“¡He visto el papamóvil, por lo menos, cuatro veces!”, exclama airado Gitano Antón (Antonio Moreno Amador, Barcelona, 48 años) a su llegada a la sede de Pan Bendito Records, el local donde los raperos de La Excepción ensayan su vuelta a los escenarios. Con Antón y El Langui (Juan Manuel Montilla Macarrón, Madrid, 46 años) al frente y La Dako Style (Francisco Javier Ibáñez Lain, 47 años, Madrid) a las bases, el grupo lleva sin actuar desde 2019, cuando hicieron una breve gira de verano, antes de la pandemia. El 27 y 28 de junio tienen programados sus dos mayores conciertos (al margen de festivales) hasta la fecha, en la sala La Riviera de Madrid. Para el primero, agotaron en tres días las entradas de un aforo de alrededor de 2.000 personas, y el segundo, avanzan, está cerca de repetir el hito. “Jamás habíamos intentado actuar en La Riviera”, afirma Antón. “Hemos podido meter como mucho a 1.200 en la Joy Eslava en nuestra época de auge. Fíjate, lo hemos hecho en 2026, cuando se suponía que estábamos más apagaetes y menos se acordaba la gente de nosotros”. Antón no da señales de haber vivido ninguna epifanía por encontrarse cuatro veces a León XIV en su vehículo. Por su oficio de vigilante de seguridad, le ha tocado trabajar en pleno centro de Madrid en un domingo especialmente caliente, no solo por el chicharrero. Además de la misa del Papa, es el día en que Bad Bunny hace el sexto de sus diez conciertos en la capital y los socios del Real Madrid votan a su presidente. En el barrio de Pan Bendito, situado en el distrito de Carabanchel, la jornada transcurre lejos del mundanal (o sacrosanto) ruido. Los parroquianos de la terraza de un bar de Vía Lusitana piden a la dueña que les riegue con la manguera, un grupo de jóvenes apura un porro a la sombra en un parque infantil y, entre edificios difícilmente distinguibles, un bajo con un mural de La Excepción en la fachada sirve de refugio al grupo. El Langui, hospitalario, ofrece al periodista una cervecini. “Hace ya un año y pico dijimos: ‘venga, vamos a darle tute que hay ganas’. Eso es lo que hemos hecho, juntarnos, ir sacando singles, videoclips, hasta que la peña empezó a preguntar que para cuándo una gira”, explica Langui. “Pero era muy precipitado, entre que yo tenía rodajes, competiciones que ya estaban cerradas… Como toma de contacto, vamos a hacer estos dos conciertos únicos. Y el año que viene, habrá gira”. El rapero, que lleva una cinta kinesiológica en la pierna derecha fruto de una reciente lesión en la rodilla, alterna la música con el cine y la televisión, además de, en los años recientes, la boccia, deporte paralímpico similar a la petanca, del que es doble medallista internacional (fue bronce individual y oro en la modalidad de equipos en 2025). Ese mismo domingo, viene directo del Centro de Alto Rendimiento de Sant Cugat de Barcelona, donde se encuentra concentrado con la selección preparando la Copa del Mundo de boccia, que se disputa en julio en Portugal. “Conozco a compañeros, tanto del rap como del pop o del rock, que dicen: ‘Hostia, yo ya no me canto esta canción, tío, vienen mis niños y me da vergüenza, pero el público la pide’. Nosotros no tenemos ese problema”El deporte le ayuda a hacer frente a los desafíos físicos que el envejecimiento puede presentar a las personas con espasticidad, el trastorno motor que él sufre, derivado de la parálisis cerebral. “Evidentemente, no tienes la misma agilidad que tenías antes, eso le pasa a todo el mundo. Pero, si cualquier persona lo nota, para los que somos PC es el doble de jodido. Con los cuarenta, empiezas a perder fuerza y hay que entrenarla un poquito”. Aun así, no se plantea dar sentado los conciertos de finales de junio. Si acaso, con su bastón. “Van a ser mínimo dos horas cada día dando tralla, entonces chungalí, pero yo soy un jabato y no concibo dar un concierto de La Excepción