El Goya que ganó en 2003 por Rencor vigila desde una estantería de la casa de Lolita Flores. De alguna forma hay un hilo que une aquel personaje con el que la trae de nuevo al cine 23 años después. Entre medias unos cuantos papeles, pero ninguno que nos hubiera devuelto a esa actriz pasional, de puro instinto y fuerza torrencial. Hasta ahora. El encargado ha sido David Ilundain, que vio en ella todo lo que necesitaba para dar vida a Chusa, la matriarca de Son Canal, un poblado que es el epicentro del narcotráfico de la isla donde ella maneja el negocio en Mallorca Confidencial.
Pero su Chusa es mucho más. Es una mujer que se deja la piel por los suyos, que intenta, a su manera, dar una vida mejor a su familia y amigos, y que hasta se enfrenta a la especulación inmobiliaria que quiere echar al poblado gitano de unos terrenos que empiezan a valer mucho dinero en una época donde el ladrillo empezaba a ser un bien demasiado preciado.
Lolita habla sin tapujos. Deja claro que no ha hecho más cine porque no le han ofrecido nada que le gustara, y toca madera porque este papel le traiga las mismas alegrías que el de la película que hizo junto a Miguel Albadalejo. Abre las puertas de su casa a elDiario.es para hablar del filme, que ya se puede ver en salas de cine, pero también de su carrera, de prejuicios, vivienda o su familia.







