La villa turística de montaña patagónica El Bolsón, ubicada en en el corazón de la Comarca Andina y la cordillera rionegrina, despliega en invierno su versión más completa: un centro de esquí que crece temporada a temporada, un bosque de troncos tallados cubierto de nieve, gastronomía, producción regional y una escala de atención humana que los grandes destinos perdieron. Para quienes buscan montaña sin multitudes y calidad sin protocolo, es el sitio ideal.

Cambio

Cuando se acerca el invierno, la ciudad se reconfigura. El otoño de colores intensos y las primeras nevadas en las montañas dejan paso a las cumbres pintadas de blanco y a los visitantes que llegan en busca de nieve, silencio, paz y una gastronomía regional de la más alta calidad. En cuanto a alojamientos, hay una amplia diversidad en la que prima la cálida atención de sus dueños para que el visitante se sienta en casa.

En invierno aquí no hay muchedumbres en los medios de elevación. El cerro Perito Moreno se activa, el Piltriquitrón invita a conocer el Bosque Tallado con nieve, los restaurantes calibran sus menús para el frío, los hospedajes encienden las chimeneas y el valle, rodeado de picos nevados, adquiere una fisonomía distinta. La ubicación geográfica explica parte de la propuesta: está sobre la Ruta 40, en el corredor conocido como la Comarca Andina del Paralelo 42, que incluye localidades como Lago Puelo, El Hoyo, El Maitén, Epuyén y Cholila. Tres parques nacionales están en el radio inmediato: Nahuel Huapi al norte, Lago Puelo al sur y Los Alerces al suroeste. El valle tiene ríos, bosques nativos, arroyos con agua turquesa y una producción agropecuaria de frutas finas, lúpulo, trucha, lácteos y trufas, entre otros, que convierte el turismo gastronómico en algo genuino.