Pilar Rueda es hija de una obrera y sindicalista que contaba hasta el último peso para llegar a fin de mes. Rueda es además la esposa de Iván Cepeda, el candidato de izquierdas que se juega la presidencia de Colombia el próximo 21 de junio. Y es, sobre todo, una defensora de los derechos de las mujeres, de las víctimas del conflicto armado que asola el país desde hace más de 60 años. Rueda participó en el proceso de paz con las FARC, pasó años en la Defensoría del Pueblo y luego en la llamada “fiscalía” de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), un organismo que el candidato presidencial Abelardo de la Espriella quiere eliminar. En esa Unidad de Investigación y Acusación ha pasado los últimos ocho años escuchando a mujeres que llegaban con lo peor que uno puede imaginar, que tartamudeaban, que perdieron la capacidad de aprendizaje por causa del trauma de la violencia sexual. Rueda amaba su trabajo y lo dejó con lágrimas en los ojos. Tras vivir la primera vuelta en la retaguardia, el domingo electoral decidió sumarse a la campaña de su pareja. No tiene del todo claro qué papel va a jugar en esta recta final. De momento, moviliza a cientos de mujeres en distintos rincones del país. Sabe que la van a atacar, pero no quiere y no sabe quedarse quieta.Pregunta. Cuentan que es una mujer de mucho carácter, de mucha templanza también, pero con quien no es fácil ganar una discusión. ¿Quién es Pilar Rueda?Respuesta. Soy fuerte, tengo mucha templanza y sí podemos tener discusiones, si son discusiones en las que se me toma en serio. Muchos dicen que soy feminista, pero yo realmente no me reconozco como feminista, sino como defensora de los derechos de las mujeres.P. ¿Qué cambió después del domingo electoral para que decidiera involucrarse en la campaña?R. Vi un debate en el que los derechos de las mujeres, los derechos de poblaciones étnicas, de la población LGBTI, empiezan a ser no solamente desconocidos, sino atacados. Algo que me ha dado muy duro es que, desde el acuerdo de paz, hubo un ataque muy fuerte al enfoque de género y creo que no respondimos adecuadamente. Hay que empezar a dar más información, más contenido y dar un debate que tenga más realidades que mentiras. Y enfrentar el miedo. Porque uno empieza a ver este discurso de que hemos perdido la familia tradicional, y la verdad es que esa familia tradicional no existe. Mamá, papá, hijos felices... Eso no es cierto. Hay parejas que han decidido no tener hijos, hay muchas mujeres madres solteras, hay mujeres viviendo solas, hombres viviendo solos. Ese rango se ha ido ampliando. Se quiere reinstalar esa idea y eso va contra las libertades y contra las opciones reales que tienen las personas. El país tiene que empezar a reconocer las familias que de verdad existen.P. ¿Cómo vivió la jornada del domingo? ¿Le sorprendieron los resultados?R. Me impresionó mucho. Y hablo de reconocer que hay un relato que se está instalando y que quienes hemos trabajado en derechos humanos sabemos lo que eso implica. Y esto tiene que ver con una reflexión sobre el fascismo y cómo este tipo de propuestas ideológicas se apropian del concepto de libertad. La libertad es un valor fundamental, todo el mundo lo entiende y lo defiende. Y de pronto empieza a ser como el valor propio de un grupo que termina asumiéndolo cuando todo lo que plantea es contrario a la libertad. En esta elección está en juego la libertad de ser. P. ¿Por qué ha habido tanta acogida a esta ola reaccionaria en Colombia?R. La persistencia de la violencia genera mucha desesperanza y la idea de que deben darse respuestas rápidas. Además, tenemos una mentalidad muy tradicional frente al castigo. A la JEP se le critica mucho que no haya cárcel, y eso en general suena razonable. Pero pregúntenle a la gente que tiene familiares en la cárcel si eso sirve para algo. Todo el mundo pide cárcel, hasta pena de muerte, y la verdad es que nada de eso ha funcionado. La paz es un proceso de construcción. No hay conflicto que se resuelva a la fuerza. Lo paradójico es que estamos caminando hacia el momento del 2001, donde nuevamente decían que todo era caos y la respuesta fue mano dura. Ya sabemos qué pasó. Así no se resuelve.P. A Iván Cepeda se le asocia con las guerrillas. Usted misma fue cercana al M-19. ¿Cómo se le explica a un país tan castigado por la violencia estas simpatías?R. Primero hay que ser precisa: yo fui cercana al proceso de paz que el M-19 desarrolló. En ese momento estaba en la universidad y estaba muy feliz de que se diera. Acercarse a ese proceso implicaba acercarse a quienes estaban firmando ese acuerdo, y ahí conocí a muchas de