una primera etapa. Y el primero de junio volé a Ciudad de Panamá para arrancar mi travesía hasta acá”. Para Gualteros, acompañado de su bicicleta en la base del Ángel de la Independencia, hacer parte del Mundial es una experiencia como ninguna, aunque no tiene entrada para ningún partido. “Creo que es lo más bonito que le pasa al mundo cada cuatro años. Tuve la posibilidad de estar en Brasil 2014 y Rusia 2018, y para este busqué boletas, pero no tuve suerte y los precios de reventa están absurdamente caros”, dice, sin lamentos y con la esperanza de conseguir una entrada en el último momento, con “la ayuda de Dios y la virgencita de Guadalupe”. Hay muchas personas sin entradas, pero no es un problema, la cuestión es vivir la experiencia. De los ocho integrantes de la familia Rojas López, que además aprovechó el viaje para visitar otros familiares en Cancún, solo dos irán al Estadio Azteca, el resto verá el partido en uno de los Fan Fests de la capital mexicana. “Tenemos la mejor imagen de México, que nos ha recibido muy bien en esta primera vez que estamos aquí. Vamos a ir al banderazo para apoyar a nuestra selección y el 20 vamos a Guadalajara para el partido contra Congo [23 de junio]. Y ahora también para apoyar a México”, dice Patricia, que está viviendo su primer Mundial. A sus 14 años, Miguel Ángel Guzmán, de Neiva, también está viviendo un Mundial por primera vez junto a su padre y su esposa. La ilusión por ver a los jugadores representarlo en la cancha lo llena de orgullo. “Le ponen mucho empeño a los partidos y nos da color a los colombianos”, dice. “El mejor es Lucho Díaz, con su magia”, sentencia. Para el padre, Arístides, el sacrificio económico que ha supuesto el viaje vale completamente la pena y está muy feliz con cómo los han recibido en México. “Está muy bonito, muy organizado. Sabemos que hay unos mítines, pero nada que obstruya el ambiente mundialista”, dice, mientras se oye en el fondo los reclamos del sindicato de maestros CNTE, en un plantón sobre Reforma. “Se siente Colombia de local, entre los que viven aquí y los que vinimos para alentar”. Los acentos colombianos que se oyen por la calle lo atestiguan. Paisas, rolos, caleños o costeños, todos con el escudo de la selección en el pecho, caminan como en casa.