Bajad las armasAgentes de la Polic�a Nacional proceden a registrar la cl�nica del distrito de Tr�nsitos de Valencia tras haber detenido a un joven de 24 a�os de edad en Burjassot (Valencia).EFEActualizado Martes,
junio
23:28Audio generado con IAPasadas las seis de la tarde del lunes un hombre joven con las manos ensangrentadas se presenta en la comisar�a de Burjassot. Viene a entregarse porque acaba de matar a otro hombre, de profesi�n logopeda. La confesi�n incluye el m�vil y los hechos: sospechaba que el logopeda que trataba a su hijo, de dos a�os de edad, abusaba de �l. Un padre sabe cu�ndo le pasa algo raro a su hijo. Para confirmar las sospechas que envenenaban sus sue�os se person� -armado, ay, de navaja- una hora antes de lo previsto en la cl�nica del logopeda. Al irrumpir en la consulta sorprendi� a su peque�o sin el pantal�n y sin el pa�al. Ninguna t�cnica para mejorar el habla de un ni�o exige desnudarlo primero.Una llamarada de c�lera nubla el juicio del padre, que a duras penas acierta a exigir las im�genes del circuito cerrado de la consulta. Cuando su interlocutor se las niega, el hombre empalma la navaja y entierra su hoja de 15 cent�metros en el cuerpo del logopeda hasta que deja de respirar. Hay una v�ctima extrajudicial, que es el muerto; hay una posible v�ctima de abuso, que es el ni�o; hay un criminal indudable, que es el padre. Y sin embargo la sociedad no reaccionar� a este crimen transparente con la un�nime indignaci�n y el inmediato reproche que le merece cualquier otro. De hecho, no pocos reaccionar�n con secreta complicidad. O no tan secreta.La investigaci�n apuntalar� o no la veracidad de la sospecha terrible que movi� la mano del homicida. Si al apu�alado se le descubren pruebas de pederastia, crecer� la empat�a social hacia su justiciero liquidador. Y esto es lo que me interesa examinar ahora. Por qu� ciertos casos parecen justificar mejor que otros que alguien se tome la justicia por su mano, aunque en el extremo de esa mano gotee una navaja.Cabe definir la civilizaci�n como el progresivo encauzamiento de la respuesta violenta a trav�s del derecho, de la pol�tica, del comercio, del deporte. Pero la hip�tesis de la violaci�n de un ni�o de dos a�os eclipsa todos los c�digos y restaura la ley del tali�n en el fuego de nuestras entra�as. El mismo Jesucristo dej� dicho que al abusador infantil m�s le valdr�a atarse una piedra al cuello y arrojarse al mar. Porque el ni�o es sagrado, y quien lo profana comete un pecado contra la humanidad misma que no puede ser tratado como los dem�s.Quiz� ese ni�o llegue a ser un d�a un elocuente abogado. Alguien que comprenda el amor de su padre. Y alguien que apruebe su condena.










