El juicio no empezaba y nadie sabía por qué. Faltaba alguien. “Le han apuñalado”, se escuchó entre susurros en la Audiencia Provincial de Oviedo. Incluso sin saber quién era la víctima, aquello no sonó del todo descabellado. Era miércoles 22 de abril y se juzgaba al narco gallego Carlos García Morales, alias Matador, por traficar con más de 600 kilos de cocaína, tras una macrooperación internacional de la DEA (Agencia Antidrogas estadounidense), la Fiscalía de Illinois y las policías de Colombia y España. Le detuvieron de camino a Siero, donde almacenaba un arsenal de armas de guerra “nunca antes visto en Europa”.Pero Matador estaba allí y el resto de acusados también. Incluida su expareja y cómplice, la brasileña Cristina Orsi Padura. Solo faltaba una persona: Fausto Suárez, abogado asturiano de 69 años, el defensor que el turno de oficio le había asignado a la expareja del narco. Y entonces el asunto sí empezó a descabellarse. La esposa del letrado aseguró que había salido de casa con tiempo suficiente para llegar. Su clienta, que se habían visto la tarde antes para preparar la defensa. En menos de media hora la policía judicial acudió a su despacho y lo encontró desangrándose, aún consciente. Tenía dos heridas de arma blanca, una en el tórax y otra en el abdomen. El juicio no se suspendió. Circunstancias extraordinarias requieren medidas extraordinarias, podría aducirse. Si se posponía más, los cuatro acusados tendrían que salir en libertad provisional porque ya se les había prorrogado la prisión preventiva todo lo posible. Se enroscaron dos dilemas: ¿Cómo continuar, si una de las acusadas no tiene representación legal? Y, sobre todo, ¿qué le ha ocurrido a Fausto? Parte de las respuestas estaban en ese vestíbulo del juzgado, en una persona que había pasado inadvertida a pesar de lo poco habitual de su presencia allí. Antonio González-Busto, decano del Colegio de Abogados de Oviedo. Cuando la sala decidió que el proceso debía continuar y que ya juzgarían a Orsi por separado más adelante, el decano se ofreció a asistirla para que el trámite fuera con arreglo a la ley. “En ningún caso me ofrecí a representarla, no conocía nada del caso”, cuenta González-Busto. Pero ¿qué hacía él allí? Ese era el primer hilo suelto en la madeja de este extraño apuñalamiento. El letrado intentó librarse del casoEl decano no conocía personalmente a Fausto Suárez hasta dos días antes del juicio. El lunes se presentó en su despacho y le contó, agobiado, que había solicitado a la Audiencia ser relevado de la defensa de Orsi por un problema de salud. La Sala había resuelto que la enfermedad aducida no entraba en conflicto con su desempeño y rechazó la petición. Fausto le pidió amparo colegial a González-Busto, pero él concordó con el dictamen de la sala. A cambio, se ofreció a acompañarle al juicio, para “arroparle”. “La pena por dejar sin asistencia legal a una persona no es una multa, puede conllevar incluso prisión, quería evitar que vulneraran los derechos de nadie”, dice el decano. Se quedó pendiente. Al día siguiente, le llamó para saber a qué hora era el juicio. Fausto contestó con normalidad. Por la tarde se reunió con su defendida. Y, por la noche, a escasas horas de tener que presentarse en el juzgado, se fue al hospital asegurando que sufría un cólico nefrítico, pero le dieron el alta. González-Busto no contó nada de esto en el juzgado y asistió a Orsi, que recibió con un jolgorio algo incómodo para los presentes no tener que enfrentarse a la justicia ese día. “Se fue dando saltos, y no es una manera de hablar”, recuerda el decano. Él también se fue, a averiguar cómo estaba Fausto y a contarle todo a la policía. El juicio comenzó, pero el foco ya no estaba ahí. Los medios que esperaban informar de un macrojuicio insólito para la provincia, viraron con rapidez: “Apuñalan al abogado de uno de los acusados del caso Matador”, repicaban los titulares. Que el abogado fuera de oficio hizo saltar el resorte