Aunque desconocida para el gran público, la Presidencia vasca va a perder en los próximos días una pieza fundamental de su engranaje. Se jubila Izaskun Agirrezabala, única colaboradora de todos y cada uno de los lehendakaris desde la aprobación del Estatuto en 1979 y memoria viva de la historia vasca contemporánea. Hasta tres lehendakaris, el actual inquilino de Ajuria Enea, Imanol Pradales, y sus predecesores Patxi López e Iñigo Urkullu, han querido compartir palabras de despedida para ella por su lealtad. “Se lo merece”, aseguran también quienes han ido y venido de Lehendakaritza en estas trece legislaturas, casi medio siglo.
Siempre detrás de los focos, también ahora, cuando se niega a dar entrevistas, Agirrezabala era la genuina gobernanta de Ajuria Enea cuando se celebraba una recepción o incluso la visita de un jefe de Estado. Nada escapaba de su control. Pegada siempre a un papel con el protocolo, controlaba que las banderas estuviesen bien colocadas, que los invitados siempre dispusiesen de agua para mojar la garganta antes de responder a preguntas comprometidas o incluso que el gato que juguetea en los jardines del palacio de los lehendakaris no arruinase una rueda de prensa. Hasta la Casa Real, cuando organiza actos en Vitoria, acata sus dictados por el respeto acumulado en lustros.







