Jesús Antonio Palacios Calderón estaba a más de 10 mil kilómetros de Buenos Aires cuando una investigación por narcotráfico comenzó a acercarse a él. La historia que años más tarde lo llevaría al banquillo empezó a gestarse el 21 de noviembre de 2020, en una esquina del barrio porteño de Caballito, donde un procedimiento policial de rutina terminó descubriendo una organización mucho más compleja de lo que parecía a primera vista. Aquella tarde, efectivos de la Policía de la Ciudad interceptaron un taxi Volkswagen Suran en la intersección de avenida Rivadavia y Emilio Mitre. En el vehículo viajaban una mujer uruguaya identificada como Stefany Gabriela de la Cruz Arcosa y otro integrante de la organización. En dos valijas transportaban más de 41 kilos de cocaína distribuidos en 40 panes y una pequeña bolsa. La detención fue noticia en todos los medios porque la mujer era la hermana de un futbolista muy conocido: Nicolás de la Cruz, por entonces jugador de River. El hallazgo de la droga representó un golpe importante para la organización, pero para los investigadores fue apenas el comienzo. La droga había sido retirada horas antes de un departamento ubicado en Caballito y todo indicaba que detrás de quienes trasladaban las valijas existía una estructura más amplia encargada de coordinar la logística, aportar recursos económicos y garantizar la circulación del dinero generado por el negocio.
El narco que nunca tocaba la droga: vivía en España y terminó preso en Argentina
Jesús Antonio Palacios Calderón residía en España cuando una investigación iniciada en Buenos Aires lo puso en el radar. Peruano y de 46 años, la Justicia lo identificó como el principal organizador de una estructura dedicada al tráfico de cocaína y al lavado de activos que operaba entre Argentina y Europa. Mientras otros transportaban la droga, él habría coordinado las operaciones, financiado los cargamentos y administrado las ganancias. Esta semana fue condenado.
Palacios Calderón (Perú/España), condenado a 10 años por coordinar narcotráfico en Argentina (41 kg cocaína, noviembre 2020). Análisis forense patrimonial demostró que testaferros y coordinación distribuida desde Europa no evitan rastreo de operaciones descentralizadas.













