Irán, la primera selección de la historia que juega un Mundial estando aún en guerra con el anfitrión, sigue enfrentando problemas para disputar sus partidos en Estados Unidos. La selección persa ha pasado por todo tipo de obstáculos para participar en el torneo, desde trabas diplomáticas hasta desaires del presidente Donald Trump, quien les negó la posibilidad de instalar el campamento en territorio estadounidense. El último episodio llegó este martes, apenas un día después de su debut ante Nueva Zelanda, cuando la Federación Iraní de Fútbol (FFI) informó de que la visa del extremo izquierdo Mehdi Torabi había expirado en pleno Mundial. Horas después, las autoridades estadounidenses le concedieron un nuevo permiso para que pueda disputar los próximos encuentros del torneo.“¡La visa de Mehdi Torabi ha expirado!”, ha escrito la FFI en Telegram. Aunque a los integrantes de la selección se les había expedido un de por sí rígido permiso de entrada múltiple para viajar a Estados Unidos, el permiso de Torabi solo permitía un ingreso al país. La federación inició gestiones de emergencia para regularizar su situación y, tras varias horas de incertidumbre, logró obtener una nueva visa que permitirá al futbolista acompañar al equipo en sus próximos compromisos. El primero será frente a Bélgica en Los Ángeles y después ante Egipto en Seattle.La restricción forma parte del largo recorrido de Irán para llegar al Mundial de México, Estados Unidos y Canadá. Tras el debut, que ha terminado empatado a dos goles, el seleccionador y el capitán, Mehdi Tarem, han mostrado su molestia ante el trato que han recibido de parte del anfitrión. Amir Ghalenoei denunció que su equipo fue obligado a abandonar Estados Unidos apenas unas horas después del encuentro para regresar a su campamento base en Tijuana cuando la expedición esperaba pasar una noche más en California. “No nos dieron siquiera tiempo de recuperarnos”, declaró tras el partido. “Nos han dicho: ‘Deben irse de inmediato’. Es muy importante para nosotros tener tiempo de recuperación, pero se nos pide subir a un avión y volver a nuestro campamento en Tijuana, y eso nos causa problemas”. Y zanjó: “Pienso que nuestro equipo es quizás el más oprimido en la Copa del Mundo”.La llegada de Irán a Tijuana es una de las historias más insólitas de esta Copa, marcada por las tensiones internacionales. Hace cuatro meses, Estados Unidos bombardeó por sorpresa territorio iraní en una operación militar bautizada Furia Épica, lo que empezó una ofensiva que continúa hasta la fecha. Una vez iniciada la guerra, el presidente Trump dijo que la selección de Irán, que tenía previsto instalar su campamento base en Tucson, Arizona, era “libre” de asistir, aunque “no podía garantizar su seguridad”. Luego sugirió que Italia, equipo no clasificado, debía tomar el lugar de Irán en el torneo. La federación persa se enfadó y pidió a la FIFA trasladar sus juegos a México o Canadá, los otros dos anfitriones. La presidenta Claudia Sheinbaum se dijo dispuesta, aunque, con boletos comprados, vuelos y una logística planeada por años, la FIFA terminó por desechar esa posibilidad. El organismo presidido por Gianni Infantino sí le tomó la palabra a Sheinbaum sobre la estadía en México. De esta forma ha llegado Irán al país: la selección duerme y entrena en Tijuana. Viajan a Estados Unidos por la mañana los días de partido. Regresan por la noche. Así funciona el rígido permiso de estancia que Estados Unidos ha otorgado a 55 de los 70 miembros de la delegación.
Irán recupera la visa expirada de un jugador en pleno Mundial y en medio de la crisis de la selección persa en Estados Unidos
La Federación Iraní de Fútbol renueva el permiso de Mehdi Torabi en el último incidente de las restricciones de viaje a los miembros de la delegación













