El periplo de León XIV por España se ha cerrado con un inconveniente técnico en el avión de Iberia en el que estaba previsto que viajara desde Tenerife, su última etapa del viaje, hacia Roma. El Papa ha embarcado finalmente en un avión Falcon del Grupo 45 del Ejército del Aire que se encontraba ya en Canarias, para viajar en dirección a Italia. La aeronave ha sido cedida por el Rey, y ha emprendido vuelo a las 18.09 (hora local canaria), donde está previsto que aterrice en torno a las 23.00 (hora de Roma). El Ejército del Aire enviará otro avión a Canarias para recoger a Felipe VI. El Papa viaja en el Falcon con unas 15 personas, que son sus colaboradores cercanos y altos cargos de la Santa Sede que lo han acompañado en su recorrido por Madrid, Barcelona, Gran Canaria y Tenerife, han informado fuentes vaticanas.✈️ Los pilotos del Ala 45, preparados ante cualquier eventualidad, se encargan de llevar al Papa León XIV hasta Roma, tras sufrir su avión una incidencia. Buen viaje de vuelta, Santidad y a nuestro @EjercitoAire, gracias por vuestra profesionalidad y capacidad de respuesta. pic.twitter.com/RzvVPIOn5c— Ministerio Defensa (@Defensagob) June 12, 2026
Fuentes de la tripulación de Iberia han transmitido tranquilidad y han señalado que el Aeropuerto Tenerife Norte, punto de partida del Papa, está situado en una ubicación compleja, muy expuesta al viento, que este viernes sopla con mucha fuerza. Aclaran que esto genera situaciones como las de hoy, incluya cuando la aeronave se encuentra ya en pista. Destacan que el avión acababa de pasar una revisión de mantenimiento y que no presentaba ningún problema particular. La menor capacidad del Falcon fuerza a que el personal de la Santa Sede que acompaña al Papa y los periodistas que viajaron en el vuelo papal regresen a Roma en las próximas horas y en otro avión proporcionado por Iberia. El vuelo iba a trasladar a un grupo de 80 profesionales de los medios de comunicación, que ocupaban la mayor parte de la aeronave. En la parte delantera, hasta la fila 12, corresponde al séquito papal y el equipo de seguridad. Antes de la cancelación del vuelo, el viento ya ha causado problemas en la alfombra roja desplegada delante de la escalinata del avión, que se ha levantado varias veces y ha obligado a asegurarla a tierra. Más de un solideo, el pequeño casquete que portan el Papa, los cardenales y los obispos en la cabeza, ha salido volando por las ráfagas que soplaban a pie de pista. No es el primer incidente aeronáutico que afecta a un viaje papal. En 1990, Juan Pablo II tuvo que hacer una escala de emergencia en Malta debido a problemas técnicos en su vuelo. También se realizó una escala técnica inesperada, pero diplomáticamente significativa, en Sudáfrica: un aterrizaje también de emergencia cuando el apartheid aún estaba vigente en el país africano, que Juan Pablo II no había querido visitar. Y, aunque no fue por razones técnicas sino de la meteorología —la nieve—, en 1986 Karol Wojtyła no pudo llegar a Roma de regreso de India no pudo llegar a Roma y aterrizó en Nápoles. Luego llegó a la capital italiana en tren. El 12 de mayo de 1991, en Lisboa, el DC-10 “I-DYNC” de Alitalia que transportaba a Juan Pablo II, aterrizó en Portela para su visita a Portugal. Durante la aproximación, uno de los tres motores se incendió. Los pilotos apagaron el motor, activaron los extintores de a bordo y completaron el aterrizaje con dos motores sin incidentes. Los bomberos ya estaban en tierra. Nadie resultó herido; el Papa ni siquiera se percató de inmediato de lo ocurrido, pero Wojtyła comentó más tarde a los periodistas, con su habitual ironía: “Nuestra Señora de Fátima nos protegió”.










