Los impuestos provinciales representan una parte importante de los gastos que afrontan las familias argentinas a lo largo del año. Aunque suelen recibir menos atención que los tributos nacionales, gravámenes como el impuesto inmobiliario, las patentes automotoras y el impuesto sobre los Ingresos Brutos —que muchas veces se traslada a los precios de bienes y servicios— tienen un impacto directo sobre el presupuesto de los hogares. De acuerdo con estimaciones de especialistas en economía y tributación, el peso de los impuestos provinciales varía según el lugar de residencia, el valor de los bienes que posee cada familia y sus hábitos de consumo. En términos generales, una familia de clase media puede destinar decenas o incluso cientos de miles de pesos al año al pago de tributos provinciales, tanto de manera directa como indirecta. Entre los impuestos más visibles se encuentra el inmobiliario, que grava la propiedad de viviendas, terrenos y otros inmuebles. Su monto depende de la valuación fiscal de la propiedad y de las alícuotas fijadas por cada provincia. En algunos distritos, además, los municipios cobran tasas complementarias por servicios urbanos.

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