Publicada en 2016 y ahora reeditada por Sigilo, La mano del pintor relata el encuentro del fantasma del pintor Cándido López (1840-1902) y la dibujante María. La historia siguiente resulta de un pacto: ella completará los 38 bocetos de la Guerra del Paraguay (1864-1870) que López dejó inconclusos; a cambio, él debe contar su formación como dibujante “con lujo de detalles” y soldado en una guerra “de la que nadie habla”. El relato transcurre entonces a la vez en el pasado y en el presente, y en los cruces se definen valoraciones y procedimientos artísticos. En la batalla de Curupaytí (22 de septiembre de 1866) López perdió la mano derecha, con la que pintaba; entrenó la izquierda durante un año y pasó al óleo 52 de 90 bocetos que tenía. Este es un rasgo sobresaliente del pintor en las biografías y en la propia mirada de María Luque, que valora además otros datos: la marginalidad de Cándido en el ambiente artístico de su época y su indiferencia hacia la moda y los circuitos de difusión, que hace la suya como un fanzinero adelantado a su tiempo. Luque vio pinturas de López desde niña y se documentó expresamente para La mano del pintor, lo que se nota en la cita de obras como Velatorio del primer soldado muerto perteneciente al batallón de Guardias Nacionales de San Nicolás y en la recreación de las soberbias escenas nocturnas del pintor. Pero la novela gráfica tiene su fuente más poderosa en una novela familiar: su tatarabuelo, Teodosio Luque, estudiante de medicina enviado a hacer de médico en la guerra, fue quien le amputó la mano a López y le salvó la vida; en agradecimiento, el soldado pintor hizo un retrato de Teodosio que fue conservado en la familia.