sentado. No sé hasta cuándo aguantaré de pie dando bolos, pero, por ahora, me conservo”. La Excepción publicó su último álbum, La verdad más verdadera, en 2009, año en el que El Langui ganó dos premios Goya por la película El truco del manco (2008), uno como mejor actor revelación y otro por la canción principal, A tientas. Dos años después, iniciaron un largo parón, interrumpido por colaboraciones puntuales, hasta la celebración de varios conciertos por su 20 aniversario en 2019. Los miembros del grupo dicen que han mantenido una relación fluida pese a las intermitencias, con Pan Bendito como centro de operaciones. “Las responsabilidades familiares, el curro de cada uno, proyectos varios… son lo que te hace no estar continuamente”, reconoce Langui. “Pero yo paso mucho tiempo en Madrid y donde acabo siempre es aquí, en el local de La Excepción de toda la vida. Al final, te ves los sábados por la mañana, con los niños… Luego, si Antón saca disco en solitario, yo colaboro en él. Si yo saco disco, Antón también participa. Siempre hay un tema de La Excepción”. El conjunto irrumpió a principios del milenio con una canción con Frank T, L negro, l cojo y l gitano. “La primera vez que fuimos a casa de Frank le volvimos loco, nos enseñó 40 o 50 bases y cogimos la que nadie quería, la más fea. Cuando se lo dijimos, yo creo que se acojonó”, rememora Gitano Antón. “Nadie se atrevía a rapear en una base así, hicimos una canción súper pesada, con un mensaje muy cargado. Rompimos demasiado el molde. A día de hoy, yo creo que nadie suena así”. La estampa del Langui, una persona con parálisis cerebral, y Antón, de etnia gitana, llamó rápidamente la atención en la escena del rap, a lo que se sumaba su contundente crónica de vivencias poco escuchadas. En Zapato ortopédico, Langui describía su odisea diaria a la hora de emprender acciones cotidianas como ponerse un calcetín. En Es lo que queda, Antón ponía letra a la precariedad y los estigmas que rodean al pueblo calé. Transcurridas más de dos décadas de su álbum debut, Cata cheli (2003), ¿sienten que ha habido avances importantes? “En la parte que me toca, prejuicios siempre va a haber, pero se ha avanzado mucho en todos los aspectos, hombre”, dice Langui. Para su compañero, que el grupo sirviera para que colectivos tradicionalmente marginados encontrasen un referente es el principal motivo de orgullo. “Que seamos una bandera, que haya quien necesite nuestra lucha y siga viéndonos como imagen para coger fuerza nos encanta”, declara Antón, que también echa de menos más presencia gitana en el rap. “Solo me siento representado por Kopoet. Los gitanos están tirando por la corriente del reguetón, el flamencotón, como ellos lo llaman. Hace falta que haya más gente y, sobre todo, que sean raperos sin medias tintas, no que vayan de raperos estéticamente y hagan luego pachangueo”. Idioma de barrio Otro de los aspectos por los que La Excepción destacó fue el uso de un lenguaje característico de los barrios populares de Madrid, el cheli. Tanto El Langui como Gitano Antón coinciden en identificarlo como su mayor área de influencia musical. “Nosotros no inventamos el rap, pero sí aportamos ese carácter que no tenía el rap español, que era el argot. Si en el parque dices ‘jambo’ en vez de ‘hombre’, pues di ‘jambo’. Si dices ‘ta’chinao’ en vez de ‘te has mosqueado’, pues dilo”, reflexiona Langui. “Íbamos a ver a gente en conciertos de rap que luego, abajo, te hablaban como hablabas tú en el barrio. ¿Por qué usas otro vocabulario entonces cuando te subes? Nosotros lo trasladamos. Hoy en día escuchas música urbana, rap, trap o lo que sea y ves que utilizan el argot, el vocabulario que se habla en los barrios”. “Cuando un rapero mete un ‘chacho’ o un ‘risión’ y lo entona de cierta forma, está claro que lo ha calcado de La Excepción”, reafirma Antón. En el tiempo que el grupo ha pasado