Hay creadores que buscan historias en los grandes titulares y luego est� Diego San Jos�. Mientras buena parte de la ficci�n contempor�nea parece empe�ada en perseguir polic�as, asesinos en serie, narcotraficantes o pol�ticos corruptos, �l decidi� convertir a una inspectora de Hacienda en protagonista de una de las series m�s singulares de los �ltimos a�os. Y lo m�s sorprendente no es que lo hiciera. Lo verdaderamente extra�o es que funcionara.Cuando Celeste lleg� a Movistar Plus, la premisa parec�a un desaf�o a cualquier manual televisivo: una inspectora tributaria obsesionada con demostrar que una estrella de la m�sica resid�a realmente en Espa�a para obligarla a tributar aqu�. Sobre el papel sonaba a expediente administrativo y a realidad -aunque todo fue un c�mulo de coincidencias-. En pantalla acab� convirti�ndose en un thriller emocional atravesado por la soledad, la obsesi�n y una mirada tan ir�nica como inc�moda sobre la relaci�n de los espa�oles con los impuestos.Ahora, mientras los focos iluminan de nuevo los despachos de la Agencia Tributaria y los pasillos de Guzm�n el Bueno, la serie regresa con una decisi�n todav�a m�s inesperada: mirar hacia atr�s.La primera temporada terminaba con una sensaci�n de cierre poco habitual en la televisi�n. No parec�a existir ning�n cabo pendiente. Ninguna puerta abierta. Ninguna trama esperando una continuaci�n. Lo l�gico habr�a sido dejar descansar a Sara Santano. O, en el mejor de los casos, inventar una nueva investigaci�n situada despu�s de los acontecimientos ya conocidos.Pero Diego San Jos� nunca ha parecido demasiado interesado en lo l�gico. Ah� radica su talento; ah� est�n Yakarta, Vota a Juan y la propia Celeste."La condici�n era que solo sigui�ramos adelante si aparec�a una idea que tuviera la misma fuerza y supusiera el mismo reto creativo"Diego San Jos�, creador y guionista"Por primera vez en mi vida hubo un proceso desde la calma", explica el guionista. "La primera temporada hab�a funcionado muy bien, pero la condici�n era que solo sigui�ramos adelante si aparec�a una idea que tuviera la misma fuerza y supusiera el mismo reto creativo".La idea apareci� donde nadie estaba mirando.No despu�s.Antes.La segunda temporada se convierte as� en una precuela. Un viaje al origen de Sara Santano. Una inmersi�n en la vida de una mujer que el espectador ya conoce, pero cuyos mecanismos internos permanec�an ocultos."Si hemos conocido a una mujer que est� lidiando con la soledad y con una viudedad reciente, hab�a algo muy atractivo en entender d�nde naci� todo eso", explica San Jos�. "Yo lo comparaba con las historias de origen de los superh�roes. Esta ser�a la historia de El origen de una inspectora de Hacienda".La ocurrencia podr�a parecer un simple giro narrativo, pero quienes han le�do los guiones insisten en que hay algo m�s."Cuando lees esta temporada es alucinante c�mo ha conseguido hilvanarlo todo", cuenta la directora Elena Trapp�. "Realmente parece que lo tuviera pensado desde el principio".Trapp� recuerda que las bromas sobre una posible continuaci�n comenzaron incluso antes de que terminara la primera temporada. Durante el rodaje ya fantaseaban con nuevas posibilidades para Sara Santano. Lo que nadie imaginaba era que el camino elegido consistir�a en desmontar el personaje para volver a construirlo desde los cimientos."Estoy convencida de que la cabeza de Diego nunca deja de funcionar", dice entre risas la directora. "Y tambi�n estoy convencida de que en alg�n rinc�n de su cerebro ya existe una posible tercera temporada".La afirmaci�n encaja perfectamente con la imagen que proyecta San Jos�. La de un observador obsesivo de las peque�as rarezas nacionales. Un autor que parece encontrar historias precisamente all� donde nadie considera que pueda haberlas.�l lo explica de una manera mucho m�s sencilla: "Espa�a es un frigor�fico que nunca se termina". La frase resume buena parte de su carrera.Porque Celeste no es realmente una serie sobre Hacienda. Del mismo modo que Vota Juan nunca fue �nicamente una serie sobre pol�tica. Lo que le interesa es utilizar instituciones reconocibles para explicar comportamientos colectivos. Examinar las costuras de un pa�s a trav�s de sus obsesiones, sus contradicciones y sus zonas m�s inc�modas.Y pocas contradicciones resultan tan espa�olas como la relaci�n simult�nea de amor y odio que mantenemos con los impuestos.Durante la primera temporada, Sara Santano persegu�a a una estrella musical. En esta ocasi�n el objetivo pertenece a una categor�a todav�a m�s delicada: los