Por mucho tiempo, la economía argentina corrió detrás de medidas para tapar agujeros y pensar en el mediano plazo era considerado un lujo de “teóricos”. La relativa desaceleración inflacionaria de los últimos meses (+2,1% el alza del IPC en mayo pasado) sumada a la mejora en el balance de pagos que quitó presión al mercado cambiario (el cuco de todas las crisis financieras del último medio siglo) desempolvó en el escenario un nuevo “cisne” que podría convertirse en negro o gris a medida que pase el tiempo: un cambio dramático en la composición de la población. Sobre todo, el desafío que representa su impacto sobre los sectores más sensibles: la educación, la salud pública y el sistema jubilatorio.

En cifras. El documento de revisión del FMI para el segundo desembolso del préstamo a Argentina, resalta el compromiso del Gobierno con el equilibrio fiscal y se pondera como muy positivos los avances alcanzados en materia de ordenamiento macroeconómico. El economista Jorge Colina, presidente de IDESA, destaca que aún resta una “agenda desafiante de reformas pendientes”, dentro de la cual figuran temas antes postergados por las urgencias fiscales y la poca viabilidad electoral. “Se destaca la importancia de abordar las reformas tributaria y previsional a los fines de darle sostenibilidad al equilibrio fiscal y subyace la preocupación de que se siga dilatando el abordaje de estas transformaciones”, analiza.