prácticamente en pausa, Gitano Antón ha continuado viviendo en Pan Bendito. “No me he movido, me casé el primero y ya me quedé. Lo vi barato y acoplado a mis necesidades”. Piensa que el barrio es mejor ahora que en su juventud, algo que, como padre, agradece, aunque es escéptico con que las políticas urbanísticas del Ayuntamiento hayan tenido gran incidencia. “Acabo de venir del barrio Salamanca y si ves cómo está eso… Una ofrenda floral es lo que hay en cada glorieta, ¡es increíble! Aquí han puesto cuatro banquitos”, cuenta. “Han puesto una tirolina ahí para los niños, coño”, agrega sarcásticamente Dako, enfrascado durante la entrevista en las mezclas de otro proyecto. Al igual que Antón, él también tiene un trabajo aparte, técnico medioambiental. “Hubo una época en la que perfectamente vivíamos de la música, pero luego hemos tenido que buscarnos la vida de otra manera”, reconoce Dako. “Esto te aporta un extra, pero cuando ya tienes familia, hipoteca, un coche y cosas que pagar…”. La Dako Style, no obstante, sigue firmando frecuentemente como productor. A93, Young Gipsy o Irie Angel, entre otros, se han puesto en sus manos, algunos grabando también en el estudio de Pan Bendito Records, el sello de La Excepción. En un primer estadio de la gestación del grupo, era El Langui quien se encontraba a los platos con el sobrenombre de DJ Monty (por su apellido, Montilla), mientras que Dako rapeaba, si bien este matiza que sus letras las escribía Antón. Se llamaban Amenaza Criminal. “Le pusimos ese nombre con 13 o 14 años, hablábamos de nazis, decíamos ‘aquí no manda el rey’, todo supercomunista”, recuerda Antón. “Pero nos dimos cuenta de que nuestras rimas no encajaban con nuestra realidad ni teníamos un ideal político. Teníamos los códigos del hip hop, pero en el hip hop tienes que representar a tu barrio y sonar como tu barrio”. Al Langui no le preocupa que, después de convertirse en un nombre más conocido que La Excepción y aparecer en comedias comerciales como La familia Benetón o Cuerpo escombro (ambas de 2024), su lenguaje pueda verse limitado por la fama. “La forma de expresarte no es igual en las canciones que en una peli. Tampoco hemos tenido canciones de las que ahora nos arrepintamos. Conozco a compañeros, tanto del rap como del pop o del rock, que dicen: ‘Hostia, yo ya no me canto esta canción, tío, vienen mis niños y me da vergüenza, pero el público la pide’. Nosotros no tenemos ese problema”. Además de su gira para 2027, cuyas ciudades aún no están anunciadas, La Excepción no descarta publicar nuevo álbum, sin saber si sería un disco pensado desde cero o uno que agrupe los singles que están publicando, el último de ellos, Pasa, una colaboración con SFDK lanzada a primeros de junio. Tampoco avanzan quiénes serán los artistas invitados al concierto de Madrid para preservar la sorpresa, más allá de que les acompañará la Peñita Al Compás (cuyo logo también está pintado en el mural del local) a los coros. Disipados los temores de Antón a que La Riviera fuese una plaza excesivamente grande y tuviesen que regalar las entradas, El Langui insiste en que La Excepción sobrevivirá siempre que su brújula apunte en la dirección correcta: “Creo que una parte del público joven que empieza en la música piensa más en qué le va a aportar, en cuanto a pasta y popularidad, en vez de decir ‘quiero sacar lo que tengo dentro, pasarlo bien yo solo o con mis compadres y expresarme’. Nosotros no empezamos pensando en cuánto dinero íbamos a ganar, sino en divertirnos con la música. Esa sigue siendo nuestra mayor pretensión”.
El Langui: “No sé hasta cuándo aguantaré de pie dando conciertos, pero no concibo dar uno sentado”
El cantante, que en los últimos años se ha prodigado en cine y televisión, se reúne con su grupo La Excepción para una doble fecha en Madrid, calentamiento previo a la gira que planean en 2027






