Luis Ortega no pierde las esperanzas. Mantiene intacto el sueño, como le dijo a fines de enero a LA NACION, de convencer a su mamá para que se sume a Magnetizados, el largometraje en el que viene trabajando desde hace tiempo. Evangelina Salazar conoce muy bien ese anhelo. Su propio hijo lo reconoció en esa misma entrevista al revelar que les “roba letra todo el tiempo” a sus padres, Evangelina y Ramón Bautista “Palito” Ortega. Pudo convencer una vez a Evangelina, en 2004, cuando logró que se sumara al elenco de Monobloc, una de las películas que mejor define su estilo como cineasta. Evangelina Salazar en Monobloc, de Luis OrtegaFue la última vez que apareció en el cine hasta el día de hoy. Y su despedida de las pantallas hubiese sido completa en ese momento de no mediar la persuasión de otro de sus talentosos hijos, el productor y showrunner Sebastián Ortega, para que se vistiera de jueza de paz y reapareciera a fines de octubre de 2012 en un episodio de Graduados, una de sus creaciones. La pantalla nos ayudó, por un instante, a reencontrarnos con uno de los rostros más expresivos, cálidos y fotogénicos del espectáculo argentino a lo largo de las últimas décadas. Como no tuvimos hasta ahora otra oportunidad de verla actuar, esa pequeña memoria hoy recupera la significación que vivimos con motivo de aquel celebrado regreso porque Evangelina Yolanda Salazar acaba de cumplir 80 años. Palito Ortega y Evangelina Salazar, una pareja indestructibleDIEGO SPIVACOW / AFVNació el 15 de junio de 1946 en Buenos Aires. Estudió danza y declamación, dos disciplinas que alimentaron desde muy temprano su vocación artística. Una tía suya le habló de un concurso de talentos que conducía Héctor Coire por televisión. No pudo ganarlo, pero encontró allí un lugar de reconocimiento que le permitió llegar muy rápido a ocupar un lugar destacado en ciclos infantiles y familiares de la tele de los años 60. El primero fue Señoritas alumnas, escrito por Abel Santa Cruz. Y aunque abandonó hace mucho tiempo su carrera artística para dedicarse en plenitud absoluta a su familia, hasta el día de hoy permanece en el recuerdo entrañable del público como una figura cercana, amable, encantadora. “Debe ser algo genético, soy chiquita. Me cuido, pero no hago cosas extremas. Podría haberme operado, pero prefiero mirarme al espejo y ver a mi papá, a mi abuelo. Me gusta estar bien para mí, para mis hijos y nietos. Y por supuesto, agradarle a mi marido. Aunque para él siempre estoy bien”, reconoció en 2017 cuando LA NACION le preguntó cuál era el secreto de su eterna frescura. El casamiento entre Palito y Evangelina, un acontecimiento televisivo único en su tiempoEvangelina y Palito ya cumplieron seis décadas juntos. Se conocieron en 1965 compartiendo el rodaje de Mi primera novia, arquetípico ejemplo de la comedia romántica de esos años en el cine argentino, tiempo en el que los astros más famosos de la música popular encontraban en la pantalla grande un espacio agrandado, irresistible y de enorme convocatoria para prolongar sus éxitos discográficos y sus actuaciones en vivo. Por entonces, el país entero conocía y cantaba los hits de Palito, mientras Evangelina empezaba a mostrar talento, espontaneidad y belleza como prometedora figura juvenil gracias a un personaje de inmensa popularidad para la audiencia televisiva familiar como Jacinta Pichimahuida y tempranas apariciones en historias románticas juveniles: La pícara soñadora y Del brazo y por la calle. Con esta última película, que protagonizó junto a Rodolfo Bebán, obtuvo la Concha de Plata a la mejor actriz en el Festival de San Sebastián. Jacinta Pichimahuida, el personaje que le abrió a Evangelina Salazar las puertas de los hogares argentinos a través de la televisión En febrero de 2025, al recordar ante LA NACION aquel primer flechazo nacido en pleno rodaje, Palito contó que al principio tuvo una actitud bastante indiferente hacia su futura esposa, concentrado como estaba en su agenda completa de ocupaciones musicales (shows y grabaciones). Al final de aquella filmación las cosas habían cambiado por completo. “Ya éramos más cercanos y había comenzado a visitarla en su casa. Luego de un tiempo de compartir los rodajes se me había metido en la cabeza que Evangelina podía llegar a ser la madre de mis hijos”, reconocería casi medio siglo después. Así se lo dijo, casi sin pensarlo, al padre de Evangelina la primera vez que fue a comer a la casa de sus futuros suegros. El noviazgo fue breve y el casamiento, celebrado el 3 de marzo de 1967 en la Abadía de San Benito, se transformó en un espectáculo televisado a todo el país en directo que llegó a superar los 60 puntos de rating. Había pasado apenas un año del estreno en los cines argentinos de Mi primera novia. “Ramón fue el único hombre de mi vida”, admitió Evangelina a LA NACION en 2023. Contó en ese momento que al conocerlo