Francisco Guillermo Ochoa (Guadalajara, 40 años) ha pasado más de la mitad de su vida bajo el escrutinio público mexicano. Ha sido desde el 15 de febrero de 2004 protagonista del fútbol por atajadas imposibles, por desviadas agónicas y por una elasticidad comparable al chicle. Debutó en uno de los clubes más exigentes de su país, el América, y se ha vestido de héroe cada vez que defiende a México en un Mundial. Su nombre ha estado inscrito en seis Copas del Mundo y ha superado así a otro histórico guardameta mexicano, Antonio Tota Carbajal, el conocido como cinco Copas. Hoy Memo Ochoa es el seis Copas, un pulpo que ve cerca el retiro. “La selección de México ha sido mi brújula, mi dirección en mi vida. No entiendo mi carrera sin la selección”, contó Ochoa en una entrevista con la FIFA, donde habla de su carrera a raíz de una carta que le mandó su hija Luciana. El guardameta, un roble sonriente ante los medios, se quiebra cuando lee el agradecimiento de su familia pese a pasar años sin vacaciones ni encuentros familiares. “Desde chiquita te he visto representar a México con mucho orgullo, también he visto todo el esfuerzo que hay detrás de ello. Los viajes, los entrenamientos y los cumpleaños en los que no pudiste estar porque estabas trabajando por representar a México”, le escribe Luciana.“No sé qué sería mi carrera sin la selección y ahora que termine la selección no le veo más sentido al fútbol. No le ve veo más sentido al seguir jugando”, dice Ochoa cubierto de lágrimas en el Centro de Alto Rendimiento de Ciudad de México. El veterano portero es ahora mismo el suplente de Raúl Rangel, de 26 años. El guardameta de los rizos ha entendido que el momento es de su compañero y que le toca transmitirle todos los consejos que alguna vez recibió de Oswaldo Sánchez, Jorge Campos o de Óscar Pérez. “He disfrutado cada momento. Lo he dado todo, lo he dejado todo. Me voy en paz, con la cabeza en alto y orgulloso de haber vivido esto”, agrega.Ochoa fue suplente en los Mundiales de 2006 y 2010. En este último pudo ser el titular porque durante el proceso se había consolidado, pero una decisión sorpresiva de Javier Aguirre le relegó al banquillo. El orgullo del entonces promisorio guardameta se vio lastimado. Hasta la fecha, ha reconocido que le dolió y que aprendió de ello, aunque nunca revelará lo que le dijo a Aguirre en aquella ocasión. Ochoa fue de los pocos porteros de su país en salir al extranjero. Cambió su rol de estrella en el América para jugar en el sótano del fútbol francés con el Ajaccio. Sus buenas acciones tocaron la puerta del París Saint-Germain, pero un supuesto caso de dopaje le apartó de las negociaciones. Al final, lo único que hizo mal fue comer carne contaminada con clembuterol, al igual que otros compañeros de la selección en 2011. Su primer Mundial jugado como titular fue en 2014 donde frustró a la Brasil de Neymar en Fortaleza. Atajó con cada una de las partes de su cuerpo, se estiró como nunca y logró que los suyos salieran con un 0-0 ante la Canarinha. También se lució contra Camerún y Croacia. En 2018 fue clave para anular a Alemania y ganar 1-0, una de las victorias más importantes del fútbol mexicano. Ochoa hizo lamentarse a Kroos. En 2022, en el peor Mundial de su país en más de 40 años, los guantes de Ochoa le atajaron un penalti al goleador más infalible de entonces, el polaco Robert Lewandowski. “Aunque no haya sido fácil, nunca te rendiste. Creo que esa es una de las cosas más importantes que nos has enseñado: seguir adelante y seguir dando lo mejor de nosotros mismos”, lee Ochoa las palabras de su hija. “El hecho de poder conseguir estar aquí el día de hoy es mucho por ellos”, dice el portero. El tour de despedida de Ochoa ocurre en el Mundial más colosal de la historia y que, en parte, se juega en México.