Consuelo FontActualizado S�bado,
junio
08:05La tarde del pasado lunes la Reina Sof�a, tras reunirse en privado con el Papa en la Nunciatura, acompa�ada por las infantas Elena y Cristina y sus nietos Victoria Federica, Pablo y Miguel, puso rumbo a la catedral de la Almudena. All� recogi� el testigo de los Reyes como anfitriona de Le�n XIV durante su acto en la catedral madrile�a. A la salida se la pudo ver acompa�ada por una mujer vestida con traje pantal�n malva y ambas intercambiaron con el Pont�fice unas palabras de despedida.�Qui�n era la desconocida amiga de Do�a Sof�a? Nada menos que Laura Hurtado de Mendoza y Maldonado, quien durante m�s de medio siglo ha sido su sombra. Primero como secretaria, despu�s como asesora y ahora probablemente como su m�s leal amiga, tras fallecer casi al mismo tiempo sus dos grandes bastiones: su prima Tatiana Radziwill, en diciembre, y su hermana Irene, en enero. Laura es de su misma edad, apenas dos meses menor, y casi la �nica persona que queda en su entorno de su generaci�n. Conoce su vida al dedillo y con ella puede hablar a tumba abierta.Se puso en boca de Do�a Sof�a que "los reyes no tienen amigos", algo no del todo cierto. Lo que ocurre es que, cuando se instal� en Zarzuela tras su boda con Don Juan Carlos en 1962 y pr�cticamente hasta que fueron proclamados monarcas, era una extranjera en un territorio un tanto hostil. No pod�a fiarse de nadie; todo lo que hiciese o dijese acababa llegando a o�dos de Franco, que ten�a fiscalizada a la pareja. Adem�s, para su mujer, Carmen Polo, los entonces pr�ncipes no eran santo de su devoci�n, pues ansiaba que reinase su nieta Carmencita, que en 1970 se cas� con Alfonso de Borb�n, primo de Don Juan Carlos, quien tambi�n aspiraba al trono. Do�a Sof�a no acept� siquiera tener camareras, la corte de nobles que por tradici�n sirve a la soberana. "Necesitamos m�s un cocinero, porque se ha ido el que ten�amos en la Zarzuela", bromeaba Don Juan Carlos.Con la Reina Sof�a, durante la reciente visita del Papa.A3Con el tiempo y los desencuentros surgidos en el matrimonio regio, el equipo de colaboradores m�s estrechos de Do�a Sof�a, integrado por su jefe de Secretar�a, el general retirado Cabrera; su m�dico, Miguel Tapia; la fallecida Marisa Satr�stegui, asesora suya; y, por supuesto, Laura Hurtado de Mendoza, se convirti� casi en su segunda familia. De absoluta lealtad, eran su guardia pretoriana: estaban a su disposici�n las 24 horas del d�a y hasta celebraban con ella sus cumplea�os cuando el monarca y sus hijos estaban ausentes.Opus DeiCuando en julio de 1969 Don Juan Carlos fue nombrado por Franco sucesor a t�tulo de rey, nombr� jefe de su Casa a Nicol�s Cotoner, marqu�s de Mond�jar, a quien consideraba un "segundo padre" y, tras subir al trono, mantuvo en el cargo. Fue �l quien recomend� a una sobrina lejana suya, Laura Hurtado de Mendoza, una joven bien educada, discreta y muy religiosa -hasta el punto de ser miembro del Opus Dei-, para ocuparse de los asuntos de Do�a Sof�a. Mientras le preparaban un despacho en Zarzuela la enviaron a Londres para perfeccionar el ingl�s y en 1970 asumi� el puesto de secretaria personal de la futura reina.Cuando en 1975 fueron proclamados reyes, Laura era ya la mano derecha de Do�a Sof�a en su actividad institucional, pero tambi�n en la privada. Se ocupaba del Pr�ncipe y de las Infantas cuando los monarcas estaban de viaje e incluso acompa�� a Don Felipe en su primer d�a de colegio en Santa Mar�a de los Rosales. Cuando en 1981 falleci� inesperadamente la reina Federica, madre de Do�a Sof�a, los monarcas y las Infantas estaban en Baqueira y Laura logr� que el Pr�ncipe no se enterara hasta que llegaron sus padres.Pero, sobre todo, estaba volcada en la Reina: controlaba su agenda y sus compromisos, coordinaba a los modistas que confeccionaban su ropa, la acompa�aba en sus viajes y, en los �ltimos tiempos, ayudaba en el cuidado de su hermana Irene, aquejada de alzh�imer. Incluso es miembro del consejo de su ONG, la Fundaci�n Reina Sof�a.Cuando hace dos d�cadas le lleg� el momento de la jubilaci�n. la Reina, a quien no gustan los cambios y se resiste a que sus allegados la dejen, le pidi� que se quedara a su lado como asesora, y ella acept�. Ten�a tiempo: es soltera y no tiene hijos pues, como agregada del Opus Dei, est� obligada al celibato.Pese a su importante papel, Laura es una gran desconocida. Siempre ha permanecido en la sombra. Discret�sima, jam�s ha aireado intimidad alguna de la familia real. Ni siquiera se defendi� cuando la acusaron de influir para que Do�a Sof�a concediera su libro de memorias, La Reina, a la periodista Pilar Urbano, tambi�n miembro del Opus. Seg�n revel� a LOC una fuente de Zarzuela: "Laura pertenece al Opus; Do�a Sof�a, no. Aunque ambas respetan sus mutuas creencias, la Reina es muy espiritual, pero ecl�ctica: si va a una iglesia, reza; en un templo budista, pone una varita de incienso".Las �nicas declaraciones que se le conocen las hizo tras abdicar Don Juan Carlos, defendiendo a Do�a Sof�a: "Se habla de su profesionalidad y sacrificio, pero tiene adem�s un coraz�n enorme y una gran capacidad para solidarizarse con el sufrimiento de los dem�s, porque ella tambi�n ha sufrido".













