Ashley Phillips, la turista estadounidense de 30 años cuya desaparición en el Pacífico sur de Costa Rica mantiene en vilo a su familia y a las autoridades (Cortesía Al tanto).La lluvia en el Pacífico sur de Costa Rica no es una simple precipitación; es una cortina densa que borra los caminos, falsea la tierra y satura los sentidos. En medio de ese escenario hostil, donde la naturaleza impone su ley con furia, la familia de Ashley Phillips vive suspendida en el tiempo. Son más de diez días de silencio en que una ciudadana estadounidense de 30 años se adentró en los senderos de Pérez Zeledón y no ha vuelto a salir. Hoy, la angustia de sus seres queridos camina a la par de los ríos desbordados. Las labores de rescate están detenidas, congeladas por un clima que se niega a dar tregua, obligando a los rescatistas a mirar el cielo con impotencia mientras esperan una ventana de buen tiempo para regresar al monte.PUBLICIDADTodo comenzó el miércoles 3 de junio. Ashley, una joven turista con el espíritu aventurero que suele atraer a miles de extranjeros a las tierras costarricenses, decidió realizar una caminata en San Salvador de Barú, una zona montañosa y densamente boscosa ubicada en el cantón de Pérez Zeledón. Lo que prometía ser una jornada de conexión con la naturaleza se transformó en una trampa perfecta.Ese día, Costa Rica ya se encontraba bajo los efectos de un temporal severo. La Comisión Nacional de Emergencias (CNE) había emitido una alerta verde debido a la persistencia de las lluvias. Los suelos, auténticas esponjas saturadas de agua tras semanas de precipitaciones, crujían bajo el riesgo inminente de deslizamientos. En las costas del Pacífico y en los sistemas montañosos, el peligro no era una posibilidad abstracta, sino una realidad latente.PUBLICIDADAshley Phillips fue vista por última vez el pasado 3 de junio en la localidad de San Salvador de Barú, Pérez Zeledón.Ashley no regresó a su hospedaje. El 7 de junio, cuatro días después de su último avistamiento, la alerta formal llegó a los escritorios del Organismo de Investigación Judicial (OIJ). Para entonces, el rastro de la joven ya se desdibujaba bajo las corrientes de agua y el lodo que cubrían la región.A miles de kilómetros de distancia, o quizás en vilo desde el propio suelo tico, la familia Phillips experimenta un dolor sordo y paralizante. “Estamos viviendo la peor pesadilla de cualquier padre o hermano”, expresaron a través de una desgarradora campaña en la plataforma GoFundMe. La iniciativa no solo busca canalizar el dolor en acción, sino recaudar fondos para apoyar logísticamente a las brigadas de voluntarios que, arriesgando sus propias vidas, se han internado en el fango para buscar pistas. El avance de los días es el peor enemigo de la esperanza, pero los Phillips se aferran a ella con una tenacidad admirable. PUBLICIDADLa familia abogó que todos los ingresos se destinarán a apoyar a los dedicados voluntarios que trabajan incansablemente en la búsqueda de Ashley.El desafío actual no es humano, es meteorológico. Los equipos de rescate saben que ingresar a la zona de San Salvador de Barú bajo las condiciones actuales es un suicidio táctico: las inundaciones bloquean los accesos y la inestabilidad del terreno amenaza con provocar nuevos aludes. La orden es clara pero dolorosa: esperar a que el clima mejore en la zona. Mientras tanto, el caso de Ashley Phillips ha trascendido las fronteras, ocupando las portadas de medios locales e internacionales. Es la historia de una espera compartida, el retrato de una comunidad y una familia que se niegan a dar el brazo torcer ante la ferocidad del invierno tropical. La montaña sigue guardando el secreto del paradero de Ashley, pero abajo, en la llanura, nadie pierde la fe de que el cielo finalmente se abra. PUBLICIDAD