Había que establecer el orden "a cualquier precio". El precio, dantesco, fue el asesinato de entre 500 y 700 personas, entre ellas, algunos niños. El 16 de junio de 1976, hace 50 años, el primer ministro de Sudáfrica, B. J. Vorster (el presidente era Nicolaas Johannes Diederichs), ordenó cargar contra los estudiantes que protestaban contra el decreto que les obligaba a usar el afrikáans, el idioma opresor. Fue un día de represión brutal que hoy se conoce tristemente como la masacre de Soweto. Las autoridades declararon entonces en el país el Estado de Emergencia, que estuvo vigente 13 años y desató una pavorosa ola de torturas, violencia y muerte. El cine reaccionó con contundencia ante los crímenes del apartheid.PublicidadEl activista Stephen Biko, uno de los líderes del Movimiento Conciencia Negra, apoyó a los estudiantes en la protesta del 16 de junio. La Policía lo señaló como uno de los cabecillas y después de más de un año escondido, fue detenido, torturado y asesinado el 11 de septiembre de 1977. Richard Attenborough quiso contar esta historia y lo hizo en Grita libertad (1987), una película con guion de John Briley, sobre el libro que había escrito el periodista Donald Woods, que era el personaje principal de esta ficción. Kevin Kline dando vida a Woods y Denzel Washington en el papel de Stephen Biko encabezaban el reparto de la película, que, aunque no se detenía lo suficiente en la vida del activista antiapartheid, conmovía profundamente.La masacre de Soweto era el detonante del drama Una árida estación blanca, una película de 1989 de Euzhan Palcy, una directora negra, en la que un profesor blanco buscaba justicia para el hijo de su jardinero, cuando el chico desaparecía después de las protestas estudiantiles. Donald Sutherland, Bekhithemba Mpofu y Zakes Mokae eran los actores que interpretaban a estos personajes. Con ellos, en un reparto espléndido, con Susan Sarandon y Marlon Brando. "La justicia y la ley, Sr. Du Toit, a menudo son simplemente... bueno, supongo que pueden describirse como primos lejanos. Y aquí en Sudáfrica, bueno, simplemente no se hablan en absoluto", decía el abogado Ian McKenzie (Brando) al profesor.PublicidadMandela y el juicio de RivoniaBille August llevó a la gran pantalla la historia de James Gregory, el hombre que fue durante 25 años carcelero de Nelson Mandela y terminó siendo su confidente. Estrenada en Berlín, Adiós Bafana (2007), que estaba protagonizada por Joseph Fiennes y Dennis Haysbert, era un trabajo mediocre, aunque con buenas intenciones, que mostraba la lucha contra el racismo desde el punto de vista del hombre blanco.Mandela (Morgan Freeman) fue finalmente liberado, se convirtió en el presidente y decretó el final del apartheid. La celebración en 1995 de la Copa Mundial de Rugby fue muy valiosa en su objetivo de conseguir la reconciliación entre la mayoría negra y la minoría blanca del país. Clint Eastwood, basándose en un libro de John Carlin, narró esta historia en Invictus (2009). En ella recuperaba la figura de Francois Pienaar (Matt Damon), jugador de rugby de los Springboks y que fue capitán del equipo de Sudáfrica aquel año 1995. Campeón del Mundo en el partido más importante de todos los que se han jugado en este deporte, el que consiguió cimentar la unidad nacional en el Sudáfrica. PublicidadLos audios del histórico juicio de Rivonia -256 horas de grabaciones- en el que se condenó a Nelson Mandela a cadena perpetua se hicieron públicos en 2018. Ese mismo año, Nicolas Champeaux y Gilles Porte firmaron una de las películas documentales más interesantes sobre el apartheid, El Estado contra Mandela y los otros, en la que se subrayaba el valor del compromiso colectivo y el coraje de ocho luchadores por la libertad, entre los que se encontraba Mandela. Aquellos ocho hombres, a punto de ser condenados a pena de muerte, convirtieron el juicio en una tribuna política contra el apartheid.Henry Nxumalo y Ernest ColeEl cineasta sudafricano Neill Blomkamp se llevó al terreno de la ciencia-ficción el terror del apartheid en District 9 (2009), una ópera prima inteligente y brillante, una metáfora política evidente, en la que una nave espacial llegaba en 1982 a Johannesburgo, donde las autoridades encerraban a los alienígenas en campos de concentración para refugiados. Aquello se convertía en un barrio muy pobre, un gueto militarizado, donde sus habitantes eran explotados y maltratados. El director Zola Maseko contó en el cine, en Drum (2004), la vida del periodista Henry Nxumalo, nombre muy destacado en la lucha contra el apartheid en los años 50. Murió asesinado en 1957, pero su vida ha quedado protegida por esta película, que se alzó con el Gran Premio del Festival Panafricano de Cine. Tim Robbins y Derek Luke eran los protagonistas de Atrapa el fuego (Catch a Fire) (Phillip Noyce, 2006), una película basada en la historia real de Patrick Chamusso, miembro del Congreso Nacional Africano, acusado falsamente, detenido y torturado. Y Michael Audley viajó a los orígenes de todo esto, a los enfrentamientos entre colonos británicos y campesinos africanos que derivaron finalmente en el apartheid, en La marca del halcón (1957).PublicidadDiez años antes de la masacre de Soweto, fecha que hoy se conmemora como el Día Internacional de la Solidaridad con el Pueblo en Lucha de Sudáfrica, el fotógrafo Ernest Cole publicó en su exilio en EEUU su libro House of Bondage, que reveló al mundo con toda su crudeza los horrores del apartheid. Silenciado durante décadas, el cineasta Raoul Peck recuperó hace dos años su figura y su obra en la película Ernest Cole: Lost & Found. "Estoy seguro de que África puede ser libre". Eran palabras de Cole recogidas por Peck para recordar al mundo lo que no se debe olvidar.