Una exposición, un documental y un libro ponen en valor el papel de seis millones de trabajadoras, muchas negras, e instan a la reflexión

Rara vez se recuerda que fue en tiempos de la única presidenta que ha tenido Brasil cuando millones de mujeres muy mal pagadas, en ocasiones ni pagadas, y poco o nada reconocidas que ejercieron funciones esenciales en hogares ajenos durante siglos conquistaron los derechos laborales más básicos. La conocida como ley de las Domésticas, firmada por Dilma Rousseff en 2015, otorgó reconocimiento legal y político al ejército de niñeras, cocineras, planchadoras, limpiadoras… a seres hasta entonces invisibles.

Más de una década después, Brasil abraza a la empleada del hogar como inspiración para el arte con una exposición sobre una sindicalista pionera, un documental sobre el cuarto de la criada —ahora, empleada doméstica— y un libro sobre la presencia en la literatura de estas mujeres de delantal y antes cofia que colocan su perspectiva en el centro del relato.

El Instituto Moreira Salles de São Paulo dedica la exposición Dignidade e luta: Laudelina de Campos Mello a difundir y poner en valor la lucha sindical una pionera de la defensa de los derechos de las trabajadoras domésticas. La historiadora Raquel Barreto, cocomisaria de la muestra, apunta: “Laudelina sostiene que el trabajo doméstico es una continuación de la esclavitud. No está en contra del trabajo doméstico, exige que sea digno, reconocido, profesionalizado”.