OpiniónVotar responsablemente consiste en reconocer que las decisiones tienen consecuencias y que no basta con querer algo para que suceda como nos gustaría.ESCRITOR Y PERIODISTA15.06.2026 23:01 Actualizado: 15.06.2026 23:01 Es una advertencia que atraviesa mitos, novelas y experiencias humanas de todos los tiempos. Tal vez quien mejor explicó esta máxima fue Johann Wolfgang von Goethe en ‘Fausto’, la gran obra maestra de la literatura.Fausto anhela aquello que considera inaccesible por los medios ordinarios: conocimiento ilimitado, poder, juventud, prestigio y la posibilidad de satisfacer plenamente sus aspiraciones. Ante la frustración de los límites humanos, acepta el pacto con Mefistófeles. Lo decisivo no es el deseo, sino el hecho de que el deseo se vuelve más importante que el examen de los medios utilizados para alcanzarlo. La promesa ocupa el lugar de la prudencia.Trasladado al ámbito político, el paralelismo resulta evidente. Una sociedad puede sentirse frustrada por problemas persistentes –desigualdad, inseguridad, corrupción, estancamiento económico o exclusión social– y llegar a un punto en que los procedimientos institucionales parezcan demasiado lentos o insuficientes. En ese contexto, surge quien ofrece una solución extraordinaria, rápida y aparentemente definitiva. Como Fausto, la comunidad escucha una promesa que coincide con sus anhelos más profundos y deja de preguntarse cuál es el precio que deberá pagar para conseguirlos.La enseñanza del mito no es que los deseos sean ilegítimos. Fausto desea conocimiento y plenitud; los ciudadanos desean bienestar y justicia. El problema aparece cuando la fascinación por el resultado prometido impide evaluar las condiciones, los límites y las consecuencias de la decisión. En el relato, Fausto descubre que cada beneficio obtenido tiene un costo oculto. En la política, ese costo puede manifestarse en el debilitamiento de las instituciones, la pérdida de libertades, el deterioro económico o la polarización social.El mito de Fausto conserva una sorprendente actualidad. No es la historia de un hombre malvado, sino la de alguien que deseaba tanto una respuesta a sus frustraciones que dejó de preguntarse por el precio del remedio. Cuando una promesa política parece satisfacer exactamente todos los anhelos colectivos, conviene recordar que el problema no está en desear un futuro mejor, sino en olvidar que toda promesa tiene condiciones, costos y consecuencias. Fausto no fue víctima de sus sueños, sino de su incapacidad para examinar el pacto que le ofrecían.Votar responsablemente consiste precisamente en reconocer que las decisiones tienen consecuencias y que no basta con querer algo para que suceda de la forma en que nos gustaría. La dificultad aparece cuando el deseo se convierte en el principal criterio para decidir. En ese momento dejamos de preguntar cómo se alcanzará una meta y concentramos toda nuestra atención en la promesa de los resultados. Queremos seguridad, prosperidad, justicia, empleo, paz o crecimiento económico, y quien ofrezca satisfacer esas aspiraciones tiene una ventaja enorme, incluso si los medios para lograrlo son vagos, contradictorios o perversos.Cuando una promesa política parece satisfacer exactamente todos los anhelos colectivos, conviene recordar que el problema no está en desear un futuro mejor, sino en olvidar que toda promesa tiene condiciones, costos y consecuenciasEn una elección presidencial, millones de personas deben tomar una decisión que afectará el rumbo de un país durante años. Sin embargo, rara vez disponen de información suficiente para evaluar con rigor cada propuesta. Las campañas se desarrollan en un ambiente saturado de propaganda, emociones, mensajes simplificados y redes sociales que privilegian el impacto inmediato sobre el análisis cuidadoso. La información llega fragmentada, muchas veces distorsionada, y el ciudadano termina enfrentado a una tarea extraordinariamente compleja con herramientas insuficientes.El deseo ocupa el lugar que debería corresponder al conocimiento. Los candidatos lo saben. Por eso, las campañas más exitosas suelen ser las que logran interpretar los anhelos colectivos y convertirlos en consignas emocionalmente poderosas. Es entonces cuando más necesitamos un espíritu crítico que permita contrastar la intensidad del deseo con el precio que tendremos que pagar.FRANCISCO CAJIAOfcajiao11@gmail.com Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. BOLETINES EL TIEMPORegístrate en nuestros boletines y recibe noticias en tu correo según tus intereses. Mantente informado con lo que realmente te importa.EL TIEMPO GOOGLE NEWSSíguenos en GOOGLE NEWS. 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Votar responsablemente consiste en reconocer que las decisiones tienen consecuencias y que no basta con querer algo para que suceda como nos gustaría.









