La masacre de cuatro personas este fin de semana en Azcapotzalco, entre ellas, un menor, ilumina la virulencia de grupos pequeños en la capital donde, paradójicamente, se registran menos asesinatos que nunca

Eran las primeras horas del domingo. Los muchachos llegaron en moto a la puerta de la vivienda y pegaron cuatro gritos: “¡Investigación, investigación!”. Enseguida, se colaron en la casa, las armas listas para atacar. Una vez dentro, empezaron a preguntar por el Virus, según una persona que atestiguó los hechos y vivió para contarlo. “¿Dónde está el Virus, dónde?”, gritaban. Con las manos arriba, nadie dijo demasiado o, si alguien lo hizo, no les importó. Convertidos en asesinos, los jóvenes la emprendieron a tiros contra los presentes. Mataron a cuatro, entre ellos, un menor, y mandaron a dos al hospital. Luego, huyeron. De momento, no hay detenidos.

El caso ha sorprendido por la virulencia de los atacantes. No es habitual que criminales se comporten así en Ciudad de México, urbe que maneja un sofisticado cerco virtual gracias a su sistema de cámaras de vigilancia. Pero lo hicieron y la preocupación existe en las autoridades locales. “Todo parece parte de la disputa que traen, por un lado, lo que queda de los Mal Portados y, por el otro, un compa al que le dicen Virus, que salió de prisión hace relativamente poco. Todos se conocían entre sí o eran parte del mismo grupo. Luego se separaron y pelearon”, dice una fuente cercana a la investigación.