La obra de David Hockney, fallecido este jueves en Londres a los 88 años, puede leerse como una sucesión de ciclos temáticos extendidos a lo largo de seis décadas. Sus cuadros van de las piscinas californianas a los interiores domésticos, de los retratos de sus amigos y familiares a los paisajes de Yorkshire y Normandía, y del uso experimental de las cámaras Polaroid al de los iPads en el último tramo de su trayectoria. En todas sus etapas, Hockney se ha preguntado cómo seguir usando la pintura para representar el mundo visible tras el advenimiento de la fotografía y el ocaso de las vanguardias, y cómo lograr que la vieja figuración siguiera siendo un territorio de experimentación después de la eclosión de los lenguajes abstractos. Hockney habrá sido un pintor de la vida moderna, casi un Manet de su tiempo, siempre atento a la perspectiva, la luz, el paso del tiempo y el reverso melancólico del deseo.1. Piscinas de CaliforniaAl sobrevolar Los Ángeles por primera vez, Hockney miró hacia abajo desde la ventana del avión y vio “piscinas azules por todas partes”. Fue una revelación comparable a la que debieron de sentir los impresionistas al llegar al Mediterráneo. El pintor no tardó en convertirlas en uno de sus motivos centrales, con los que siempre se identificará su obra. Ese es el Hockney más reconocible: el de la arquitectura modernista de California, bajo el cielo azul y la luz blanca del Pacífico, y el de los cuerpos masculinos desnudos en el agua clorada, en un clima de homoerotismo velado. Después de instalarse en Los Ángeles en 1964, el pintor encontró en la ciudad una imagen nueva de la modernidad, en contraste con la grisura y la represión de la Inglaterra de posguerra. En gran parte, sus cuadros de este periodo definirán la estética de Los Ángeles en la segunda mitad del siglo XX, dejando atrás la ciudad grandilocuente del art déco y el viejo Hollywood, y exportando esta nueva imagen a todo el mundo.En la obra de Hockney, la piscina es un símbolo de placer hedonista, pero también de indudable melancolía. En cuadros tan famosos como A Bigger Splash (1967) o Portrait of an Artist (Pool with Two Figures) (1972), la aparente simplicidad pop convive con rasgos menos luminosos. En el primer cuadro nunca vemos al bañista, solo la gran salpicadura que ha dejado su salto en el agua. En el segundo, la piscina se convierte en un escenario sentimental: un hombre vestido observa desde el borde a un nadador sumergido, en una imagen que suele leerse como eco de la ruptura del pintor con Peter Schlesinger, su alumno, modelo y amante.Una obra: A Bigger Splash (1967), la piscina sin bañistas, mito del siglo XX que fijó la cultura visual de la California moderna.2. Retratos y otros interioresNo solo hubo piscinas en la pintura de Hockney. Sus cuadros también se detuvieron en numerosos interiores: habitaciones, estudios, ventanas, sofás, alfombras, plantas y objetos decorativos que parecen extensiones de quienes los habitan. En sus pinturas, las paredes y los muebles aportan información casi sociológica sobre los personajes (su clase, su gusto estético, su forma de ocupar el mundo) y convierten lo doméstico en un territorio de gran profundidad psicológica. En My Parents (1977), sus padres aparecen en un interior sobrio, sentados uno junto al otro, pero encerrados cada uno en su propio mundo. Entre ambos, un pequeño espejo introduce la presencia indirecta del pintor, un guiño velazqueño en un lienzo que alude a las dificultades de comunicación dentro del núcleo familiar.Esa dimensión también es visible en sus conocidos retratos dobles. En Christopher Isherwood and Don Bachardy (1968), Henry Geldzahler and Christopher Scott (1969) o Mr and Mrs Clark and Percy (1971), la posición de los cuerpos revela relaciones de deseo, poder o distancia, y la disposición del espacio dice tanto como los rostros. En este último cuadro, el diseñador Ossie Clark y la artista textil Celia Birtwell aparecen en su dormitorio londinense junto a su gato, en una imagen íntima y serena que, pese a todo, deja entrever cierta distancia emocional. Las parejas gais aparecen retratadas en su vida doméstica y cotidiana, sin ningún énfasis militante, pero con una naturalidad poco frecuente en su época. En sus pinturas, Hockney devolvió al retrato una capacidad narrativa que había quedado desplazada por el triunfo