futbolistas."Si tenemos que buscar el antagonista absoluto de un inspector de Hacienda, en Espa�a ese antagonista es un futbolista", sostiene San Jos�. "El f�tbol nos lleva a un nivel de pasi�n y de bajos instintos que no compite con ninguna otra cosa".La observaci�n parece exagerada hasta que el propio guionista recuerda una escena real que termin� convirti�ndose en combustible creativo para la serie.Sucedi� durante el juicio a Leo Messi por fraude fiscal.A las puertas de los juzgados se congregaron aficionados dispuestos a apoyar al futbolista. Entre ellos hab�a estudiantes de un instituto cercano. Cuando un periodista pregunt� a uno de aquellos chavales qu� le parec�a que su �dolo pudiera haber defraudado millones de euros, la respuesta fue inmediata: "A m� mientras meta goles".San Jos� no ha olvidado aquella frase. Porque, en realidad, no hablaba de Messi. Hablaba de Espa�a."Creo que a los futbolistas les hemos perdonado todo lo que hacen mal de lunes a viernes si el domingo meten goles", reflexiona. "Eso cuenta mucho de nosotros como sociedad".La nueva temporada nace precisamente de esa tensi�n. Del choque entre la instituci�n menos popular del pa�s y una de las figuras m�s idolatradas de nuestro imaginario colectivo.Un conflicto que, bajo la apariencia de thriller tributario, vuelve a funcionar como una radiograf�a cultural.Tambi�n por eso resulta tan importante comprender qui�n era Sara Santano antes de convertirse en la mujer que conocimos. Porque detr�s de la inspectora inflexible existe una historia personal que apenas hab�amos intuido.Una de las claves de la nueva temporada aparece resumida en una frase que Carmen Machi escuch� durante el proceso creativo y que termin� convirti�ndose en una especie de br�jula para entender al personaje: "Sara Santano es una mujer �ntegra capaz de pervertir sus propios valores para cumplirlos".La definici�n fascina a San Jos� porque encierra una contradicci�n muy humana. Sara cree profundamente en aquello que hace. Tanto que est� dispuesta a cruzar l�neas que otros considerar�an cuestionables. No por ambici�n. No por beneficio personal. Sino porque est� convencida de que tiene raz�n.Es una clase de integridad tan extrema que acaba rozando la obsesi�n. Y es precisamente ah� donde Carmen Machi encuentra la complejidad del personaje.La actriz vuelve a asumir el peso absoluto de la serie. Algo especialmente visible en una ficci�n que nunca ha sido coral. Todo gira alrededor de Sara Santano. Sus silencios. Sus enfados. Sus contradicciones. Sus heridas."Cualquier interacci�n con Carmen tiene que estar muy bien. Da igual que sea un camarero que le dice buenos d�as o un personaje que comparte media temporada con ella"Elena Trapp�, directoraElena Trapp� lo tiene claro: "Cualquier interacci�n con Carmen tiene que estar muy bien. Da igual que sea un camarero que le dice buenos d�as o un personaje que comparte media temporada con ella. Todo tiene que funcionar".La directora habla de Celeste como una serie construida desde los actores. Y, especialmente, desde Carmen Machi.La relaci�n entre ambas llega ya consolidada despu�s de una primera temporada en la que tuvieron que construir juntas la voz, los gestos y el universo emocional de la inspectora.Ahora gran parte de ese trabajo ya est� hecho. Lo que permanece intacto es la admiraci�n."Recuerdo ver el primer pase de la serie y descubrir cosas en los ojos de Carmen que ni siquiera hab�a visto durante el montaje", cuenta Trapp�. "Pensaba: por favor, todo lo que esta persona es capaz de transmitir simplemente mirando al infinito".Hay algo revelador en esa observaci�n. Porque explica por qu� Celeste funciona incluso cuando aparentemente no ocurre nada. Porque los silencios de Sara Santano suelen contener m�s informaci�n que muchos di�logos. Porque Machi consigue que un gesto m�nimo tenga consecuencias dram�ticas. Porque detr�s de la aparente frialdad del personaje siempre existe una emoci�n intentando abrirse paso.La construcci�n visual de esa emoci�n vuelve a recaer sobre Elena Trapp�, una directora que reconoce haber afrontado esta segunda temporada desde un lugar distinto. "El tono ya estaba construido", explica. "En la primera temporada el reto era encontrar ese equilibrio entre la comedia, el drama y el thriller. Ahora hemos podido trabajar desde una cierta tranquilidad".Eso no significa que el trabajo haya sido m�s sencillo. La llegada de nuevos personajes obligaba a reconstruir parte del universo. Nuevos actores. Nuevas relaciones. Nuevos conflictos.Y tambi�n nuevos espacios. Uno