Actualizado S�bado,
junio
11:16Pareciera que la Casa Real sueca se pasa el d�a de sarao en sarao. Y es que los Bernadotte no dejan escapar una sola oportunidad para festejar con sus mejores galas y las tiaras bien abrillantadas cualquier acontecimiento que sirva para ensalzar la Monarqu�a, que vive un momento dulce de popularidad, con siete de cada 10 ciudadanos satisfechos con la instituci�n, seg�n recientes encuestas.No se han apagado del todo los ecos de los fastos que reunieron a finales de abril en Estocolmo a un buen ramillete de miembros de la realeza -incluida la Reina Sof�a de Espa�a- por el 80 cumplea�os del rey Carlos XVI Gustavo, y este s�bado la ciudad vuelve a ser el epicentro de las celebraciones con toda la pompa y el boato en este caso con motivo de las bodas de oro de los monarcas. Para que no coincidieran los actos con los festejos por la Noche de San Juan, la jornada se ha adelantado una semana.A las 11 en punto de la ma�ana han comenzado las celebraciones con un tradicional Te Deum, un servicio de acci�n de gracias, en la imponente Capilla Real del Palacio de Estocolmo. La familia real sueca casi al completo -s�lo se ha echado de menos a la hija mayor de los pr�ncipes Victoria y Daniel- ha arropado a los reyes Carlos XVI Gustavo y Silvia, los �ltimos en acceder al templo, mientras repicaban las campanas y a continuaci�n sonaba el himno nacional, como marca la tradici�n. La Consorte ha apostado por un elegante traje rojo. En las bancadas destinadas a los Bernadotte tambi�n ocupaban asiento la princesa Cristina de Suecia -una de las dos hermanas a�n con vida del rey- y su esposo, el c�nsul general Tord Magnuson.Para saber m�sAntes de la llegada de la familia real del pa�s escandinavo a la Capilla, hab�an hecho su entrada los representantes de otras dinast�as hoy presentes en Estocolmo: la princesa Takamado de Jap�n; la princesa Benedicta de Dinamarca; su hijo Gustavo de Sayn-Wittgenstein-Berleburg, junto a su esposa, Carina Axelsson; los pr�ncipes Alejandro y Catalina de Serbia con el Heredero Felipe y su mujer Danica; y el pr�ncipe Leopoldo de Baviera, entre otros. Al Te Deum tambi�n han asistido los miembros del Gobierno y altos representantes de las instituciones suecas.Carlos Gustavo y Silvia Sommerlath, su nombre de soltera, se casaron el 19 de junio de 1976 en la Catedral de San Nicol�s, en la que fue una boda almibarada que hizo las delicias de todo un pueblo que quiso ver una especie de reedici�n del cuento de La Cenicienta. Silvia luci� un magn�fico vestido de Christian Dior y la exagerada tiara de los Camafeos, la pieza m�s potente del magn�fico joyero de los Bernadotte, una diadema de oro y perlas que Napole�n regal� en su d�a a Josefina. No se olvide que la dinast�a que rige los destinos suecos desde 1818 fue fundada por el militar y estadista que se har�a proclamar emperador de los franceses.Carlos Gustavo conoci� a Silvia Renate Sommerlath durante la celebraci�n de los Juegos Ol�mpicos de M�nich de 1972, en los que ella se encontraba trabajando como int�rprete y jefa de protocolo de una de las salas VIP del estadio principal. El monarca declarar�a a�os despu�s que, nada m�s verla, su cabeza le hizo "click". Y la propia soberana ha contado en alg�n documental que �l no disimul� nada cuando se puso a observarla desde la distante grada que ocupaba a trav�s de unos prism�ticos. La qu�mica se debi� de dar, ya que el entonces pr�ncipe la invit� a cenar y los dos se lo pasaron en grande durante la celebraci�n de los Juegos, dej�ndose ver en las discotecas de moda de la ciudad alemana. No exist�an tel�fonos m�viles ni redes , y aquello no llegaba a los medios suecos.Carlos XVI Gustavo y Silvia de Suecia, el d�a de su boda, en 1976GTRESReinaba entonces en el pa�s escandinavo Gustavo VI Adolfo, el abuelo de nuestro protagonista, quien era el Heredero ya que su padre hab�a fallecido en un tr�gico accidente. La severidad y el car�cter tradicional del soberano probablemente habr�an impedido que aquel romance cuajara en una boda. Pero el rey muri� en 1973 y Carlos Gustavo subi� al trono, a los 27 a�os de edad. Ello le permitir�a imponer su voluntad, aunque el noviazgo se mantuvo en secreto durante a�os, mientras �l se afianzaba como jefe de Estado y convenc�a a las autoridades de la idoneidad de su prometida. En aquel periodo la joven Silvia y el rey se ve�an de modo clandestino y ella se zafaba de los periodistas recurriendo a disfraces y pelucas.INFIDELIDADESLos cuentos siempre tienen segundas y hasta terceras partes. Y, aunque el matrimonio de Carlos Gustavo y Silvia -que desde el mismo d�a de su boda se convirti�, claro, en reina consorte- fue por amor, y enseguida la familia se ampliar�a con la llegada de tres hijos -Victoria, Carlos Felipe y Magdalena-, no pas� demasiado tiempo hasta que comenzaron los rumores de infidelidades por parte del monarca. Como ocurr�a en Espa�a con Don Juan Carlos, silenciados por la prensa en general hasta el estallido de la gran bomba de 2010 en forma de libro, El monarca reticente, de Thomas Sj�berg, en el que se detallaban todos sus amor�os y se destaparon romances como el que mantuvo con la cantante Camila Henemark -quien lo confirm�-. Cuando la vida privada del monarca dej� de ser tab�, se conocieron esc�ndalos como sus frecuentes visitas a clubes comprometidos o incluso un supuesto chantaje por parte de un mafioso que intent� vender fotos suyas en puticlubs."No he le�do el libro, pero s� algunos titulares que no han sido agradables. He hablado con mi familia y con la reina. Pasamos p�gina y miramos adelante porque estos asuntos ocurrieron hace mucho tiempo", se excus� Carlos Gustavo en un acto de contrici�n con el que intent� salvar la Corona de una grave crisis reputacional.Los monarcas durante la celebraci�n del 80� cumplea�os del rey Carlos GustavoGTRESAl parecer, la sufridora reina Silvia, con m�s paciencia que el santo Job, le perdon�. Y dicen que en los �ltimos tiempos el matrimonio ha alcanzado una pl�cida estabilidad. La consorte, con su labor abnegada, se ha convertido, de hecho, en uno de los pilares de la Monarqu�a sueca. No extra�a as� que el rey quisiera homenajearla el jueves con la concesi�n de la Medalla de la Orden de los Serafines, la m�s alta condecoraci�n de Suecia destinada quienes trabajan de forma sobresaliente por el pa�s, y que apenas se ha concedido una veintena de veces en el �ltimo medio siglo.Los actos de este s�bado incluyen un Te Deum, servicio religioso en la Capilla Real de Palacio, un paseo en la barca real, un desfile y saludo de los monarcas desde el carruaje en el que recorrer�n las principales arterias de Estocolmo, actuaciones musicales que nunca faltan en los saraos de los Bernadotte -de lejos, los m�s divertidos de la realeza europea-, concierto en la �pera y una cena palaciega de car�cter privado al caer la tarde.La familia real sueca al completo participa en el extenso programa institucional. Y, aunque diversas circunstancias -como la convalecencia de Margarita de Dinamarca, la maltrecha situaci�n de Mette-Marit de Noruega o la muerte de la princesa Bha de Tailandia- reducir� el n�mero de invitados de la realeza extranjera, no faltan representantes de dinast�as en un d�a tan se�alado.











