Josimar José Évora Dias compareció ante los periodistas después del debut de Cabo Verde ante España,entre lágrimas y con la voz quebrada. Pero en realidad quien hablaba era Vozinha. Y quien lloraba tampoco era el portero de 40 años que acababa de firmar una actuación memorable. Era el niño que había pasado media vida soñando con una noche como aquella.
El Mundial tiene esa virtud. Cada edición rescata del anonimato relativo a un futbolista y lo instala, aunque sea durante unas horas, en el centro del escenario. Esta vez le tocó a Vozinha, un veterano curtido en mil aventuras, capaz de sostener a su selección frente a una España lanzada al ataque y de convertirse en héroe nacional en el día más importante de la historia futbolística de Cabo Verde.
Mientras se secaba las lágrimas sobre el césped de Atlanta, es fácil imaginar que su memoria viajara muchos años atrás, hasta aquellas calles donde nació su apodo.
El nacimiento de su apodo y el recuerdo imborrale de su abuelita
A finales de los años ochenta y principios de los noventa, como tantos niños caboverdianos, pasaba las horas jugando al futbol. Lo hacía bajo la tutela de sus abuelos, porque su madre trabajaba y su padre cumplía el servicio militar.