de los m�s importantes era la vivienda de Sara Santano.La casa original utilizada durante la primera temporada desapareci� tras ser vendida y completamente reformada. La soluci�n adoptada por el equipo parece una peque�a muestra del perfeccionismo que rodea la serie.Reconstruirla.Literalmente.El departamento art�stico tom� medidas de cada rinc�n antes de perder el acceso al inmueble y levant� una r�plica pr�cticamente exacta en plat�. "El espectador no va a notar la diferencia", asegura Trapp�.La obsesi�n por el detalle encaja con una producci�n que desde el principio ha vivido instalada en el territorio del riesgo.Alejandro Fl�rez, productor de 100 Balas, todav�a recuerda la primera vez que escuch� el proyecto. "Cuando Diego te dice que quiere hacer una serie sobre una inspectora de Hacienda piensas: menos mal que me lo est� diciendo �l".La frase resume bien la confianza que despierta el creador dentro de la industria. Porque la premisa, aislada de cualquier contexto, sigue pareciendo improbable. Sin embargo, quienes trabajan con �l coinciden en se�alar una caracter�stica com�n. La capacidad para condensar una serie entera en una sola frase.Lo hizo con Celeste: "Era como Zodiac, pero con el IRPF". Y bast� eso. Los productores entendieron inmediatamente que hab�a algo ah�. No una historia sobre impuestos. Sino una historia sobre obsesiones. Sobre identidad. Sobre las extra�as jerarqu�as morales que construimos como sociedad.Quiz� por eso Celeste ha terminado conectando con p�blicos muy distintos. Porque utiliza un entorno aparentemente gris para hablar de asuntos profundamente humanos.Incluso los propios inspectores de Hacienda han reaccionado con sorpresa. San Jos� reconoce que muchos de ellos le trasladaron una queja tan divertida como reveladora despu�s del estreno de la primera temporada. "No somos tan grises como nos has retratado". Era una observaci�n l�gica.Cuando alguien se ve reflejado en la ficci�n suele esperar una fotograf�a exacta de s� mismo. Pero la ficci�n nunca trabaja as�. Necesita exagerar. Condensar. Simplificar. Convertir personas reales en personajes.Lo parad�jico es que, aun as�, Celeste ha conseguido algo que parec�a imposible: humanizar una profesi�n tradicionalmente asociada a la desconfianza ciudadana. Y quiz� ah� resida uno de sus mayores logros. No en explicar c�mo funciona una inspecci�n tributaria. Ni siquiera en construir un thriller eficaz. Sino en obligar al espectador a mirar dos veces donde antes nunca miraba. A detenerse en figuras que normalmente permanecen fuera del foco. A descubrir que detr�s de cada instituci�n existen personas.Es una constante en la obra de Diego San Jos�: buscar lo invisible. Dar protagonismo a quienes nunca ocupan el centro del relato. Convertir una esquina olvidada de la realidad espa�ola en materia dram�tica.Por eso resulta dif�cil creer que Celeste termine aqu�. Porque si algo dejan claro quienes trabajan a su lado es que la imaginaci�n de San Jos� sigue movi�ndose mucho m�s r�pido que el resto. Y porque, como �l mismo dice, Espa�a contin�a siendo un frigor�fico inagotable.Un pa�s donde una inspectora de Hacienda puede convertirse en hero�na, donde un futbolista acusado de fraude sigue recibiendo aplausos y donde la ficci�n todav�a encuentra territorios v�rgenes en los lugares m�s inesperados. A veces basta con saber d�nde mirar.La claqueta vuelve a sonar en el plat� de Celeste. Los manguitos de Sara Shantanu est�n listos, las lupas fiscales apuntan al palco de honor y la maquinaria de Diego San Jos� funciona a pleno rendimiento. Prep�rense para una temporada que promete demostrar que la declaraci�n complementaria de nuestro pasado es, a veces, la �nica forma de entender el fraude de nuestro presente; que la comedia nacional se escribe mejor con el ce�o fruncido y una calculadora de doce d�gitos; y que, en este bendito pa�s tan propenso a perdonar los pecados a golpe de chilena y gol por la escuadra, una inspectora de Hacienda cabreada y con el reglamento en la mano es infinitamente m�s peligrosa que cualquier delantero centro pisando el �rea peque�a. Al fin y al cabo, como bien nos recuerda el propio San Jos�, asumiendo su rol como el verdadero arquitecto en la sombra de este implacable engranaje: "Al final, yo no dejo de ser la Sara Santano de la serie".
C�mo convertir a una inspectora de Hacienda en hero�na nacional
Hay creadores que buscan historias en los grandes titulares y luego est� Diego San Jos�. Mientras buena parte de la ficci�n contempor�nea parece empe�ada en perseguir...