cuando tenía 19 años no hizo más que vivir con él un amor fulminante a primera vista. Hasta ese momento, dijo, “nunca había salido con un chico, jamás había besado a nadie, era sumamente casera”. Un romance de película que se trasladó a la vida real: Mi primera noviaEl rodaje de Mi primera novia impulsó, como si fuera obra del destino, el encuentro entre dos personas bien distintas (“Yo soy comunicativa y Ramón más introvertido”, describió ella) pero al mismo tiempo capaces de complementarse a la perfección a partir de esas diferencias. “Nuestros hijos -agregó- nos han visto enojados pero peleando jamás”. Después de aquel triunfo consagratorio en San Sebastián y la popularidad ganada gracias a Jacinta Pichimahuida, la maestra primaria más famosa de la historia de nuestra televisión, Evangelina tenía todas las puertas abiertas y una carrera artística frente a sus ojos con todas las posibilidades abiertas. Tuvo en ese tiempo también un paso destacado en una de las telenovelas de mayor reconocimiento entre el público argentino, El amor tiene cara de mujer. Y en esos años regresó al cine con papeles destacados en la coproducción hispano-argentina Operación San Antonio (1968) y, sobre todo, El santo de la espada (1970), aquel recordado retrato fílmico de José de San Martín que dirigió Leopoldo Torre Nilsson y protagonizó Alfredo Alcón. Allí, Evangelina fue Remedios de Escalada, aunque el papel destacaba, más que una pintura histórica, sus rasgos identificatorios como actriz. Pero hacia adelante no hubo mucho más. Solo algunas presencias destacadas en populares largometrajes para toda la familia, de nuevo junto a su esposo (Me gusta esa chica) y el carismático cantante Donald (En una playa junto al mar), a los que se sumó una presencia permanente en la telenovela Carmiña, de lo más visto en su género en la televisión argentina de los años 70. Ya empezaba a madurar para ella la idea de renunciar a un porvenir artístico que asomaba potencialmente muy exitoso. Empezaban a pesar con fuerza irresistible los afectos más profundos. La familia Ortega a pleno en el festejo de los 50 años de la boda de Palito y EvangelinaAlbum Familiar“Se dio así porque apareció él -declaró a LA NACION en 2023, hablando por supuesto de Palito- y porque yo también tenía la idea y el deseo de algo romántico, por eso le di mucha importancia a lo que me pasó cuando me enamoré. Para mí no fue un sacrificio”. Sentía algo mucho más fuerte e intenso desde un lugar profundamente espiritual: la posibilidad de formar una familia con muchos hijos y dedicar todo el tiempo a criarlos sin distracciones ni compromisos ajenos a ese deber. “Me di cuenta -agregó desde el convencimiento profundo de que había tomado la decisión correcta- que Ramón necesitaba el apoyo de una mujer que lo esperara cuando volviese de trabajar y cuidara de sus hijos”. Fueron seis, todos ellos destacados en distintas facetas de la vida artística: Martín, Julieta, Sebastián, Emanuel, Luis y Rosario. “Nosotros somos tradicionales y me encanta que ellos no se parezcan a sus padres”, destacó. La eterna frescura de una figura que sigue siendo muy querida por todo el públicoDIEGO SPIVACOW / AFVNunca estuvieron distanciados, apenas circunstancialmente separados por cuestiones del trabajo artístico de Palito, comprometido a encabezar giras interminables por América Latina, Estados Unidos y Europa. Evangelina estuvo siempre con él en momentos de grandes decisiones. Primero, cuando la familia entera se mudó a Miami después de la catástrofe económica derivada de la visita de Frank Sinatra a la Argentina. Palito había contratado a La Voz y los costos se dispararon luego de una de las tantas crisis cambiarias que padeció la Argentina, en este caso durante la década del 80. Y más tarde cuando Evangelina se convirtió en Primera Dama de la provincia de Tucumán al ser elegido su esposo como gobernador entre 1991 y 1995. La feliz pareja en una imagen de 2020Gerardo Viercovich - LA NACIONAllí se dedicó a tareas sociales al frente de una fundación y se reencontró con la memoria intacta de quienes la vieron como Jacinta Pichimahuida y no olvidaban esas apariciones televisivas. “Lo único que me ponía nerviosa era tener que dar un discurso. No era lo mío. No era política”, reconoció. De nuevo en el llano, renovó junto a su esposo los votos matrimoniales frente al papa Francisco y siguió consagrada a la vida familiar, ahora cada vez más atenta a sus nietos. “Algunos me preguntan –insistió Evangelina en 2017 ante LA NACION- si voy a volver a la televisión o al cine. No... Ahora se trabaja de otra manera y no me sentiría cómoda. Salvo algo específico que haga Luis, no regresaría”. Pasaron algunos años, pero el talentoso realizador de El ángel, con aquellas palabras de su mamá siempre presentes, sabe que la esperanza es lo último que se pierde. Evangelina SalazarPalito OrtegaCine argentino