La escultura del almirante José Prudencio Padilla, ubicada en el centro del barrio La Soledad, se ha convertido en lugar de peregrinación habitual de los simpatizantes de Iván Cepeda en Bogotá. Sin embargo, pocos encuentros han tenido la carga simbólica de la reunión de este jueves. Más de un centenar de creyentes de distintas denominaciones religiosas se reunieron allí en vigilia con un propósito claro: disputarle a Abelardo de la Espriella el voto religioso. Cristianos de diferentes denominaciones, musulmanes, budistas, pueblos indígenas y practicantes yorubas llegaron decididos a darle un empujón espiritual a la campaña progresista.“Nosotros también tenemos propuestas para la familia”, asegura Juan Sebastián Sora, uno de los organizadores del evento. Su frase apunta al corazón de la disputa. Cientos de pastores evangélicos ―incluidos líderes de megaiglesias como la Misión Carismática Internacional, Ríos de Vida o Misión Paz― han manifestado su apoyo al candidato ultraderechista, y en no pocos casos han llamado a votar por él a partir de una agenda centrada en asuntos como la prohibición del aborto o el apoyo a la familia tradicional. “No tratan al pueblo creyente como mayor de edad ni como ciudadanos, sino que intentan embaucarlos con charlatanerías: que Cepeda es comunista, que es del diablo o que Dios decidió que Abelardo debía ser el presidente”, afirma Sora sobre esos líderes. Los fieles reunidos en la vigilia quieren disputar ese relato. Para ellos, la propuesta religiosa del izquierdista Pacto Histórico no reduce la fe a sus aspectos morales, sino que la vincula con preocupaciones concretas de las comunidades de fe: la protección de los líderes religiosos que son líderes sociales en sus territorios, o la creación de mecanismos para prevenir delitos contra mujeres y niños en contextos religiosos o la defensa del Estado laico. “Un Estado laico permite libertad religiosa, un Estado confesional no. Pretender homogeneizar una sola visión de la fe es muy peligroso en un país pluriétnico y pluricultural”, afirma Sora. “No hacemos campaña en contextos eclesiales”, agrega, en contraste con los llamados que algunos pastores han hecho desde el púlpito a votar por De la Espriella.El jueves, cuando la noche cayó sobre el Parkway, la alameda empezó a llenarse de pequeñas luces. El acto central de la vigilia consistió en un velatón a los pies de la estatua del almirante que comandó la flota independentista en la batalla del Lago de Maracaibo: los asistentes pasaban el fuego de una vela a otra mientras, desde una tarima adornada con símbolos de la campaña y una bandera palestina, sonaba la música. La primera canción interpretada fue Día tras día, de Andrés Cepeda, convertido en una suerte de referente simbólico informal de la campaña progresista por su homonimia con el candidato y por el parecido físico que algunos le atribuyen. Luego, representantes de varias espiritualidades tomaron la palabra para compartir reflexiones desde su fe.La mirada cristiana“La importancia de la velatón es iluminar lo que tenemos en nuestro corazón”, iniciaba Carlos Guevara, sacerdote anglicano. En Colombia, seis de cada diez adultos se identifican como católicos ―cuyos fieles aumentan sobre todo entre los jóvenes―, y cerca de seis millones de personas profesan la fe evangélica o protestante, según cifras del Pew Research Center. Para Guevara, la riqueza del cristianismo está en “amarse en medio de la diferencia”, lejos de la uniformidad que, según él, intenta imponer el candidato ultraderechista. “No debemos ser como el caballo, que solo es capaz de mirar al frente con sus anteojeras, sino como el camaleón, capaz de mirar la diversidad que lo rodea”, insistía. En la vigilia había cristianos católicos, presbiterianos, anglicanos y evangélicos. Desde la tarima, la pastora Stella Colmenares saludaba a “todos, todas y todes”, antes de recordar que la dignidad, para ella, atraviesa cualquier diferencia de credo o pensamiento. “Es el pedacito de Dios que todos tenemos”, aseguró. Luego, Germán Suárez, reverendo de la Primera Iglesia Presbiteriana, llamó a “recordar que si nos unimos podemos alejar las tinieblas”. Para él, la campaña actual está envuelta en la