Los ciudadanos no estadounidenses siguen este lunes sin poder acceder a Fable, el último modelo de Anthropic: “Claude Fable 5 no está disponible actualmente”, dice la ventana de escritura de los chats de Claude. Allí hay un link que enlaza con un comunicado de la compañía: “El Gobierno de Estados Unidos, invocando competencias en materia de seguridad nacional, ha emitido una directiva de control de exportaciones para suspender todo acceso a Fable 5 y Mythos 5”, empieza el mensaje. Solo estuvo disponible tres días para no estadounidenses.Anthropic anunció Mythos Preview en abril. A la vez, creó el programa Glasswing para ceder ese modelo, presuntamente con una increíble capacidad en ciberseguridad para encontrar agujeros informáticos, a empresas escogidas para que parchearan sus sistemas antes de hacerlo público. Anthropic advirtió de que hackers malos podrían usar su modelo con consecuencias “severas” para la economía y seguridad nacional. Fable es solo una versión capada y limitada de ese modelo, pero al Gobierno de EE UU le parece igualmente peligrosa en manos extranjeras y ha optado por prohibirla. Según Anthropic, el único indicio del peligro de Fable que le ha dado el Gobierno procede de un informe que, según varios medios estadounidenses, está impulsado por Amazon. Anthropic responde que ese riesgo es muy específico y que ya otros modelos como ChatGPT 5.5 ofrecen esa capacidad. La compañía está este lunes tratando de desbloquear el asunto en Washington. No está claro si la Casa Blanca cederá. Más allá de estos detalles, hay una pregunta obvia desde fuera de EE UU: ¿qué pasa con los miles de empresas e individuos que empezaron a usar Fable 5, les daba unos resultados que no habían obtenido con otros modelos y, de repente, se encuentran sin poder usarlo?“Se veía venir, no es ninguna sorpresa”, dice Germán Rigau, director adjunto del Centro Vasco de Tecnología de la Lengua. “El mensaje es claro: depender de modelos estadounidenses de última generación es un riesgo regulatorio y geopolítico, no solo comercial”, dice Juli Ponce Solé, catedrático de Derecho Administrativo de la Universitat de Barcelona, especializado en IA. “Puedes integrar un modelo en servicios, administración pública, banca o salud y ver cómo queda cortado por una decisión de EE UU”, añade.Las pocas grandes tecnológicas que crean los modelos más punteros (Anthropic, OpenAI, Google, Meta, SpaceX) son todas estadounidenses. Solo China tiene empresas que pueden acercarse, por ahora. Esto da un increíble poder al Gobierno de EE UU, sus empresas y ciudadanos, que podrán disponer de modelos que, aparte de hipotéticamente afectar a la seguridad nacional, pueden contribuir a avances científicos o mejores procesos empresariales. “Este problema de su seguridad nacional se convierte en nuestro riesgo estratégico”, dice María Grandury, fundadora de la organización SomosNLP e investigadora en la Universidad Politécnica Federal de Lausana (Suiza). “El problema no es el bloqueo, sino habernos vuelto dependientes de algo que es cerrado y extranjero”, añade.“Una implicación clara es una mayor incertidumbre operativa, ya que el acceso a estos modelos cambia de manera repentina, incluso un tanto errática, y por decisiones regulatorias externas”, dice Nuria Oliver, directora de Ellis Alicante. “Esto puede llevar a costes más altos por necesidad de acuerdos con otros proveedores. Hay, por tanto, incentivos potentes para diversificar proveedores y construir capacidades locales. En Europa, esta situación podría servir para impulsar la soberanía digital europea y podría ser una oportunidad para empresas europeas como Mistral para poner en valor sus modelos”, añade.La cuesta europeaEsto no es tan sencillo como parece. En Europa hay dos grandes empresas de IA: la inglesa DeepMind, que hoy es propiedad de Google, y la francesa Mistral, creadores del modelo Le Chat, que está lejos aún de la capacidad estadounidense. En España solo ha habido pequeños proyectos impulsados por el Gobierno, que no han fructificado: Alia e Ilenia. Los expertos coinciden en dos problemas, aunque no en igual medida: la inversión y la regulación.“Tenemos que ponernos las pilas. Europa no tiene esta tecnología. No hemos invertido el dinero. No lo estamos haciendo bien. EE UU invertirá 820.000 millones de euros, más de diez veces los fondos de recuperación que nos tocaron, 70.000 millones. Para Ilenia se dieron 7,5 millones y para Alia, 8”, dice Rigau. “Aunque también podemos dejarlo, parar, quedarnos aquí donde estamos, en segunda o tercera división. Quien tenga eso podrá hacer cosas que nosotros no podremos. Ni tenemos modelos de tanto cómputo ni sabemos hacerlos. Los europeos estamos desaparecidos del mapa”, añade. La regulación obliga a compañías europeas a tener en cuenta factores que en Silicon Valley menosprecian: “La supervisión regulatoria puede aumentar los costes y puede ralentizar la innovación”, dice Alfonso Ureña, catedrático de Lenguajes y Sistemas Informáticos de la Universidad de Jaén. “Además, no se puede tratar la regulación como un solo concepto, sino que existirán muchos conceptos, como la privacidad, derechos de autor, fallos probabilísticos. Los datos que se han utilizado en Alia tienen que tener documentadas sus fuentes; este ha sido uno de los grandes problemas con los que nos hemos enfrentado, que solo hemos podido entrenar con datos disponibles legalmente”, explica. Una alternativa para la in¡versión española es hacer algo útil pero de menos empaque que los grnades modelos globales: “Con el nivel de inversión que tenemos en España lo mejor que podemos hacer es generar datasets de calidad, que cumplan con la ley y luego especializar modelos a nuestros casos de uso o cultura", dice Grandury.Un problema posible para las grandes empresas es que su futura valoración en Bolsa se degrade porque ya no tendrán a todo el mundo de potenciales clientes, sino solo a estadounidenses. Aunque es probable que la solución sea algo intermedio, donde hay modelos y clientes de primera y de segunda, como ya ocurre en parte con software crítico, la nube y los semiconductores, dice Oliver: “No es probable que el futuro sea que estas empresas solo trabajen para sus países, incluso si hay bloqueos puntuales como el de Fable/Mythos, pero sí es bastante probable que veamos un mercado cada vez más segmentado por capas de acceso y regulación. Los modelos más avanzados podrían estar disponibles globalmente, pero con restricciones distintas según el país, el nivel de riesgo percibido o el tipo de uso. Así, las empresas no dejan de ser globales, pero su producto se regionaliza en la práctica”. Su éxito cuando salgan a Bolsa en los próximos meses dependerá más de su capacidad que de las decisiones de Trump: “Dependerá de si consiguen mantener liderazgo tecnológico, contratos empresariales sólidos y alianzas con gobiernos”, añade Oliver.