de los abogados del turno, inmersos en una batalla por mejorar las condiciones de una profesión ávida de reformas.Los Colegios de Abogados de toda España publicaron comunicados de solidaridad, convencidos de que lo ocurrido evidencia muchas de las carencias del turno: retribución económica insuficiente, inseguridad a la hora de asumir ciertos casos, vulnerabilidad... De hecho, el propio Fausto tuvo que pedir un aplazamiento del juicio en enero, ante la imposibilidad de asumir una causa de 8.000 folios en un solo día. Hubo concentraciones en varias ciudades. Pero de nuevo, un detalle menor apuntaba a que algo no encajaba. Esta vez no era una presencia, sino muchas ausencias. El turno de oficio de Oviedo tiene más de 900 letrados inscritos, pero a la movilización se presentaron no más de una decena. Lo que cuentan los que no asistieron desmadeja algo más el asunto. El propio decano confiesa que trató de parar la protesta, por prudencia. Igual las cosas no eran como parecían. Cuando solo dos días después del apuñalamiento se retiró la protección policial del hospital a Fausto, el caso dio un giro. El letrado se encontraba ya fuera de peligro tras haber recibido varias transfusiones. Repetía que no recordaba nada. Y la investigación arrojó datos chocantes: el cuchillo estaba dentro del despacho, no había signos de forzamiento. La trayectoria y la profundidad de una de las cuchilladas revelaban que el abogado podía haberse autoinfligido las heridas. La hipótesis cristalizó en una palabra: autoapuñalamiento. ¿Había sido un intento autolítico para evitar representar a Cristina Dorsi?La investigación, sin avances“No recuerda nada de lo que pasó ese día”, alega su entorno. “Me cuesta creer que lo hiciera él mismo”, dice uno de los procuradores con los que coincidió en sus décadas en el oficio. Fausto Suárez abandonó el hospital y cogió la baja. Cerró su despacho, en el que solo trabajaba él. Este mismo miércoles, el narco Matador fue sentenciado a 19 años de prisión. La versión oficial de la policía insiste en que “continúa las investigaciones para el total esclarecimiento de los hechos” pero fuentes policiales aseguran que llevan semanas sin practicar ningún interrogatorio ni diligencia relacionada con el caso. Tampoco se han movilizado efectivos para una vigilancia extra al entorno de Matador, y la hipótesis de que la agresión fuera a manos de una segunda persona ha perdido fuerza. Casi dos meses después del apuñalamiento, todo continúa en un limbo cada vez más desconcertante. Fuentes de la Junta del Colegio de Abogados indican que no hay un procedimiento claro de qué ocurrirá con Fausto si se demuestra que evitó el juicio autoapuñalándose: “En el régimen disciplinario hay prevista una única sanción, por cobro indebido. Para lo demás, se deriva a las normas deontológicas del estatuto”. Preguntadas por cómo podía haber evitado Fausto representar a Cristina Dorsi, explican que cuando en enero le asignaron el caso, podría haber alegado “razones de justa causa, que son razones de moral”, pero que es algo poco frecuente. Fausto no lo hizo. Precisamente, una de las reivindicaciones que comparte el colectivo: las trabas para ser dispensados de representar ciertos clientes. A Cristina Dorsi ya le han asignado otra abogada de oficio. Antes que Fausto, tuvo otros dos letrados que costeó ella, pero renunciaron sin que hayan explicado las causas. Le asignaron a Fausto no porque careciera de medios económicos, sino porque el Estado garantiza así el derecho de defensa y asistencia letrada para cualquier ciudadano. Si se hubiera celebrado el juicio, Dorsi habría tenido que pagar sus honorarios. Pero nunca apareció. Como el Fausto de Goethe, hizo un pacto. No con el diablo, sino con el silencio.
El misterioso apuñalamiento del abogado de la exnovia del narco
Dos meses después de hallar al letrado con dos puñaladas, se investiga si se las infligió él mismo para evitar ir a juicio contra ‘Matador’