de la abstracción.Una obra: Mr and Mrs Clark and Percy (1971), retrato de una pareja con gato.3. Regreso al paisajeEn su obra tardía, Hockney se concentra en el paisaje. Primero fue en su Yorkshire natal, al que regresó en 2005 para pintar caminos, árboles, campos, lluvia y una luz cambiante que lo devolvía, también en sentido psicoanalítico, a los paisajes de su infancia. Tras décadas en Los Ángeles, el regreso supuso también su reencuentro con el ciclo de las estaciones, fundamental en su obra tardía. Más tarde, instalado en su casa de Normandía desde 2019, encontró su último gran territorio pictórico en la región del norte francés, pequeña patria de Flaubert y Annie Ernaux. Ese Hockney tardío es pastoral, pero también experimental. En obras como Bigger Trees near Warter (2007), The Arrival of Spring in Woldgate, East Yorkshire in 2011 o A Year in Normandie (2020-2021), un largo friso panorámico y una de sus exploraciones digitales más ambiciosas, el paisaje ya no se contempla desde un único punto de vista: el espectador recorre la obra en lugar de contemplarla de un solo golpe. Sus jardines y vistas de la campiña prolongaron su batalla contra la perspectiva fija, alimentada por la dimensión teórica del cubismo y por su fascinación por los rollos narrativos chinos.Una obra: Bigger Trees near Warter (2007), un tríptico monumental que convierte el paisaje de Yorkshire en una experiencia envolvente.4. Bodegones digitalesOtro género clásico al que Hockney regresa en su etapa final es el bodegón, con innumerables obras de jarrones, flores, frutas, plantas y otros objetos dispuestos sobre una mesa. La naturaleza muerta nunca fue para el pintor un género menor: como a sus maestros, le servía para estudiar el color, la composición, la luz, el espacio y la perspectiva con la misma seriedad que sus paisajes monumentales. También prolongaba el interés por la observación cotidiana que marcó las últimas décadas de su trabajo: la mirada detenida en lo más cercano, como si buscara una modesta epifanía en cada rincón.Muchas de esas imágenes fueron realizadas en iPhone o iPad, herramientas que empezó a usar con entusiasmo hacia 2008. En su día sorprendió el espíritu algo kitsch de sus flores digitales. Hoy, en cambio, parecen imágenes casi antiguas, de una conmovedora ingenuidad, que la tecnología nunca logra volver frías. Hockney usa la pantalla como un cuaderno de dibujo, capaz de registrar el paso de la luz, el gesto de la mano y las variaciones del paso del tiempo. La exposición Fleurs fraîches. Dessins sur iPhone et iPad (Flores frescas. Dibujos en iPhone y iPad), presentada en 2010 en la Fundación Saint Laurent de París, mostró hasta qué punto las tablets contemporáneas se integraban en una tradición anterior, casi primigenia.Una obra: la serie Fresh Flowers / Fleurs fraîches, dibujos de flores realizados en iPhone e iPad.5. Del pincel a la pantalla El iPad no fue el único ejemplo de su interés por la tecnología. Hockney se sintió atraído por cualquier herramienta capaz de producir imágenes: la cámara Polaroid o la Pentax, la fotocopiadora, el fax, el ordenador, el iPhone o el iPad. Al fin y al cabo, como le gustaba recordar, también el pincel fue, en su día, tecnología punta. La cuestión era siempre la misma: cómo vemos el mundo que nos rodea y cómo puede una imagen escapar a la tiranía del punto de vista único. Los llamados joiners de los años ochenta rompieron esa mirada frontal al unir muchas fotografías de una misma escena, tomadas desde ángulos ligeramente distintos. La fotografía, que parecía el instrumento perfecto de la perspectiva fija, le sirvió para ponerla en duda. El resultado tenía algo de cubista: una escena fragmentada, recompuesta y vista desde varios lugares a la vez. Más tarde, también llevaría esa lógica a los paisajes panorámicos de los grandes frisos de su periodo tardío. Su curiosidad por la máquina venía de lejos. En los años ochenta utilizó programas de gráficos por ordenador, produjo sus Home Made Prints, impresiones caseras realizadas con fotocopiadoras, y llegó a enviar una obra por fax a la Bienal de São Paulo. Con el iPhone y el iPad encontró una forma de dibujar al aire libre, como los impresionistas en su día.Una obra: Pearblossom Hwy., 11–18th April 1986, lienzo compuesto por múltiples fotografías de una carretera del desierto californiano.