Para quienes se hayan incorporado hace relativamente poco a las MMA quizás les haya pasado casi por alto la relevancia que tuvo la decisión de Aleksandre Topuria de parar la pelea de su hermano. Arrojar la toalla puede que parezca un gesto obvio o normal de los deportes de contacto pero, en MMA, es bastante raro, especialmente si hablamos de UFC y de la disputa de un cinturón.En esta disciplina y en este nivel lo habitual es que nunca se tire la toalla, independientemente de lo que esté pasando en el octágono: si hay que morir, se muere. Esta es la tendencia dominante de este deporte y aquella contra la que, con muy buen criterio, se rebeló Aleksandre Topuria. Puede que haya quien interprete el gesto como un acto de cobardía pero, en realidad, hay que ser muy honesto y valiente para romper este código tácito de las MMA, y más en este momento.Al decir al árbitro que no continuaban, Aleksandre estaba cuidando de su luchador y, sobre todo, de su hermano. A lo largo de la historia de este deporte hemos visto auténticas carnicerías que, sin acabar en nocaut, han tenido muy serias consecuencias para los luchadores.Un ejemplo directo podría ser el de Tony Ferguson, cuya esquina se negó a tirar la toalla durante su pelea con, precisamente, Justin Gaethje. El Cucuy aguantó casi cinco asaltos hasta que el propio árbitro decidió parar el combate. Ferguson nunca volvió a ser el mismo dentro de un octágono después de aquel día.Otro ejemplo es el de Brian Ortega, que absorbió una ingente cantidad de golpes frente a Max Holloway y Alex Volkanovski. Y lo mismo puede decirse de Michael Bisping, que perdió la visión de un ojo después de un combate con Vitor Belfort. El birtánico, de hecho, terminó perdiendo el ojo y no es raro que aproveche su fama para tratar de concienciar sobre el peligro de las lesiones oculares.