Andrzej Poczobut, periodista e historiador bielorruso y perteneciente a la minoría polaca en el país, volverá a su ciudad, Grodno, en septiembre. Lo hará tras haber pasado cinco años en la cárcel y con dudas sobre si el gobierno de Aleksandr Lukashenko está listo para “aflojar las tuercas” de la represión. Ganador del premio Sájarov en 2025, la mayor distinción de la Eurocámara a la lucha por los derechos humanos, hablará ante los eurodiputados este miércoles en Estrasburgo.“Espero recordarles la situación de los presos políticos en Bielorrusia y la situación de la minoría polaca en Bielorrusia, que fue el motivo principal de mi proceso penal”, explica a La Vanguardia en una entrevista junto a otros medios europeos. Poczobut subraya que “la minoría polaca ha sido rehén de la política de Lukashenko” desde hace más de una década.Él mismo fue encarcelado en varias ocasiones antes de ser trasladado a una colonia penal en 2021. En 2023 fue condenado por atentar contra la seguridad nacional e incitar “a la discordia nacional, religiosa y social”. Desde 2006 era corresponsal de Gazeta Wyborcza, uno de los periódicos más leídos en Polonia. Cuando recibió el premio de la Eurocámara no pudo recogerlo por estar en prisión. Fue liberado en abril de este año, en un intercambio de prisioneros entre Polonia y Bielorrusia.Preguntado por la relación entre Bielorrusia y el Kremlin, el historiador considera que “a Rusia no le interesa que Bielorrusia participe en la guerra” contra Ucrania. “La clave es que el potencial del ejército bielorruso no es abrumador. Y creo que esa es la razón; necesitaban el territorio para el ataque. Después de obtenerlo, creo que la participación de Bielorrusia se limitará a eso. En mi opinión, Rusia no obligará a Lukashenko a usar esas unidades militares porque se dan cuenta de que su fuerza no es suficiente, y las consecuencias de la participación directa de Bielorrusia en la guerra podrían empeorar los intereses rusos en esta parte del mundo”, justifica.No obstante, reconoce que la guerra es “híbrida” y que Lukashenko ya ha “utilizado la crisis de los refugiados” en conversaciones con Occidente. “Conocí a refugiados encarcelados en Bielorrusia y hablaban de cómo tenían anuncios en televisión que decían que podían entrar en la Unión Europea desde países de África”, cuenta. De hecho, otro papel fundamental es el de la propaganda rusa. Poczobut apunta que la información sobre el conflicto que llega a Bielorrusia procede de la propaganda. Además, añade: “Mirando las cifras dadas para los participantes en la guerra, vemos que hoy hay más bielorrusos luchando del lado de Rusia que del lado de Ucrania”.El periodista recuerda que “la gente tiene miedo a hablar” y que el periodismo “no existe de manera normnal” en BielorrusiaEl periodista recuerda que su oficio no “existe de forma normal” en Bielorrusia, “la gente tiene miedo a hablar”. Por esta razón, asegura que se “ocupará de la historia”, como lleva haciendo toda su carrera. Explica que su vuelta al país se ha retrasado hasta que ha tenido su pasaporte y que la intervención estadounidense “cambió todo”, al permitirle salir de la cárcel con la posibilidad de volver a su país.Sobre si la Unión Europea podría haber hecho más por su caso, Poczobut se refiere a la técnica “del poli bueno y el poli malo”. “Esta es una táctica que se conoce desde hace cientos de años y todavía da resultados. El resultado a menudo lo logra el policía bueno, pero sin el policía malo, tampoco funciona”, indica. Además de reconocer su labor con el premio, el Parlamento Europeo aprobó una resolución en 2023 pidiendo su liberación inmediata.Poczobut asegura que no puede responder sobre si “las cosas han cambiado en Bielorrusia”, porque se ha pasado los últimos años en prisión. Pero cree que el hecho de que Lukashenko permitiese la entrada del evangelista Franklin Graham en Minsk, que reunió a más de 31.000 personas, es una muestra de que el presidente bielorruso, en el poder desde 1994, está dispuesto a relajar la opresión sobre los ciudadanos, algo que según él, también muestran las amnistías concedidas a algunos presos políticos.Sin embargo, según las organizaciones por los derechos humanos, en Bielorrusia hay todavía más de 800 presos políticos y, entre ellos, una veintena de periodistas. “Algunos ciudadanos no quieren dar el nombre de sus familiares, porque creen que podría empeorar su situación”, apunta Poczobut, por lo que las cifras podrían ser superiores. “Estamos a cinco minutos del totalitarismo. Espero que podamos estar, al menos, a 10 o 15 minutos de distancia”, concluye.Publicación elaborada en el marco del proyecto ‘Europa de Vanguardia’, con el apoyo del Parlamento Europeo y siguiendo el criterio editorial de ‘La Vanguardia’Bruselas. Servicio especial