esas personas. Eso no es lo mismo que lo que se insinúa. Pero más allá de mi caso, esto no es un fenómeno de ahora. En Colombia, el desarrollo político fue muy excluyente. Cualquiera que fuera de izquierda era comunista, cualquiera que fuera comunista era guerrillero. La Unión Patriótica ganó casos demostrando que sí fue un genocidio, que no eran todos guerrilleros, pero no se refleja en un debate mayor. La estigmatización contra la izquierda sigue siendo una herramienta política y tiene consecuencias reales y, en muchos casos, ha sido el asesinato de personas. Y en términos más amplios, es la herramienta con la que se busca desvirtuar cualquier debate, cualquier propuesta. P. Estamos viendo una campaña con discursos muy distintos: Iván Cepeda con un mensaje sofisticado, Abelardo de la Espriella con lemas cortos y muy impactantes. Y ya sabemos quién va ganando…R. Sí, pero a esto fuimos llegando. La forma en que la comunicación se ha ido desarrollando —mensajes muy rápidos, redes sociales— hace que sea muy superficial. Y cuando eso se instala para todos los temas, termina siendo muy grave. Ahora, resulta mucho más emotivo y exige pensar menos ese tipo de mensajes. Y la pregunta es si lo importante es pensar menos. P. Parte del votante que apoya a De la Espriella valora mucho la imagen de familia tradicional, que es precisamente la que Iván y usted no proyectan —sin hijos, de izquierda, sin exposición en redes. ¿Por qué esa imagen sigue siendo tan poderosa en Colombia?R. Creo que es en el mundo, no solo en Colombia. Hay una crítica muy fuerte a la autonomía que hemos ganado las mujeres y a la que han ganado las personas para definir su orientación sexual. Y la reacción ha sido anteponer este modelo de familia tradicional que, insisto, no existe, como el único válido. Si las mujeres pudiéramos seguir estando en la casa haciendo tortas y al mismo tiempo trabajar, como que no habría tanto lío. Pero el cambio de roles ha generado una reacción muy fuerte. Porque si me preguntas cómo somos nosotros, pues somos como una familia tradicional. No hemos hecho ninguna gran declaración de ser una familia diferente. Tenemos un espacio privado que disfrutamos muchísimo, pero cada uno tiene una autonomía fuerte en sus espacios laborales. Iván no se mete en el mío, ni yo en el suyo.P. ¿Qué derechos estarían en riesgo con una victoria de Abelardo?R. Sobre todo los derechos de las mujeres y de poblaciones diversas. En la práctica, eso se puede reflejar en menos inversión social para cierto tipo de poblaciones, porque si no se parecen al modelo que se quiere promocionar, ¿para qué invertir en ellas? Un gobierno democrático tiene que garantizar derechos para que la gente pueda ejercer su vida, no imponer un modelo único. P. El presidente Petro llegó al poder enarbolando las banderas del feminismo. En su entorno ha habido casos de maltrato intrafamiliar, sospechas de acoso, abusos. Y el propio presidente ha hecho comentarios que generaron polémica. ¿Qué opina de estos episodios?R. Efectivamente hay prácticas en las instituciones que no cambiaron. Y hay una contradicción que no se puede ignorar: puedes tener un gobierno que avanza en derechos de las mujeres como política pública y al mismo tiempo reproducir en sus propias filas las relaciones de poder que dice querer cambiar. Ha habido avances muy importantes en las políticas públicas; eso cambia vidas, pero superar el machismo en cuatro años es imposible. P. De usted se habla como el gran sustento de Iván en momentos muy duros, incluidos dos procesos de cáncer. ¿Cómo ha sido para usted?R. Fue muy duro al principio. Pero ayuda mucho que Iván es muy fuerte. Él asumió esos procesos como parte de su vida y eso hace que sea mucho más fácil. No hubo un gran drama en torno a eso.P. Iván ha dicho hasta el cansancio que no quería ser presidente. ¿Usted quería que lo fuera?R. Esas son decisiones que consultamos, pero no, no fue un gran sueño de Iván, no es de esos candidatos que dicen que desde los cuatro años sueñan con ser presidente. A mí me parece una buena oportunidad y creo que para el país sería maravilloso. La ventaja que tenemos es que los dos somos como militantes de causa. Cuando él decidió asumir este reto, dijimos: hagámoslo, sabiendo que son momentos temporales donde uno puede dar lo mejor de sí mismo, y luego pasa. Volvemos a ser personas normales. Pero en lo personal, por supuesto que uno dice: estos cambios en la vida son muy complicados.P. Si Iván Cepeda gana el 21 de junio, ¿qué hará como primera dama?R. Lo mismo que he hecho siempre. A mí me interesa mucho seguir trabajando por la paz y por las víctimas.