En 1984, un objeto metálico grande y duro cayó en la localidad de Ayacucho, provincia de Buenos Aires. En 1991, pasó lo mismo en Capitán Bermúdez, Santa Fe. En 2004 fue San Roque, Corrientes. Y en 2025, casi simultáneamente, otros dos objetos no identificados aterrizaron en Armstrong (Santa Fe) y Puerto Tirol (Chaco). No eran meteoritos ni naves extraterrestres. Eran tanques de cohetes, fragmentos de satélites y otros restos metálicos de la actividad humana en el espacio. O sea, pedazos de basura que sobrevivieron al reingreso atmosférico y llegaron intactos, o casi, al suelo. El fenómeno tiene nombre técnico -reingreso atmosférico no controlado- y una escala creciente, a caballo de la brusca aceleración de la actividad espacial en los últimos años. Esto también lo convirtió en una preocupación concreta para gobiernos, científicos y organismos de protección civil. Por todo eso, un grupo interdisciplinario de expertos de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) presentó el Proyecto de Monitoreo de Impactos y Reingresos Atmosféricos -MIRA-, un sistema que es pionero en América Latina. ¿Su misión? Detectar, rastrear y analizar objetos espaciales que reingresan a la atmósfera terrestre, para producir información útil, que sirva a la toma de decisiones y el diseño de políticas públicas sobre estos temas.