oscuridad, debido al “miedo infundado por cosas que no van a pasar, la mentira, la guerra, el daño que se le quiere hacer a la naturaleza, en la búsqueda del bienestar de pocos y no de todos”.La mirada islámicaSi bien no existen cifras oficiales sobre el número de musulmanes en Colombia, se estima que en 2010 había cerca de 14.000 practicantes, que para el 2030 deben alcanzar los 17.000, de acuerdo con el Pew Research Center. La religión está vinculada a la migración libanesa, siria y palestina que ha llegado al país desde finales del siglo XIX, con descendientes han marcado la vida política ―tres altos funcionarios del Gobierno Nacional tienen allí su origen― y cultural del país, con Shakira, de ascendencia libanesa, como máximo exponente. El presidente Petro ha reivindicado esta huella en el contexto de la brutal ofensiva de Israel en la franja de Gaza y en Cisjordania, que le ha valido a ese país denuncias por genocidio y crímenes contra la humanidad.“Estamos demostrando que la diversidad religiosa está con Cepeda”, asegura la hermana Maryam, practicante sunita que llegó a la vigilia. Sus razones también son de seguridad. Para ella, las declaraciones de De la Espriella en contra del islam ―en entrevista con Caracol Radio afirmó que dicha religión es “una gran amenaza para la humanidad”― ponen en riesgo a quienes practican esta fe y revelan el desconocimiento del candidato sobre el mundo musulmán. El aspirante ultraderechista también ha presumido de su amistad con el gobierno de Israel, con quien desea establecer “una alianza estratégica”. La hermana Maryam refiere un incremento de los casos de intolerancia contra los musulmanes en el período electoral, y teme lo que pueda ocurrir si De la Espriella gana la presidencia.La mirada budista “A Iván Cepeda le dicen que parece un monje budista”, afirma con una sonrisa Leonardo Mejía, maestro budista. En Colombia, esa religión tiene una presencia minoritaria: las estimaciones hablan de menos de 10.000 practicantes. Sin embargo, ha ganado visibilidad en la última década, con hitos como las aperturas del primer templo zen oficialmente reconocido por la escuela Soto de Japón en 2023 y la del primer centro Soka Gakkai en Bogotá, en 2024. Para Mejía, Cepeda encarna valores de su fe, en tanto es “pacifista, dialogante, tiene la capacidad de juntar y de escuchar”. Además, insiste, aplica el principio de la compasión, que permite “entender al otro como un legítimo otro en la convivencia”. Mejía vio en la vigilia un símbolo de la unidad en medio de la diversidad. “Nos unimos a través de un símbolo maravilloso que es la luz. Con independencia de la tradición espiritual, religiosa, del camino que se elija, ese elemento juega un papel importante porque representa fuego, energía, potencialidad, la posibilidad de movernos hacia causas más justas”, afirma el maestro. Al subir al escenario, pidió a todos los asistentes poner su mano en el corazón, sentir el latido y recordar la humanidad que todos comparten.La mirada yorubaLas religiones yorubas tienen raíces en África occidental y viajaron a América con las personas esclavizadas durante la colonia. En el Caribe, especialmente en Cuba, se encontraron con el catolicismo y dieron lugar a expresiones religiosas afroatlánticas. En Colombia no hay cifras precisas sobre sus practicantes, pero su influencia cultural desborda el tamaño de la comunidad: está presente en la memoria afrocaribeña, en la religiosidad popular y en el universo simbólico de la salsa.Arturo Grueso, babalawo —sacerdote yoruba—, resumió su presencia en la vigilia en una idea: la sabiduría se construye entre muchos. “Uno de los principios fundamentales de nuestra fe es que la unión hace la fuerza”, explica. “Nuestros antepasados dijeron que todos los seres humanos tienen algo de sabiduría. Por eso, para construir la sabiduría en su totalidad, necesitamos la participación de todos”. Grueso dice que se acercaron a la campaña de Cepeda porque encontraron allí una consigna común: “Primero los pobres”. Pero concluye con una salvedad: “No para polarizar, sino porque son los pobres los que te pueden liberar de la ambición, de la codicia, del odio; son los que te pueden centrar en el amor”.